Robayo, el alma de Millonarios

El volante bogotano es el gran ídolo de la afición embajadora. Sus goles ante Medellín y Santa Fe aseguraron la clasificación a los cuartos de final de la Liga Águila.

Rafael Robayo celebra el gol que le anotó el domingo a Santa Fe, el que selló el triunfo 3-1. / Gustavo Torrijos
Cuando era niño y comenzaba a jugar al fútbol en la Escuela Vida y el Atlético Bogotá, Rafael Fernando Robayo Marroquín soñaba con llegar algún día a Millonarios. Sin embargo, Nacional fue el club que le brindó la oportunidad de hacerse profesional, por allá en 2003. Jugó muy poco y se fue al Once Caldas, en donde estuvo un año y compartió con el plantel que ganó la Copa Libertadores de América, bajo las órdenes del técnico Luis Fernando Montoya, a quien considera uno de sus padres futbolísticos.
 
Pero estaba escrito que tenía que vestirse de azul y llegó a Millonarios en 2005, con apenas 21 años. Era un mediocampista creativo como pocos, porque tenía talento, pero además buen despliegue físico y capacidad de lucha. Por eso el técnico Dragan Miranovic lo utilizó como volante mixto. Luego llegó Fernando Pecoso Castro y le dio más funciones de marca.
 
Y aunque ha pasado momentos difíciles, poco a poco se ha convertido en el gran referente del equipo embajador y en el ídolo de la afición, porque es bogotano e hincha de Millonarios, pero también por su extraordinaria entrega en la cancha.
 
Por momentos luce desordenado y hasta torpe, pues siempre trata de empujar al equipo hacia adelante y cuando no tiene el respaldo adecuado, los rivales aprovechan los espacios que deja.
 
Por fortuna para él, en las últimas fechas del Todos contra Todos de la Liga Águila 2015, el técnico Ricardo Lunari le encontró dos complementos: David Macallister Silva y Fabián Vargas, bogotanos, talantosos y guerreros como Robayo. Esa línea de tres en la mitad ha sido una de las claves por las que el cuadro albiazul clasificó a los cuartos de final del torneo y ahora sueña con llegar a la final: “Queremos ser campeones”, dice Robayo, mientras escucha a la afición corear su nombre desde un rincón del estadio El Campín, en el que cerca de 7.000 hinchas embajadores disfrutaron del histórico triunfo sobre Independiente Santa Fe 3-1.
 
“Estoy contento por lo que le he podido aportar al grupo. Siempre he tenido la misma actitud, pero hay momentos en los que a uno le salen mejor las cosas, como ahora”, dice sonriente.
 
Robayo admite que “todavía no hemos ganado nada, aunque avanzar nos quitó un gran peso de encima. A Envigado hay que encararlo con seriedad porque es un equipo bueno, que ha hecho una gran campaña”. Precisamente por eso prefiere no referirse a un eventual cruce con Nacional o Cali en la siguiente fase: “No, nosotros respetamos a Envigado. Queremos ganarle, pero no nos sentimos favoritos. Vamos con ilusión y deseos de hacer lo mejor, pero no tenemos nada seguro”.