La renovación colchonera

El equipo madrileño invirtió 64,5 millones de euros para ser protagonista esta temporada. Sus resultados comienzan a verse.

Tras la sorpresa vino la rabia. La bilis se fue colando por entre los fanáticos del Atlético de Madrid el pasado 23 de mayo, cuando los medios reprodujeron la noticia en cuestión de segundos por la web: Sergio “Kun” Agüero quería irse. El delantero argentino, el mejor jugador del club en ese momento, rechazó los planes de los directivos que querían erigirlo en el líder indiscutible del equipo, consolidar un nuevo proyecto deportivo en torno a su figura y convertirlo en un símbolo eterno de los llamados “colchoneros”. Pero Agüero desestimó esos sueños, y por medio de una carta abierta en su página web, le informaba al mundo que aquél romance lleno de goles se había terminado.

Por supuesto, los hinchas se hartaron. “Atléticos por el cambio”, grupo que busca un cambio en la dirigencia, reclamó su salida como el momento perfecto para hacerse cargo del club. Otro grupo de fanáticos anunció una acampada a las afueras del estadio de la entidad, el Vicente Calderón, para protestar y presionar un cambio en la Junta Directiva. Y la prensa española, experta en rumores, realizaba informes especiales sobre la inminente llegada del “Kun” al Real Madrid, el odiado rival.

Sin duda alguna, el futuro del “Atleti” lucía muy negro. El anuncio de Agüero, quien durante su preparación para la Copa América lanzaba a diestra y siniestra declaraciones de su desamor por el club rojiblanco, era apenas la última gota en una amplia copa de desfortunios.

Aquellos habían comenzado un año atrás, justo después de que el equipo se proclamara campeón de la Europa League y la Supercopa de Europa. Un muy mal comienzo en la liga se tradujo en la competición continental, y en apenas seis meses el club intuía que los títulos se escaparían. Tampoco ayudó la salida del volante portugués Simão, quien partió hacia Turquía esperando una mejora en su contrato que nunca llegó; por si fuera poco, los refuerzos para compensar su ausencia, Juanfran y el brasileño Elías, sólo despertaron dudas. Además, desde Inglaterra se intuía que el Manchester United buscaba arquero y se había fijado en David De Gea, de 19 años y un futuro prometedor. Y para rematar, la disputa entre el entrenador Quique Sánchez Flores y Diego Forlán, el jugador estrella del Mundial de Sudáfrica 2010, trascendió a los medios develando que algo al interior del grupo estaba quebrado.

Así que en junio, de cara a la temporada 2011-12, el Atlético era un equipo sin técnico, sin clasificación asegurada para una competición continental, sin patrocinio (la surcoreana Kia decidió recortar costos para soportar la crisis económica del Viejo Continente), sin su principal estrella y sin moral.

Fue entonces cuando el equipo decidió apostarle a la historia. Trajo de vuelta a varios exjugadores para que se hicieran cargo de las divisiones inferiores, las escuelas de formación deportiva y las relaciones con los medios, siendo el más relevante de ellos José Luis Pérez Caminero, una de las leyendas del último campeonato colchonero en la liga española, en 1996, quien desde la Dirección Deportiva se encargó de diseñar la nueva plantilla.

Y su primera tarea fue concretar la salida de Agüero, quien desde Argentina seguía diciéndole a la prensa que nunca más vestiría la camiseta rojiblanca y que, incluso, estaría dispuesto a irse al Real Madrid. Pero los rivales odiados nunca hicieron una oferta, y el argentino, tras la eliminación de Argentina de la Copa América, decidió irse al Manchester City por 45 millones de euros.

Al mismo tiempo, el equipo estrenaba entrenador: Gregorio Manzano, quien en su último paso por el club (2003) no había conseguido sacarlo de la mitad de la tabla. Pero el estratega buscaba un cambio radical, y el primero pasaba por el sistema de juego: un 4-3-3 cuyo sello fuera el pase a ras de piso, eliminando así los fatales pelotazos que siempre terminaban en contragolpes, goles en contra y partidos perdidos; además, Manzano quería erradicar una de las más grandes falencias del Atleti en los últimos años: la falta de un jugador cerebral, que marcara las pausas de juego, indicara los cambios de ritmo y creara jugadas de peligro. Un diez clásico.

Fue así como el Atlético se volcó hacia el mercado de jugadores. Las salidas de De Gea y Agüero aportaron al presupuesto de fichajes, pero los grandes nombres temían jugar en un equipo marcado por la irregularidad. Sin embargo, mientras Manzano preparaba al equipo para la fase clasificatoria de la Europa League, Caminero trabajaba en silencio. Así sumó a sus primeros grandes nombres: el joven guardameta belga Thibaut Curtois, prestado por el Chelsea inglés, y el español Adrián, goleador del Campeonato Europeo Sub-21.

Los primeros partidos despertaron dudas. Frente al Str?msgodset noruego y el portugués Vitória Guimarães, el Atlético no se mostró tan contundente como exigía su hinchada, pero aún así logró la clasificación. Entonces, llegaron esos grandes nombres para despertar la ilusión: el turco Arda Turam, el brasileño Diego y el colombiano Rafael Falcao García, quien despertó sentimientos similares entre los seguidores del Porto.“Buen viaje, ¡pesetero!”, le escribieron en su mensaje de despedida del equipo portugués, donde quedó muy claro su desamor: “Prefieres el dinero. Dejas de lado al tercer mejor equipo del mundo para irte al número 28”.

Llegadas que precedieron la salida de Forlán, hacia el Inter de Milán. Y así, el Atlético se convertía en un equipo sin sus grandes referentes de los últimos cinco años: sin De Gea, Agüero y Forlán pero con la misión de mostrar una nueva cara. Así lo exigían los hinchas, quienes tras ser testigos de una inversión de 64,5 millones de dólares, comenzaban a despertar, nuevamente, la ilusión. Ilusión que, desgraciadamente, no alcanzó a florecer cuando el equipo  empató sin goles su primer partido y en el segundo se topó con la derrota: 0-1, de visitantes ante el Valencia.

Unos días más tarde, el Atleti se estrenó formalmente en la Europa League. El rival fue el Celtic escocés, y el equipo ganó 2-0 en casa, ante la ovación de su público por la buena impresión que dejó, tanto el sistema táctico, como sus nuevos ídolos, Falcao y Diego, los goleadores.

La prensa fue testigo del cambio: “Tres partidos han servido para devolver la ilusión a la afición rojiblanca, una hinchada deprimida y angustiada hace un par de meses. El hueco dejado por De Gea, Agüero y más tarde por Forlán parecían complicados de llenar. Pero tras un verano difícil, el Atlético ha logrado reunir una plantilla muy competitiva. Y ha vuelto el optimismo. Y las sonrisas. Y las ganas de decir que uno es del Atlético”, escribía Javier Díaz en el diario deportivo AS.

Por su parte, Javier Matallanas, periodista del mismo diario, alababa la llegada del nuevo cerebro colchonero: “Desde hace un par de lustros adolecía el Atlético de ese jugador, del superclase que hace jugar al equipo, y ese vacío insoportable se ha cubierto con Diego. El Wolfsburgo lo ha cedido sin opción de compra porque Felix Magath no permitía que saliera de otra manera. Ese Magath que pone multas de mucho dinero a los que dan taconazos y a los delanteros que no bajan a defender, sabe que Diego la va a romper en España y espera con el sable al Atleti a final de temporada”.

Hoy domingo, el Atleti volvió a mostrarse contundente, marchando a todo vapor en casa y derrotando 4-0 a un deslucido Racing de Santander con tres goles de Falcao y uno de Adrián. “Si los colchoneros se habían rendido a sus pies cuando llegó, muchísimo más ahora con este triplete”, aseguró el comentarista oficial de la liga española durante la transmisión del partido.

Sin embargo, en el aire queda una duda. Y un deseo: que el buen nivel se mantenga y se exhiba frente al Sevilla, el Villarreal, el Athletic de Bilbao y el Valencia, los rivales directos en una liga cuyo título siempre deciden el Real Madrid y el Barcelona. Que ese Atleti vistoso vuelva a vencer en casa a su rival odiado, y que le plante cara al todo poderoso Barcelona de Messi y compañía. Que el título de la Europa League regrese a las vitrinas del Vicente Calderón, y le abra espacio, en el futuro, al de la Champions League.

“Me está gustando este Atlético”, declaraba un usuario en el chat de AS durante la transmisión del partido de ayer. “No somos una afición fanática, nos gusta el futbol y queremos que el equipo juegue a lo mejor y gane”, aseguraba otro segudir en el mismo espacio. “¡Vamos, mi Atleti!”, decía uno más. Voces que poco a poco vuelven a salir a flote, que llenan de ilusión y sueñan con volver a levantar ese título de liga, tan esquivo desde hace 15 años.