Técnicos chiviados

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Voy a tomar el ejemplo de la salida de Guillermo Sanguinetti del Atlético Bucaramanga apenas cumplidas seis fechas del campeonato rentado. Como sé que muchos de los lectores no siguen al leopardo, de pronto no conocen la realidad de la situación que quiero abordar para sostener la idea de la columna de hoy.

El charrúa sale después de un año prácticamente al frente del club, teniendo en cuenta, en todo caso, que el 2020 fue especial. Sus números fueron fatales y ni en las peores épocas que recuerdo se jugó tan mal. Ojo, jugar mal no significa no jugar bonito, es salir a nada a la cancha, a aguantar. El año pasado su rendimiento fue del 35 % y con este torneo llegó apenas al 39 % recibiendo en total 27 goles. Dirigió antes en el país al Cúcuta y a Santa Fe. El ejemplo del Topo, a quien no lo sostenía nadie ya en su cargo, es el inimitable. No es posible que sigan llegando al país técnicos que no aporten en ningún sentido. Seguimos importando entrenadores del sur generalmente sin filtro alguno. Como es uruguayo debe saber defenderse bien y jugar directo, si es argentino debe ser un gran motivador. ¡Así razonamos! Hace rato no vienen del Brasil, curiosamente. Será por caros o porque no nos interesa el jogo bonito. Claro está que el tema no es de pasaporte. En lo único que nos debe sacar ventaja el “profesor” extranjero es en su experiencia manejando fuerzas básicas, porque acá nuestros torneos primarios siguen siendo incipientes y escasos. Por lo demás no hay mucha diferencia. Incluso ya se pueden capacitar en Colombia y conseguir la licencia para dirigir. El fútbol es uno solo, tiene tres fases, se juega con once jugadores, hay que hacer goles en el arco contrario y procurar que no nos los hagan en el nuestro. Después cada DT escoge su estilo lo más parecido a su sentir y empieza a aplicarlo bien o mal. Importante que ese proceso se inicie desde los infantes o al menos juveniles, para que cuando se llegue a las divisiones profesionales su idea sea mas sólida. Nos quejamos de la mano de “troncos” que llegan a jugar nuestro FPC cada año, pero nadie se molesta con los técnicos que ingresan a cobrar más que los de acá y que se van, dejando inmensos vacíos, soberbia en algunos casos en las ruedas de prensa, cero autocrítica y malos resultados. No aceptan sus errores y pretenden descubrirnos a punta de verborrea y acento. Es cierto que hay que modernizar ciertos aspectos de nuestra identidad, para poder aprovechar el talento que ha surgido y que juega afuera. Pero el camino no es trayendo nubarrones del espacio exterior. Los clubes deben tener un perfil ideal de jugador y de estratega. No pensarlo cada vez que se vaya el que no dio la talla.

Sanguinetti afirmó que se va “sorprendido” por la decisión que lo margina del Bucaramanga, con menos del 40 % de rendimiento, 27 goles recibidos, planteando mal los partidos, leyéndolos peor, demorado en los cambios y jugando literalmente pésimo. Así le fue también en un grande albirrojo hace poco, pero recibió otra oportunidad para seguir imprimiendo su timidez y confusión. Su caso no es el único, y probablemente seguirá repitiéndose con los directivos que manejan nuestras instituciones y toman pésimas decisiones.

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