El retiro de un grande del tenis colombiano

Alejandro Falla, un modelo a seguir

A sus 34 años, el vallecaucano anunció esta semana que deja la actividad profesional. Se dedicará a enseñar a las nuevas generaciones lo que aprendió a lo largo de su carrera.

Alejandro Falla, uno de los mejores tenistas colombianos de la historia. / AFP

Jorge, el papá de Alejandro, es el responsable de los éxitos de una carrera tenística intachable y que marcó el comienzo de una generación exitosa, quizá difícil de repetirse en el futuro, conformada entre otros por Santiago Giraldo, Juan Sebastián Cabal y Robert Farah.

Alejandro empezó a jugar tenis a los seis años en la ciudad de Popayán, en el club del que eran socios sus familiares. Día a día su padre era quien lo llevaba a los entrenamientos. También se vestía de cortos y cogía la raqueta en el colegio Los Andes de San Fernando, de donde se graduó en 2001.

Pete Sampras y Boris Becker fueron los ídolos que lo inspiraron para ser tenista. Cada día en los entrenamientos quería repetir sus movimientos. El saque, la manera de moverse en el fondo de la cancha y el drive. Gracias a que era zurdo, pudo desarrollar desde que era muy pequeño un buen servicio, con efecto hacia fuera, el cual le funcionó para lograr los más grandes éxitos de su carrera.

Desde pequeño los resultados lo acompañaron. De hecho, cuando tenía 16 años, era la raqueta número uno de Suramérica en su categoría. A los 18 años fue raqueta tres del mundo, incluso llegando a ser campeón del Roland Garros Júnior, en 1999. En torneos Challenger Series consiguió 13 títulos. Como profesional no consiguió ningún ATP. Sin embargo, se pudo dar el lujo de vencer a varios Top 10, como el ruso Nikolay Davydenko (6 del mundo), el estadounidense Mardy Fish (8), el alemán Tommy Haas (9) y el estadounidense John Isner (10).

Aunque sus críticos aseguran que le faltó mentalidad ganadora en momentos claves, siempre fue un profesional que se entregó al máximo al tenis. Cada entrenamiento lo hacía a tope y él siempre fue el primero en darse palo cuando las cosas no salían bien. Por ejemplo, se recuerda cuando estuvo muy cerca de vencer a Roger Federer, en Wimbledon 2010, pero se vino abajo cuando sólo debía dar la puntada final.

Alejandro estuvo presente en 27 confrontaciones de Colombia en Copa Davis y participó en el proceso de llevar al país desde el Grupo 2 de la Zona Americana hasta los play off para la búsqueda de ascenso al Grupo Mundial. Todos los compañeros de su generación lo reconocen como el “hermano mayor”, aquel que marcó el paso e indicó cuál era el camino. Ahora su legado queda y será motivo para que empresas como Colsánitas u otras privadas sigan apoyando nuevos talentos que puedan seguir sus pasos para superarlos. Su motivación, aparte de su familia, será enseñar.

Falla nunca protagonizó escándalos ni generó noticias diferentes a las de su carrera profesional. De hecho, es ejemplo de superación y persistencia, pues en tres oportunidades debió comenzar de cero tras superar graves lesiones. Su mejor escalafón ATP fue 48, y si no escaló más fue justamente por culpa de sus problemas físicos.

“Le di todo lo que tuve a mi país, a esta Colombia que representé semana tras semana durante casi dos décadas. Tengan la certeza de que se lo seguiré entregando desde cualquier lugar en que me encuentre. Gracias a todos. Gracias por tanto”, dijo entre lágrimas este caleño que todavía tiene mucho para aportarle al deporte.

Su esposa y sus hijos son su gran motivación: tal vez alguno de ellos sea quien pueda continuar enalteciendo el apellido Falla. Eso sí, algo que siempre promoverá será el apoyo hacia el deportista colombiano, independientemente de los resultados. “A veces la prensa fue muy dura conmigo. Siempre recibí las críticas de buena forma. Con la misma facilidad con la que nos suben a la cima, nos bajan cuando las cosas no salen como la gente quiere. Eso tiene que cambiar y daré todo para aportar a que eso se dé”, confesó Alejandro Falla, un modelo a seguir como tenista y persona.