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'Sachi' Escobar, talismán de Nacional

El 'Sachi' rompió el maleficio de los fracasos de los DT en sus segundos intentos con el verde paisa e igualó en número de títulos a Óscar Quintabani y Osvaldo Zubeldía.

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Mary Luz Avendaño / Medellín
19 de junio de 2011 - 09:04 p. m.
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Santiago Sachi Escobar Saldarriaga, aquel volante mixto nacido el 13 de enero de 1964 en Medellín y que pasó en su carrera como futbolista por siete equipos (Millonarios, Nacional, América, Júnior, Sporting, Quindío y Pereira), muy temprano pensó que su carrera había llegado a la cúspide al ser convocado a los 18 años para conformar un seleccionado Sub 20 en los comienzos de la década de los ochenta jugando al lado de Eduardo Retat.

Su hermano, tres años menor, llamado Andrés en su casa y Caballero del fútbol años después por todo el país, lo veía como un modelo a seguir. “Yo le decía que tenía que trabajar con disciplina y perseverancia, y pronto entendió que podía ser uno de los mejores”, recuerda Sachi.

Junto con Andrés, asesinado en 1994, jugaron en el Atlético Nacional de 1987, dirigido por Aníbal Ruiz y poco después Santiago se unió a las filas del América de Cali. Pero su carrera vino a escribirse en letras de molde no precisamente como futbolista, sino como técnico.

Cambiando los cortos por traje de paño, dio sus primeros pasos en el Deportivo Rionegro, de la Primera B, y luego fue asistente de Luis Fernando Suárez en Atlético Nacional —ya había sido entrenador encargado durante tres partidos del Deportes Quindío—. Su primera experiencia en el exterior llegó rápido, y con Estudiantes de Mérida de Venezuela festejó el subcampeonato en 2002.

Pero como buen hijo que es —y excelente padre de Martín y Antonio, de siete y cuatro años, respectivamente—, Santiago volvió a su casa con el objetivo de hacer historia. En 2005 armó un verdadero arsenal acaudillado por Víctor Hugo Aristizábal y tras ganar 15 partidos, empatar nueve y perder sólo dos, se coronó campeón del Apertura 2005 tras derrotar en la final a Santa Fe.

Ese domingo 26 de junio festejó como lo hizo su hermano las 21 veces que anotó en su carrera: saltando y con el puño apretado señalando al cielo.

Tras su salida en 2006, el estratega de 47 años pasó por los banquillos del Deportivo Pasto, Once Caldas, Júnior y en el Bolívar boliviano, en el que conquistó el título de ese país en 2010. Pero tal vez su momento más polémico fue en 2008, cuando decidió aceptar el timonel del DIM, el archirrival del equipo suyo y de su hermano, y con el que finalizó segundo del Clausura de ese año, tras caer en la final ante América.

Traición para unos, profesionalismo para otros, pero al fin y al cabo Santiago Escobar, apunta de trabajo, logró el cariño de gran parte de las dos hinchadas: “Los dos bandos me valoran y me agradecen. Alguna vez tuve problemas con un sector de la barra de Nacional, no me querían, pero más del 70% me apoya y con eso estoy complacido. Lo único que encuentro en las calles de esta ciudad son voces de aliento y agradecimiento”, dice.

A pesar de enfrentar a Nacional desde el banquillo de otros conjuntos, siempre quiso regresar. Y el Niño Dios lo complació el pasado 24 de diciembre, cuando ese día asumió una vez más como estratega de Nacional.

Volvió con el objetivo de romper el maleficio de los negativos regresos de los técnicos, pues Carlos Navarrete en 2006, Barrabás Gómez en 2008, Luis Fernando Suárez en 2009 y José Fernando Santa en 2010, fracasaron en sus segundos intentos de los últimos tiempos.

Seis meses después, incluso sin que su equipo brillara o fuera del todo regular, rompió el maleficio. Aun cuando parecía que el delantero Roberto Polo hacía las veces del argentino Wálter Darío Ribonetto en la final de 2004 ante Júnior —perdieron en penaltis después— la diosa fortuna estuvo de su lado.

Con lo que igualó en número de títulos con el verdolaga (2) a los argentinos Osvaldo Juan Zubeldía y Óscar Héctor Quintabani, los más ganadores en Nacional.

¿Disfrutó más este título que el de 2005?

No, los dos me dan mucha emoción. Cada uno tiene un significado especial: hace seis años era el primero y el del sábado es hacer historia. Ahora quiero superar a Zubeldía y Quintabani.

¿Pensó que se repetía la historia de 2004 en la final ante Júnior?

Con el gol de Polo en el último minuto se me bajó todo. Pensé que me iba a morir. Hubiera sido muy lindo haber ganado con ese 2 a 0, pero sufrido se disfruta más.

¿Es más meritorio el título por la dificultad del rival?

No he conocido nunca un partido que no sea complicado en una final. El que diga que estas instancias son fáciles y que no son sufridas, es porque no conoce.

¿Qué no le gustó del partido?

Los últimos tres minutos, en los que hubo tres o cuatro tiros de esquina y terminamos metidos. Aunque el comportamiento todo el tiempo del equipo fue bueno y ya sólo pienso en celebrar.

¿Cuál ha sido el mayor mérito de este triunfo?

Que no es fácil haberlo conseguido en cinco meses y medio, con un equipo integrado por siete juveniles. Eso ha sido lo más importante para mí: darles oportunidades a los jóvenes de jugar con los de experiencia.

¿Siempre confió en ser campeón, a pesar de la irregularidad?

Sí, tenía mucha convicción. Sigue siendo un equipo en construcción y por eso es más meritorio de los jugadores este título.

¿Tiene al mejor arquero de Colombia?

Sin duda. Fue su gran noche, tres atajadas espectaculares. Así como contra el Cali, él fue la figura.

Ahora sigue Libertadores...

Sí, ese es el nuevo reto y ojalá podamos seguir brindándole más alegría a la hinchada.

Por Mary Luz Avendaño / Medellín

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