Sandra Merino, la mujer que es usada por Dios en el fútbol

Cerca de 60 jugadores profesionales alrededor del mundo mundo, son guiados por esta bogotana que vive en Fusagasugá. Daniel Torres, su oveja insignia.

En la sala de su apartamento en Fusagasugá, Cundinamarca, Sandra Merino atendió a El Espectador./ Cristian Garavito
En la sala de su apartamento en Fusagasugá, Cundinamarca, Sandra Merino atendió a El Espectador./ Cristian Garavito

A Sandra Merino no le gustaba el fútbol, no estaba pendiente ni siquiera de los partidos de la selección colombiana. En su apartamento en Fusagasugá, donde vive desde hace 22 años, muy pocas veces su televisor estaba encendido con algo de deportes. Claro que el día que su hija Ángela María Bolívar inició una relación sentimental con el entonces tercer arquero de Independiente Santa Fe, Camilo Vargas, se comenzó a interesar por la evolución de su yerno. Lo acompañó a él en su sueño de llegar a debutar en el primer equipo y utilizó su fe para apoyarlo. Sin que él lo supiera, ella cada día en sus oraciones le pedía a Dios que le diera a Camilo la agilidad de la liebre y la vista del águila. Además, le decía a Dios que le abriera las puertas rápidamente para tapar como titular.

Independientemente de que Camilo jugara o no, Sandra empezó a darles importancia a los partidos de Santa Fe. Sin darse cuenta, el fútbol le comenzó a gustar e intentaba ver los juegos del cuadro cardenal para aprenderse los nombres de los futbolistas y poder orar por cada uno de ellos; por su entrenador, sus directivos y su presidente. Y fue en una madrugada en el año 2010 cuando Dios le comenzó a revelar cosas malas que había en Santa Fe. “El Espíritu Santo me dijo que me levantara y escribiera –esa es la forma en que él me guía–. Así que me desperté y comencé a escribir. Me dijo que Santa Fe estaba atado por prácticas de santería, de ocultismo para la suerte. Que se habían abierto puertas a la brujería y cosas malas y debía comentarles para que le dieran a Jesús el primer lugar y así vinieran cosas mejores. Santa Fe era el único equipo en el mundo con un nombre profético: la Santa Fe, que es la fe santa, es el único equipo que tiene al león de Judá como mascota, el color rojo de su camiseta es el rojo de la sangre de Cristo, luchaba por la séptima estrella, el séptimo título de Liga, el número perfecto de Dios”, asegura Sandra.

Sorprendida por lo que Dios le había dicho, les contó a Camilo Vargas y a su hija, y les pidió que la contactaran con el presidente César Pastrana, pero ellos no le pusieron mucha atención. Justo en el torneo clausura de 2010, el Tolima eliminó a Santa Fe en la semifinal con un gol de Wílder Medina en el minuto 90, cuando prácticamente ya los albirrojos celebraban el paso a una nueva final. “Fue un golpe durísimo para los hinchas y los jugadores. Ese día quedé sorprendida y decidí que como fuera tendría que hablar con la gente de Santa Fe para contarles sobre la maldición que había”, recuerda Sandra, quien como pudo, se consiguió el contacto de Pastrana, lo llamó y le contó la situación, le pidió que la dejara entrar y hablar con los jugadores y contarles lo que Dios le había dicho, pero el presidente albirrojo fue escéptico.

Al año siguiente, una vez más Santa Fe quedó al borde de la final. Esta vez fue el Once Caldas el que lo dejó sin opciones. “Algo raro está pasando aquí”, dijo Ómar Pérez en una charla grupal en el siguiente semestre. “No es normal que se nos escapen las cosas de esa manera, algo sobrenatural ocurre”, mencionó el 10. Así que Pastrana tomó la palabra y dijo: “una señora Sandra me ha escrito desde hace un tiempo contándome sobre una maldición que hay en Santa Fe. Es la suegra de Camilo Vargas. No se trata de una bruja ni nada por el estilo, es una señora cristiana”, comentó. “¿Y cuánto cobra?, que venga”, refutó Ómar Pérez. “Nada, no pide nada a cambio”, respondió César Pastrana.

El primer contacto de Sandra Merino con los jugadores de Santa Fe fue vía Skype. Ella estaba en su apartamento en Fusagasugá, mientras que ellos en la sede de La Fortaleza, en la vía Suba-Cota, lugar de entrenamiento del equipo rojo de Bogotá por esos días. “Les conté todo lo que Dios me había revelado. Les dije que si estaban dispuestos a darle a Dios el primer lugar y dejarlo que entrara en sus corazones y en Santa Fe, las cosas comenzarían a cambiar”. A la siguiente semana, antes de un clásico ante Millonarios y tras una racha de empates que tenían al borde de la salida al técnico Wilson Gutiérrez, fue a la concentración, les lavó los pies a los jugadores, como Jesús hizo con sus discípulos, les habló de la palabra de Dios y les recomendó que pusieran en práctica antes de los partidos lo que decía Deuteronomio 11:24: “Todo lugar que pisare la planta de vuestro pie será vuestro; desde el desierto hasta el Líbano, desde el río Éufrates hasta el mar occidental será vuestro territorio”.

“No se me olvida la cara de Gerardo Bedoya, se comía sus uñas y me miraba incrédulo. Pero poco a poco fue sintiendo la presencia de Dios en Santa Fe y terminó siendo de los líderes que impulsaron a los demás jugadores a poner la casa en orden”, destaca Sandra.

Así que antes de ese clásico los jugadores salieron descalzos a caminar el terreno de juego de El Campín, mientras oraban y le pedían a Dios por que se hiciera su voluntad en el partido. En el primer tiempo iban 4-0 ganando, luego Millonarios en el segundo tiempo casi empata, pero el resultado fue 4-3. Ese día se salvó Wilson Gutiérrez de que lo sacaran como DT y comenzó el cuadro rojo una racha de triunfos que terminaría con la obtención de la séptima estrella y con una larga espera de 37 años. Una vez el árbitro Wílmar Roldán pitó el final del partido ante el Deportivo Pasto en El Campín, sentada en la tribuna, Sandra agradeció a Dios por cumplir las promesas. Ella había sido obediente, había hecho lo que le había pedido y pensó que quería servirle a Él guiando espiritualmente a futbolistas, haciendo que estos reconocieran a Jesús como el Señor y Salvador.

En Santa Fe siguió hasta que tuvo algunas diferencias con el presidente César Pastrana. No obstante, siguió reuniéndose con varios de los jugadores, estando pendiente de ellos y de sus familias. Su ministerio rompió fronteras, ya no sólo se encarga de guiar a jugadores santafereños, sino a otros, como algunos de Millonarios, por ejemplo, o incluso a extranjeros. “Hoy en día son más de 60 los futbolistas con los que trabajo. Me siento como la madre de ellos, como una familiar más”, destaca Sandra, a quien recientemente el técnico argentino de Millonarios, Diego Cocca, le prohibió ir a los entrenamientos a reunirse con los jugadores, así que ha seguido pendiente de algunos de ellos vía telefónica, Skype o Whatsapp. Así lo hace también con Daniel Torres, su oveja insignia, y con muchos de los jugadores que han pasado por Santa Fe y hoy en día están en otros clubes nacionales o del mundo entero. No vive de esto, de hecho está en contra de los pastores y líderes religiosos que se pegan a la fama de los artistas o deportistas detrás de su diezmo. “Mi esposo trabaja en un banco y es la cabeza económica de mi hogar. Esto lo hago por servirle a Dios, mas no pensando en los beneficios económicos que esto me pueda traer”, asegura.

Sentada en la sala de su apartamento, se le escurren las lágrimas cada vez que recuerda las grandes cosas que ha hecho Dios por medio suyo en la vida de sus ovejas. Ha visto familias reunirse, a lesionados curarse, a caídos levantarse. También sufrimiento, llanto y dolor, pero se ha encargado de estar al lado de sus muchachos para darles palabras de aliento y guiarlos en el camino de Dios. Aunque la gente ignorante la tilde de bruja o chamán, su mensaje es claro: “Yo soy un instrumento de Dios y simplemente dejo que Él me use como quiera”.

Una vez a la semana viaja a Bogotá para visitar a sus futbolistas. Se reúne con los familiares de ellos y les oye sus inconvenientes. Dice que cada día le pide a Dios porque le de discernimiento y sabiduría para dar los mejores consejos, para hacer que las personas conozcan la verdad y se puedan soltar de tantas ataduras que ni siquiera se dan cuenta. “Dios no castiga, él es amor y siempre está buscando que cada uno le de la oportunidad de entrar en su vida y dejarlo obrar”, asegura emocionada. Muy prudente no cuenta detalles de los milagros que ha visto en sus pastoreados, pero siempre es muy clara en que el que obra es Dios, no ella. “Yo soy una persona de carne y hueso, que comete errores como todos y que tiene que arrepentirse de sus pecados. Así como pastoreo a un grupo de muchachos, también me dejo pastorear y voy en Fusagasugá a una iglesia cristiana”, destaca.

Ahora se declara amante del fútbol, disfruta de los partidos de los equipos en los que juegan sus futbolistas y cuando se cruzan entre ellos hace fuerza por que empaten. Su sueño es algún día llegar a llevar la palabra de Dios a equipos de primera categoría como el Real Madrid o el Barcelona. “Espero que pronto Daniel Torres pueda llegar allí”, concluye.

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