En una noche que ya era histórica, bajo el cielo de Quito, Colombia volvió a escribir su nombre en los Juegos Olímpicos. No hubo goles, pero sí tensión. La selección femenina venció a Argentina en los penaltis y está en la final de la Copa América 2025 de Ecuador. El estadio Rodrigo Paz Delgado vibraba en cada roce, cada cierre, cada intento. Argentina incomodó, insistió y, al final, se quebró. El sueño olímpico, que parecía lejano al inicio del torneo, encontró su forma en una noche larga, difícil y conmovedora.
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Durante los 90 minutos, el partido tuvo más nervio que claridad. Argentina dominó los primeros compases con presión alta y remates desde fuera del área. Pero ahí apareció Katherine Tapia, firme como una roca. A los nueve minutos, achicó bien ante Yamila Rodríguez. Más adelante, voló para rechazar un zurdazo de Bonsegundo. Mientras tanto, Colombia fue creciendo. Linda Caicedo flotó entre líneas, Mayra Ramírez ganó por arriba y Catalina Usme buscó filtrar donde no había espacios. El segundo tiempo fue todo de Colombia, aunque sin final feliz en la red.
La definición desde el punto penal fue una historia aparte. Catalina Usme abrió la tanda con un disparo cruzado. Le siguieron Carabalí, Pavi, Caicedo y Bonilla, todas con temple. Tapia volvió a vestirse de heroína: atajó el disparo de Gramaglia y celebró con los puños apretados, en silencio. Parecía suficiente. Pero Mayra erró. El travesaño devolvió la pelota y el drama aumentó. Hasta que Eliana Stábile, la veterana argentina, falló también. Otro balón al travesaño. Y con él, el país entero soltó un grito, el de la clasificación a Los Ángeles 2028. Colombia está en la final y ahora va por su primer título.
Tapia fue más que una arquera. Fue la voz de calma cuando todo temblaba. La jugadora que sostuvo el arco en cero, que ordenó a sus centrales cuando Argentina presionó, y que puso el cuerpo, las manos y el corazón para mantener viva la ilusión. Su actuación no solo fue clave en lo deportivo: fue un acto de confianza en el proyecto. En un equipo que mezcla experiencia y juventud, Tapia representó la serenidad que sostiene y el carácter que contagia. En Quito se ganó algo más que un lugar en la final: se reafirmó una identidad.
Con esta clasificación, Colombia alcanza sus cuartos Juegos Olímpicos en fútbol femenino. La ruta comenzó en Londres 2012, siguió en Río 2016 y se mantuvo en París 2024, donde la selección cayó en cuartos de final ante España. Este nuevo paso llega con un grupo que ha sabido convivir con la exigencia. Superaron críticas, lesiones, dudas tácticas y aún así avanzaron. La semifinal contra Argentina era una prueba emocional: en 2022 se les había ganado en la misma instancia. Repetirlo no fue casualidad. Fue carácter.
Colombia alcanzó la clasificación olímpica tras un torneo en el que fue creciendo partido a partido. El debut fue complicado: empató sin goles frente a Venezuela en un encuentro marcado por la falta de claridad ofensiva y algunas imprecisiones propias del inicio. Sin embargo, el equipo reaccionó con autoridad. En su segundo partido, venció con solvencia a Paraguay, mostrando una versión más agresiva en ataque. Luego, en la tercera fecha, superó 8-0 a Bolivia en un juego que evidenció su superioridad táctica y física.
El cierre de la fase de grupos llegó con un duelo intenso frente a Brasil, en el que Colombia supo competir de igual a igual. El empate no solo le permitió clasificarse, sino que demostró que la Tricolor podía medirse ante uno de los equipos más fuertes del continente. Con esos resultados, terminó segunda del Grupo B, detrás de las brasileñas, pero con sensaciones positivas de cara a la fase final. En semifinales se encontró con una Argentina que llegaba invicta y líder del Grupo A, pero que se vio superada en carácter y fútbol. Colombia, con su solidez defensiva y el peso de sus referentes, supo aguantar los momentos de presión y llevar la serie a los penales, donde se quedó con el triunfo para sellar su cuarto boleto olímpico
Ahora queda por conocer el nombre del otro finalista. Brasil y Uruguay definirán su destino hoy a las 7:00 p.m. en la segunda semifinal. Para Colombia, la final ya está asegurada, pero el verdadero premio fue sellado anoche. El boleto a Los Ángeles vale más que un trofeo: es una oportunidad para seguir creciendo, para competir entre las mejores y, sobre todo, para soñar sin miedo. Porque si algo dejó claro esta noche en Quito es que cuando este equipo se lo propone, puede escribir su propia historia. Sin estridencias, sin promesas vacías. Solo con fútbol, convicción y coraje.
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