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Si por la 13 vas pasando...

América de Cali conquistó en la noche del domingo su decimotercera estrella, igualando a Millonarios en número de títulos. La Feria se prendió en Cali y por fin el técnico Diego Umaña pudo levantar la copa.

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Alfredo Yacelga Abreo / Enviado especial, Cali
21 de diciembre de 2008 - 10:14 p. m.
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¿Quién dijo que en el infierno no se podía encontrar la gloria? Pues en una caldera llamada Pascual Guerrero las ilusiones del Medellín por ser nuevamente campeón se quemaron completamente porque otra vez la ‘Mechita’ prendió la emoción de un pueblo que desde este domingo arde en satisfacción, pero sobre todo en orgullo.

Al levantar la Copa Mustang II en Cali, el América se convirtió en uno de los equipos más campeones del fútbol colombiano, pero alcanzar a Millonarios no resultó nada fácil. Para encender de nuevo esa llama triunfal se tuvieron que superar serios problemas financieros, diferencias entre sus directivos y hasta el 0-1 que alcanzó a registrarse en el marcador.

La ventaja obtenida en el Atanasio el pasado miércoles era mínima en el resultado, pero máxima en ilusión para los aficionados americanos que no dudaban en la vuelta olímpica en casa, pero que  enmudecieron 18 minutos después del pitazo inicial de Óscar Julián Ruiz.

El fantasma del Garabato, al que tantas veces le achacaron los subtítulos de la Libertadores, merodeó otra vez el estadio Sanfernandino. Las tinieblas de la final de la Copa Mustang I perdida con el Boyacá Chicó parecían oscurecer más rápido la tarde caleña y cuando Diego Álvarez le ganó la espalda a Tavima y su definición dejó inmóvil a Berbia, el silencio se apoderó por completo del máximo escenario caleño.

El ambiente de feria que se empezó a vivir en la capital vallecaucana desde la noche del pasado miércoles hasta ayer se desbocó en una marea roja que inundó de triunfalismo todos los rincones de la ciudad, tuvo un inevitable cese a causa de la personalidad que siempre distinguió a los dirigidos por Santiago Escobar.

Por fortuna para los locales el pánico de que la gloria otra vez resultara efímera duró apenas siete minutos, porque apareció el que últimamente se convirtió en el sinónimo de gol para demostrar que era ahora o nunca para el América. El derechazo de Adrián Ramos, que sorprendió al mismo Bobadilla, fue suficiente para que la estrella volviera a vislumbrarse y no abandonara más el firmamento de la bien llamada Sucursal del cielo.

Y siguió de largo...

No obstante, el nerviosismo permaneció en las graderías durante el intermedio, porque el visitante ya había avisado que podía amargar una fiesta, por más preparada que estuviera.

Rodó la pelota otra vez y si bien el empate resultaba suficiente para los locales, el mensaje de Umaña en el vestuario parecía advertir que el triunfo era el mejor camino hacia la consagración.

Del dicho al hecho. Primero fue la proyección de Iván Vélez que contó con la complicidad de Jamel Ramos para que el lateral terminara metiéndola en su propia puerta. Un golpe que desestabilizaba al DIM, pero no lo tumbaba definitivamente, porque el visitante tuvo al menos dos oportunidades para empatar.

Pero aparte de Berbia, los de la capital antioqueña luchaban contra el reloj y en ese afán fueron asumiendo los normales riesgos que propiciaban el contragolpe americano. Y bastó uno para que Jaime Córdoba le pusiera la cereza al postre de 13 pisos en una jugada ‘made in América’.


Demoledora salida desde el fondo que culminó el mediocampista de primera línea para terminar de abrirle de par en par la puerta a la euforia, la cual tuvo como epicentro el Pascual, pero que se ha esparcido por toda la geografía nacional, donde la pasión americana no tiene límite, como tampoco su afán de gloria.

Y fue esa justamente la base para construir el equipo que se consagró frente a su afición, porque a diferencia de los 12 títulos anteriores, donde sobraba el dinero y los jugadores de primer nivel, en el nuevo campeón del fútbol colombiano abundaron las limitantes.

Pero en lugar de coartar los sueños, esos obstáculos los transformó Diego Umaña en motivos para invitar a sus dirigidos a darlo todo y algo más por una camiseta que resultó impermeable a los inconvenientes y abierta para bordar una nueva estrella.

Por eso la que se sumó desde ayer al escudo tendrá un brillo especial. Primero, en cuanto a mérito se refiere, porque fue hecha a pulso, y también con sus visos históricos, porque ya Millonarios dejó de ser el más veces campeón y ese eslogan deberá compartirlo con un ‘Diablo’ que llegó al que parecía ser un cielo exclusivamente azul.

¿En la Copa nos vemos?

Ahora esta vuelta olímpica le permite además retornar a un torneo que no le resulta ajeno, pero irremediablemente trae recuerdos dolorosos e impregnados de frustración.

América regresa a la Libertadores, de la cual suma cuatro subtítulos, y para la próxima versión copera podría presentarse la revancha de la final del Clausura.

El Medellín no tendría que esperar demasiado para saldar la cuenta que desde ayer quedó pendiente, ya que si bien el campeón irá directamente a la fase de grupos —el cuatro—, si el ‘Poderoso’ supera en el repechaje al Peñarol de Montevideo, estará en la misma llave con el rojo caleño, como aconteciera en la versión de 2005.

Pero los americanos ya tendrán tiempo para sacar el pasaporte y por ahora es tiempo de celebración, la cual empezó ‘aquel 19’ de diciembre de 1979 con la primera vuelta olímpica y ayer 21 de diciembre de 2008 marcó otra huella imborrable en ese camino triunfal que no necesitó mucho tiempo para construirse.

Y el sendero pasa por Cali, que aguarda por una feria que no será una más, porque el rojo se apoderará de ella y estará custodiada por un firmamento inundado de estrellas, 13 para ser más exactos.

Por Alfredo Yacelga Abreo / Enviado especial, Cali

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