Santiago Giraldo: Estoy en la mitad de mi nivel

Mano a mano con el risaraldense, que esta semana se convirtió en el colombiano mejor ubicado en el escalafón mundial al ascender a la casilla 39 y superar a Iván Molina, que fue 40 en 1976.

El mejor tenista colombiano de la historia no tiene saque ni volea. Así de intimidante es su juego de fondo: un rifle como revés y una derecha con metralla alojada.

Ya quisiera Santiago Giraldo sacar el Tim Henman o el voleador diestro que reposa muy dentro suyo. Porque en ese caso sería un top 10. Ésa es la reflexión del pereirano de 24 años. La solución fue cambiar de entrenador este año. Su nuevo escudero se llama Francisco El Pato Clavet, que hizo del zurdo Feliciano López uno de los mejores tenistas de saque y red en el circuito. Es el camino a recorrer en el futuro, dice Giraldo en charla con El Espectador.

Por fin superó el puesto 40 de Iván Molina en el 76. ¿Ya puede decir tranquilamente que es el mejor?

Son épocas diferentes, pero para mí es un orgullo. Es muy importante porque siempre quiero estar entre los mejores. Es un objetivo cumplido, pero hay que seguir para arriba, mucho más.

¿Por qué lo consigue hasta ahora?

He mejorado técnica y mentalmente. Siempre he pensado que tengo condiciones para estar dentro de los 25 mejores y me he propuesto alcanzarlo. Quedaría contento con que el próximo año pueda ser preclasificado en un Grand Slam (estar entre los 32).

Si tuviera una buena volea seguramente estaría cerca del top 10.

Tiene razón, debo trabajar en ese aspecto porque se ve muy relacionado con el ranking. Generalmente abro muy bien las jugadas, pero podría cerrar mejor en la red. Tengo mucho que trabajar: devolución, segundo saque...

Salvo casos como el de Federer, dicen que entre más edad en el tenis, peor ‘ranking’. ¿Es así?

Están equivocados. Uno evoluciona mucho más a medida que va madurando. Hemos visto que hay jugadores como Ferrer que alcanzan su punto máximo con más edad. Yo estoy en la mitad de mi carrera, en años y también en nivel. Cada quien tiene su proceso y yo espero evolucionar aún más.

¿Por qué no explotar más rápido? Lo hizo Del Potro, rival suyo en Júnior.

Cada uno tiene su progresión. Nos volveríamos locos si nos comparáramos. He trabajado a conciencia y cada año ha sido mejor. El proceso ha sido lento pero seguro.

¿Queda algo de ese chico quiebrarraquetas e irascible que empezaba en la ATP?

He mejorado mucho. La madurez me hizo entender que la parte mental es muy importante. Si no me volvía más tranquilo no iba a poder mejorar en otras falencias. Faltan otras cosas por lograr, de eso no tengo duda.

¿Como, por ejemplo, poder ganarle a un top 10?

Me encantaría, es una tarea pendiente, una deuda conmigo mismo. Me ha tocado medirme con los top 4 sin éxito. Pero contra David Ferrer y Nicolás Almagro ha sido parejo. Quiero decir con esto que estoy cerca.

¿No lo irrita jugar contra Almagro? Algunos, sobre todo los argentinos, no lo soportan...

Es temperamental, pero sólo dentro de la cancha. Cuando veo que un jugador se muestra con actitud agresiva al enfrentarme es porque me respeta. Igualmente, Almagro es una gran persona por fuera de la cancha.

¿Qué siente al saber que por fin un colombiano participará en Olímpicos y ése es usted?

Es un orgullo estar ahí y ser el primero. Desde pequeño mi papá me ponía a ver los Olímpicos y yo soñaba con estar allí, compitiendo, porque desde entonces creo que es el evento más importante del mundo. Es muy lindo haber clasificado tan holgadamente, porque hace tres meses que tenía el tiquete en el bolsillo. Llegó en un buen momento anímico. Ojalá pueda dar la sorpresa.

¿Lo ponían a ver tenis olímpico?

Todo. Recuerdo sobre todo los 400 y los 1.000 metros de atletismo, el decatlón, la alterofilia. Me acuerdo de Urrutia en Sídney y se me ponen los pelos de punta. También me emocioné cuando el tenista Nicolás Massú ganó en Atenas la primera medalla para Chile.

¿Ha pensado entonces que es posible?

¿Por qué no?

¿Verá otros deportes también?

Claro. Me preguntaron si me quedaba en la Villa Olímpica o en un hotel cerca del All England, donde vamos a jugar los tenistas. Yo dije que, a pesar de que quedaba a una hora, dormiría en la Villa. Será único. Además, tendré el itinerario para apoyar a los compatriotas y ver otros deportes.

¿Qué tal se siente sobre césped?

Cero supersticiones sobre el tema. Siempre dije que me encuentro bien en Wimbledon. Lo que pasa es que me han tocado duros rivales y no he podido avanzar allí.

¿Ya quisiera usted la suerte de Falla en los sorteos de Grand Slam?

Mucho. Es una lástima porque no suelo perder con jugadores del puesto 35 para atrás, pero siempre me toca con un top 10 o top 20 en primera. Pero para ser campeón hay que ganarles a todos. Sé que llegará mi momento.

¿Qué cosas pasan al interior del circuito, entre los jugadores?

Es un mundo muy privado. Se ve de todo: gente carismática, chistosa como Djokovic. A veces no hablamos mucho entre nosotros, pero hay gran empatía. Recuerdo, sobre todo, el regreso de Bogotá con Nadal y Djokovic en su avión privado. ¡Fui anfitrión de los más grandes! Me sentí honrado.

¿También lo será con Roger Federer en diciembre, en Bogotá?

Sería un gran acontecimiento porque es un jugador espectacular y un ser humano de admirar. Él me ha preguntado cómo está el país. Hace unos años, en Canadá, me indagó sobre la situación actual, la guerrilla, los temas culturales. Me habló sobre Johan Vonlanthen, el futbolista de la selección de Suiza que nació en Colombia. Me dijo que estaba feliz de venir.

Un peloteo

¿Sigue siendo intransigente con el desorden?

Ya lo soporto, relajado. Pero sigo siendo meticuloso con mis cosas.

¿Cada cuánto dice “pidan lo que quieran que yo invito”?

Mucho. Me gusta hacerlo.

¿Qué piensa de la fama?

Nunca me obsesionó. Tampoco me siento famoso.

¿Era conquistador o lo conquistaban?

Ambas. Creo que por mis novias he sido conquistado.

¿Una película?

El aviador. También soy aficionado de la saga de Harry Potter.

¿Qué no puede faltar en su maleta de viaje?

Una bufanda de seda de la Virgen de Guadalupe, de la que soy devoto. Me la pongo o la extiendo cerca de donde vaya a dormir. Es muy linda.

Un ritual antes de entrar a la cancha.

Tener todo minuciosamente preparado, como suplementos y accesorios. Dicen que un jugador bueno empieza desde el orden de su raquetero.

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