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Dos cosas quedaron claras el jueves, en la decimoséptima etapa del Tour de Francia, la más dura de la edición de 2010. Una, que será muy difícil que el español Alberto Contador pierda la camiseta amarilla, que defendió con categoría. Y otra, que algún día el luxemburgués Andy Schleck ganará la carrera, porque tiene pasta de verdadero campeón.
En el ascenso al mítico monte Tourmalet, la etapa reina de la competencia, ambos corredores demostraron que son, de lejos, los mejores, con un sensacional duelo en los últimos 10 kilómetros. Schleck, segundo en la general, atacó con la intención de dejar en el camino a Contador, quien se mantuvo siempre a rueda, mientras los demás ciclistas se fueron quedando poco a poco.
A tres kilómetros de la llegada, fue el español quien atacó, pero Schleck estuvo atento. Llegaron juntos y el luxemburgués cruzó primero la meta. “Estoy feliz porque gané la etapa reina, pero quería vestirme de amarillo”, dijo el ganador.
Contador le lleva ocho segundos a Schleck. El sábado habrá una contrarreloj de 52 kilómetros de terreno llano, última oportunidad para sacar diferencias.