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Carlos Paniagua hoy es admirado en Colombia por dos cosas. La primera, por llevar al país a la primera final FIFA en el Mundial Femenino Sub 17 de India, un logro casi que impensado en nuestro fútbol. Y la segunda, porque en medio de un momento de euforia, presión y de esas tantas miles de cosas que pasan por la cabeza, en sus primeras declaraciones a la señal oficial del torneo en el que hizo historia de su boca salió un “nosotras”, incluyéndose a él mismo. Reconociéndose como una más del equipo femenino que bajo su batuta consiguió el subcampeonato. “NOSOTRAS “, esa fue su palabra.
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Y es que Paniagua cómo no se va a reconocer en ellas, cómo no les va a agradecer que gracias al fútbol femenino y a las jugadoras con las que llegó a la final ante España hoy es un hombre laureado y respetado. “Mire yo veía hace años estos premios y soñaba con estar aquí, en serio. Y hoy lo que me trajo fueron estas mujeres increíbles, de verdad que no me cabe la felicidad”, cuenta el profe mientras sostiene con una mano el trofeo que lo acredita como Entrenador del Año en el Deportista del Año de El Espectador y Movistar 2022.
En cierta medida, Paniagua es hoy entrenador porque no se destacó como futbolista. Esa historia trillada de que una lesión de rodilla lo sacó del fútbol, en él sí es real. Su carrera como volante en el Independiente Medellín terminó pronto, pero su amor por la pelota lo hizo educarse en tecnología deportiva. Esa cercanía con el fútbol que tuvo como jugador lo llevó a integrar el cuerpo técnico de Carlos Mario Hoyos en un Atlético Bucaramanga histórico que alcanzó un cupo a la Copa Libertadores de 1998.
Después de eso, asumió en propiedad la dirección técnica de Itagüí, luego las juveniles de Antioquia, y eso lo terminó direccionando a las categorías menores de nuestra selección, primero con Hárold Rivera, luego siendo el segundo de Carlos ´Piscis´ Restrepo. Y en 2017 asumió como DT de Formas Íntimas. Desde allí pudo crear un proceso, ver jugadoras, hacer microciclos, ojear aquí, viajar hasta allá, en parte se fue preparando para lo que hoy mejor saber hacer: ser seleccionador.
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Hace un tiempo, unos cuantos días después de volver de India, a Carlos le preguntaron el ¿por qué entrenar a mujeres? Y Paniagua, sin saberlo, desde su autenticidad y la amabilidad que transmite cuando habla le dio un lugar merecido a todas ellas. Sin chistar dijo: “Porque es el tiempo de ellas”. Quizá se refiere a los días en los que las mujeres reclaman con justicia pagos iguales entre deportistas, la misma cantidad de partidos y ligas al año, las mismas condiciones contractuales de las que gozan los hombres futbolistas y también el reconocimiento que por años el machismo ha minimizado en diferentes esferas al fútbol femenino.
Paniagua hace parte de un logro para nada despreciable: clasificar por primera vez en todas las categorías femeninas de fútbol a los mundiales. Si esto no es un proceso a nivel de selecciones, difícil saber que sí lo es. De los tres equipos nacionales, sub-17, sub-20 y mayores, los dos primeros están bajo su mando.
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Como para dimensionar los elogios que ha recibido Paniagua, lo hecho por la selección que lideró supera en ciertos aspectos lo que ha hecho Brasil, la gran potencia del fútbol femenino continental. En los 17 mundiales femeninos de menores a los que ha clasificado, Sub 20 y Sub 17, Brasil nunca subió al podio. “Tenemos ese orgullo”, cree Paniagua, quien en esta última época del año vive a las carreras, corriendo a la sede de la Federación a ver las finales del Nacional Femenino Sub-17, a tomar otro avión que lo lleve a una nueva gala en la que va a ser premiado. Son los compromisos de este hombre nacido en Bello, que ha puesto su nombre en la historia de nuestro deporte.
Paniagua hoy conoce la verdadera felicidad. El regocijo de que no hay mejor entrenador que él. Y la plenitud de saber que su carrera continua, que no fue algo esporádico, que tendrá el tiempo suficiente para preparar a sus jugadoras, pero ya en la categoría sub-20 y que desde ya él hace parte de ellas, que él es una nosotras y que esa forma de apropiarse del lenguaje va más allá y que ejemplifica que su entrega por el fútbol femenino es real. Tan real como lo hecho por ellas en el campo de juego.
