Se acaba 'El Show'

Entre lágrimas, el vallecaucano anunció su retiro del fútbol. Con el Pachuca, el arquero disputó más de 300 partidos en 11 años.

Dicen que las personas pasan y las instituciones quedan. Miguel Calero debutó en un club, el Sporting de Barranquilla, que desapareció. Él, en cambio, permaneció en el tiempo. Hoy, un día después de haber anunciado su retiro, el camino que recorrió tiene la forma de una trayectoria ejemplar, que nunca estuvo exenta de obstáculos y situaciones límites.

“Estos son momentos difíciles, pero tienen que llegar”, afirma el vallecaucano, en cuyo acento todavía se reconocen sus orígenes en Ginebra, y todos los años que ha vivido en México, el país que lo acogió como uno de los suyos. “Afortunadamente, estoy muy tranquilo y feliz, y eso es muy importante”, añade.

Al inicio de su carrera, Calero reemplazó, ya en el Deportivo Cali, al arquero boliviano de origen argentino Carlos Trucco. El golero sería una pieza fundamental para que el cuadro azucarero volviera a ganar un título después de 22 años. Poco después, cuando pasó al Atlético Nacional, se convertiría en la transferencia más cara del fútbol colombiano para aquel tiempo.

“El cariño y el respeto se ganan con el trabajo y el agradecimiento”, sostiene. “Con Colombia y México estoy eternamente agradecido. Fueron y son dos países que me han hecho crecer como jugador y como persona”.

Ya con el mote de El Show a cuestas (un apodo que se ganó por sus salidas arriesgadas, parecidas a las de René Higuita), Calero pasaría del Nacional al fútbol mexicano, al ser fichado por el Pachuca. En el equipo de Hidalgo, el colombiano completaría más de 300 partidos jugados y ocho años como titular. Sin embargo, también tendría que hacerle frente a los vaivenes de la vida.

“Superé una trombosis, una infección en tejidos blandos, varias cirugías, muchas cosas. Todo eso me sirvió para estar mentalmente más fuerte, para crecer, para darme cuenta de que en la vida no hay nada fácil y de que soy un ser humano común y corriente”, reconoce.

Más allá de eso, en México ganó todo (una Copa Sudamericana, tres Copas de Campeones de la Concacaf y cuatro torneos locales) y en el ocaso de su carrera es visto como un ídolo, como un modelo a seguir. Optimista sobre el futuro de la selección de Colombia (con la que estuvo como titular en dos Copas América y como suplente en el Mundial de Francia 1998), Calero da un paso al costado con la alegría de haberlo dado todo. “En tantos años de carrera, he dejado amigos, ejemplo e imagen, y eso es una gran satisfacción. Además, haber representado a mi país, dejar su bandera en alto, es algo que me llena de orgullo y alegría”.

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