Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
0:00
/
0:00
No era la primera vez que entraba para apagar un incendio y por más que las circunstancias resultaran tan parecidas, lejos estaba de imaginar que el final terminaría siendo prácticamente el mismo.
El pasado 8 de agosto, Santa Fe se quedaba con un jugador menos desde el primer tiempo por la expulsión de Ricardo Villarraga y, para colmo, se iba al vestuario perdiendo por la mínima. Para el complemento, apareció alguien con un número de grata recordación a su espalda, el 23, pero en cierta forma desconocido por muchos.
Sólo cuando el sonido interno mencionaba el nombre de Mario Gómez, algunos pudieron recordar al prometedor delantero que se había refundido y por el que pocos apostaban para encontrarle salida a un encuentro que parecía perdido. Pero el bogotano, aparte de complicar a la defensa del Medellín durante 45 minutos, en la agonía del juego marcó el gol con el que se le dio vuelta al marcador y dejó tres puntos en Bogotá, que irónicamente podrían perderse en definitiva este miércoles en el escritorio.
El sábado pasado, Santa Fe, de nuevo con 10 hombres por la roja a José Adolfo Valencia y perdiendo 0-1 con Júnior, tuvo otra vez en el delantero capitalino la solución, porque de nuevo anotó a poco del final y aunque no alcanzó para el triunfo como mes y medio atrás, al menos evitó la derrota.
El empate a dos igual fue festejado como victoria por los locales, ante las adversas condiciones, y en la igualdad también tuvo que ver otro Mario: González, el cual también le respondió al técnico con el que comparte hasta el mismo apellido y quien viene encontrando en estos dos bogotanos las soluciones suficientes para cambiarles el rumbo a los partidos.
De hecho este último había destrabado una semana atrás el clásico contra Millonarios al anotar el tercer tanto, pero antes que considerarse ases escondidos, a ambos los unen el mismo origen, más de una coincidencia y en especial, el sentido de pertenencia hacia el equipo que les cumplió el sueño de debutar en primera.
González lo hizo realidad primero, el 7 de septiembre de 2002 en El Campín, cuando a los 35 minutos de juego reemplazó a Francisco Serrano en el empate sin goles contra el Medellín, mientras Gómez se estrenó el 9 de febrero de 2003, en un clásico frente a Millonarios que terminó igualado a dos tantos. Fue inicialista y para el segundo tiempo Luis Zuleta ocupó su lugar.
Pero en cuanto a formación se refiere, la situación es invertida, ya que este último llegó desde los siete años a las menores albirrojas y dice ser “santafereño desde niño y ahora lo llevo más en mi corazón”. El volante, en cambio, estrenó su mayoría de edad para hacerse cardenal, tras destacarse en el torneo de talentos de 2001.
Coincidieron en el equipo de reservas y ya en la máxima división, los dos alcanzaron a convertirse en promesas sin llegar a ser realidades, lo que les obligó a buscar un segundo aire fuera de Bogotá. “Llevaba bastante tiempo en el club y la idea era jugar, coger ritmo y como el préstamo era por un año y sin opción, siempre tuve la ilusión de volver”, reconoce González, que en el Finalización 2007 jugó con el Bucaramanga.
El delantero no partió tan lejos, porque “el año pasado jugué la B con el Juventud Soacha, en el segundo semestre estuve con el Quindío y después volví al Soacha en una etapa que me permitió conocer cosas diferentes y eso me dio mucha madurez”. Tanta que cuando ‘Basílico’ lo repatrió para este torneo, sintió “en el primer partido contra Equidad por Copa Colombia que debutaba”.
González también empezó a abrirse espacio en la Postobón y en la Mustang II ha sido alternativa importante porque “cuando uno está de suplente, la idea es aportar, ayudar a mejorar en la producción del equipo y así ha pasado en los partidos. El ‘profe’ está contento y hay que seguir por esa racha”.
A Gómez de paso le resulta indiferente ser inicialista o estar en el banco, al considerar que “lo importante es resolver en momentos difíciles, contribuir al colectivo y conseguir los objetivos, mostrando siempre las mismas ganas”.
Deseo le sobra, en especial de “salir campeones, porque haríamos historia no sólo por nosotros, sino para las futuras generaciones”, dentro de las cuales estará el recién nacido Matías, primer hijo de González, que debuta como padre desde “el jueves anterior al clásico. Y como dicen que los niños traen el pan debajo del brazo, ojalá con él llegue el título”.