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26 Dec 2011 - 9:11 p. m.

Te lo agradezco, pero no...

Detalles secretos de por qué el argentino le dijo no al presidente de la Colfútbol, Luis Bedoya. Ya suenan cinco candidatos más.

Daniel Avellaneda / Corresponsal, Buenos Aires

Ayer, Gerardo Martino caminaba por el centro de Rosario, su lugar en el mundo, a 300 kilómetros de Buenos Aires, a 4.413 de Bogotá. Llevaba una carpeta debajo de un brazo y trataba de encontrar una sombra que lo ayudara a mitigar el calor del verano. Lo hacía despojado de cualquier vínculo con la Federación Colombiana de Fútbol, esa que lo buscó dos veces y a la que le dijo “no” por segunda oportunidad, cuando sus dos asesores, un contador y un abogado, se reunieron con el presidente Luis Bedoya.

Y las razones del desplante no tienen tanto que ver con las declaraciones que vertió el principal dirigente colombiano, quien aseguró que El Tata no aceptó su oferta por “temas personales”. Al menos, esa versión no coincide totalmente con la que le entregaron a El Espectador varias personas del entorno del entrenador que dirigió el seleccionado de Paraguay en el Mundial de Sudáfrica y que a partir de mañana será anunciado como técnico de Newell’s Old Boys.

Discípulo y coterráneo de Marcelo Bielsa, resulta imposible hablar con este exmediocampista, muy fino desde su pie derecho, campeón con el equipo rojinegro que hoy lo observa como un salvador porque el promedio lo tiene en jaque, a la puerta del descenso. Sin embargo, desde sus proximidades se filtran datos. “La realidad es que Gerardo nunca estuvo convencido de agarrar Colombia”, confió un amigo de esos que comparten hasta las cenas navideñas con Martino. Y, según el propio informante, hubo cinco situaciones que terminaron por ahuyentar las mínimas posibilidades de que sucediera a Leonel Álvarez en el banco tricolor: 1) La imposición de amistosos. 2) La supervisión de la lista de convocados por parte de la Federación antes de darla a conocer públicamente. 3) La situación impositiva. 4) La ausencia de un predio para los entrenamientos. 5) La amenaza que hace una semana denunció Carlos Chávez, el arquero de Patriotas que mandó al descenso a América de Cali.

De todos estos ítems, la injerencia de la dirigencia colombiana en el armado de la lista fue considerada “inaceptable” por Martino, al margen de que por estas latitudes, El Tata tenía una enorme presión popular y afectiva para dirigir a Newell’s. De hecho, en las últimas entrevistas que concedió, el técnico había dicho que “cuando Newell’s me necesite, ahí estaré”. Esa promesa fue tomada en serio por Guillermo Llorente, mandamás del club rosarino, y por los hinchas. Sin ir más lejos, unos diez integrantes de un grupo denominado ‘Los Autoconvocados’, con peso político en la institución, se acercaron hasta su domicilio, en el centro de la ciudad, para pedirle que tome el cargo. No fue una apretada, tal cual deslizan los testigos. Pero sí resultó un elemento más para inclinar la balanza de un hombre que es un emblema de Newell’s. A tal punto, que una de las plateas del estadio del Parque de la Independencia lleva su nombre. Esa misma grada en la que hace poco tiempo, con el equipo cayéndose a pedazos, se colgó una bandera con la leyenda “traidor” por esa indefinición de El Tata para conducir el barco.

¿Fueron excusas, entonces, las que llevaron a Martino a darle la espalda a la millonaria oferta de Bedoya? Como se dice en Argentina, en todo momento le buscó el pelo al huevo. Y el supuesto temor por las amenazas que sufrió el arquero de Patriotas, ¿habrá sido menor que el que sintió cuando los hinchas le tocaron el timbre de su casa frente al club Provincial de Rosario? Lo cierto es que Martino, considerado en el ambiente como un técnico que escapa a la media del fútbol argentino, esperaba la rescisión del contrato de Diego Cagna por una cuestión “ética” para, entonces, poder estampar su rúbrica en el contrato que lo unirá por un año al conjunto que lo impulsó como ídolo. “La llegada de un tipo tan importante para la historia del club como Martino es una inyección anímica que los jugadores de Newell’s vamos a tener para encarar el próximo torneo”, aseguró Sebastián Peratta, arquero y capitán del equipo rojinegro.

La baraja de candidatos

Cerrado el caso Martino, con los vínculos flamantemente renovados de Julio César Falcioni y Ricardo Gareca en Boca Juniors y Vélez Sársfield, los cañones apuntan a otro técnico argentino. José Pékerman está en la consideración. Es más, en su entorno le aseguraron a El Espectador que recibió una llamada desde Colombia unos días después de la destitución de Álvarez, pero nunca existió una reunión en Miami con Bedoya, como se había rumoreado. El exentrenador campeón con los seleccionados juveniles argentinos, técnico de la mayor albiceleste en el Mundial de Alemania 2006, anda con ganas de volver a dirigir. A los 62 años, alejado de los primeros planos, vería con buenos ojos una propuesta de dirigir la tricolor. Y, por las dudas, ya le avisó a su cuerpo técnico que esté atento para interrumpir sus vacaciones, armar las valijas y subirse a un avión con destino al aeropuerto Eldorado de Bogotá.

Edgardo Bauza, también santafesino como Martino pero ícono de Rosario Central, el máximo rival de Newell’s Old Boys, es otro entrenador argentino que está en la carrera. De vacaciones en su ciudad natal, Granadero Baigorria, El Patón, que jugó en el Júnior de Barranquilla entre 1983 y 1985, considera que la chance de dirigir un seleccionado es importante, pero no estaría dispuesto a abandonar Liga Deportiva Universitaria de Quito hasta 2013. Con el equipo ecuatoriano fue campeón de la Copa Libertadores y la Recopa y jugó otras tres finales internacionales en los últimos tres años. Su contrato, por otro lado, es muy jugoso como para romperlo y agarrar el fierro caliente que dejó Leonel Álvarez.

Gustavo Alfaro también tiene posibilidades. Es respetado por su trayectoria como entrenador, ya que ganó la Copa Sudamericana con el modesto Arsenal de Sarandí, pero también por su trabajo en el Canal Caracol. Está en un escalón debajo del resto, pero tiene “experiencia internacional”, tal cual exige Bedoya en el currículum del próximo estratega de la selección de Colombia. En su entorno conocen el interés y aunque ya ha rechazado otras ofertas de clubes colombianos, esta sería la excepción. Para Alfaro, que en agosto cumplirá 50 años, sería “el” desafío de su carrera.

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¿Se sentará un argentino en el banco de la selección el 29 de febrero, cuando Colombia enfrente a México? ¿O lo hará Juan Carlos Osorio, del Puebla?, quien pese a que acaba de firmar contrato en México, tiene una cláusula en la que podría renunciar si recibe el ofrecimiento de una selección nacional. Luis Bedoya y Dios dirán…

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