Róbinson Zapata: "No le temo al descenso"

El portero de 32 años, que viene de atajar cuatro años en Europa, fue clave en la victoria 2-1 del Pereira frente al Cúcuta Deportivo.

Róbinson Zapata descansaba en julio pasado del insoportable frío de Estambul en Cartagena, como cada seis meses, junto a su esposa Ceucy y su bebé Bianca, de dos añitos. Y recibió una llamada de Julio Avelino Comesaña, el entonces DT del Pereira, con quien sólo había cruzado el saludo cordial. “El profe fue preciso, me dijo: ‘Estoy armando un grupo para pelear título, ¿te animás?’”. Primero dudó, parecía una locura cambiar al Galatasaray de Turquía por el Pereira, pero el “calor, la comida y la familia” lo hicieron regresar al país, luego de cuatro años atajando en Europa.

Después de ganar el Finalización 2007 y alcanzar la semifinal de la Libertadores con el Cúcuta, Róbinson Rufai Zapata (30 de septiembre de 1978, Florida, Valle) partió junto a su esposa en julio de ese año a Rumania, para tapar con el Steau de Bucarest.

“Fue increíble la experiencia. Jugué Champions, Europa League y fui elegido dos veces el mejor portero de la liga local y otras dos el mejor extranjero, por encima de Juan Carlos Toja y Dayro Moreno cuando estaban en el equipo”, dice orgulloso Zapata.

En el Viejo Continente vivía feliz. Aprendió otros idiomas: el rumano, el inglés y un poco del turco mientras jugaba para el Galatasaray la temporada pasada. “Maldecía en español, eso sí, para que no me entendieran”, dice entre risas. Quedó fascinado con la elegancia de Estambul y la arquitectura de Rumania, se impresionó cuando conoció el Castillo de Drácula.

“Había pensado en radicarme en Rumania. Mi hija nació allá, aunque no es rumana porque se necesita que alguno de los padres sea nativo o tenga la residencia”, confiesa el también exjugador de América de Cali y Cartagena.

Aunque echaba de menos a Colombia. Se reunía los 20 de julio con Juan Carlos Toja, Dayro Moreno y “un actor colombiano que ahora es jurado de Bailando por un sueño” a festejar la independencia: “Hacíamos frijolitos, también el sancocho”, dice el portero, que atajó más de una vez con algunos grados bajo cero y en medio de tormentas de nieve.

Les decía a sus amigos extranjeros del club que extrañaba el calor. “A un rumano muy amigo lo tenía mamado de hablarle de Colombia y una vez me lo traje a Cartagena. Comió arroz con coco, pescado, fríjoles y quedó matado”, bromea.

Tuvo un paso de seis meses por el Galatasaray, “el Real Madrid de Turquía”, según él. Los resultados deportivos no fueron los mejores, pero dice que fue una linda experiencia. “La mejor anécdota es que allá me topé con Rigobert Song, el camerunés de trencitas que vi en tantos mundiales repartiéndoles pata a los rivales. Cruzamos unas palabras, me preguntó por Farid (Mondragón) y le pedí que nos sacáramos una foto”, rememora con gran afecto.

Recordando sus inicios

Se ha sentido pleno en Colombia. Está feliz de jugar una vez más a las tres y media de la tarde: “allá era de noche y en medio del frío”.

Acá recuerda aún más sus inicios como futbolista, cuando en el barrio de su casa en Florida, Valle, jugaba a ser volante de contención: “Repartía pata… (risas)”, dice. Aunque su carrera se forjó como arquero en América, donde debutó como profesional de la mano de Diego Édison Umaña, el 23 de septiembre de 1998 en la copa Merconorte, contra Sporting Cristal de Perú (finalizó 2-2).

“Sentía esas cosquillitas, estaba nervioso. Le preguntaba a un central: ‘¿voy bien?’, y a los cinco minutos al otro central: ‘de verdad, ¿voy bien?’... una risa total”.

Tiempo antes le habían acuñado Rufai, cuando promediaba el Mundial en Francia y en un partido Róbinson vistió un buzo del mismo color fosforescente del de Peter Rufai, portero nigeriano. Por eso un técnico de las menores del América lo puso así.

Hace 11 años recibió 9 goles

Le siguen preguntando sobre el famoso 9-0 que le propinó la selección de Brasil a la de Colombia en el Torneo Preolímpico de 2000 en Londrina. Él fue el que recibió los nueve pepazos, dos de ellos de Ronaldinho, que provocaron la renuncia del técnico Javier Álvarez.

Todavía le dicen “¿qué te pasó?”. Pero él ya lo recuerda jocosamente. “Carlos González, excentral del América y uno de mis mejores amigos, todos los días me decía: ‘hola, 9-0’. Esos chistes y mis actuaciones en Europa me hicieron olvidar ese episodio”, dice el portero de 32 años.

Después de un fructífero paso por Europa, su presente está con el Deportivo Pereira, que está a diez puntos del América en el descenso y que ahora es dirigido por Alfredo Araújo tras la partida de Julio Avelino Comesaña a la selección de Colombia.

“No me arrepiento de haber venido. Sabía de las diferencias en puntos, pero el descenso, más que asustarme, me motiva. Y para eso estoy acá, para dar una mano” dice el sonriente Rufai, quien junto a otros experimentados como Freddy El Totono Grisales, John Viáfara y Elkin Murillo, tendrá la misión de evitar que el equipo matecaña pierda la categoría.