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“Las oportunidades son como los amaneceres. Si esperas demasiado tiempo, las echas de menos”, William Ward.

La industria del fútbol a escala mundial, y en particular en nuestro país, ha llevado a que cada vez los jugadores salgan más jóvenes en busca de mejorar su vida financiera por encima de su proceso de maduración personal y deportiva. Esas oportunidades son cortas, claras, positivas y rápidas, por eso hay que analizarlas muy bien para poder saber tomar las mejores decisiones al respecto.

El deber ser, lo ideal, es que los jugadores juveniles permanecieran más tiempo en sus clubes de formación, en su entorno familiar, en su país, terminando sus estudios, mientras van creciendo de manera integral, para que cuando sea el momento ideal puedan ir al exterior, sostenerse y no regresar tan rápido como les sucede a la gran mayoría, exceptuando aquellos que por sus condiciones particulares logran triunfar afuera.

Los padres de familia y los directivos deben poner mucho cuidado con el engaño de aquellos sujetos que se aprovechan de las necesidades de las familias y les prometen salir adelante por encima de cualquier circunstancia. Y a la hora de la verdad salen estafados. Por eso deben analizar muy bien la oferta que les hacen, para que no jueguen con los ideales de las familias y de los jóvenes.

Eso sí, la realidad nos muestra todo lo contrario. Cada día son más los jugadores jóvenes que salen de nuestro país. El mercado del fútbol acelera todos los procesos mentales, físicos, fisiológicos, familiares, académicos, entre otros. Lo más importante es que se pueda blindar su proceso en el país y en el equipo para el cual van. Por ejemplo, seguir estudiando, ir con un familiar de compañía, aprender el idioma del país, la cultura, es decir, que no sea solo lo futbolístico para ayudarlo en su proceso de maduración personal. Los equipos en su proceso formativo deben trabajar mucho en el SER, para poder darles herramientas emocionales a los jugadores y que así se conviertan en una buena base de formación para cuando salgan del país. Lo mismo en el interior de las familias, que aprendan cómo defenderse cuando ellas no están presentes.

Esperemos que de todo este éxodo de jugadores la mayoría se mantengan y puedan lograr sus metas. Y para quienes no triunfan, al menos sea una experiencia positiva para sus vidas.

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