Andy Murray: El único

Solo él ha sido número uno en la misma época de Roger Federer, Rafael Nadal y Novak Djokovic. El primer hombre en ganar dos oros olímpicos en sencillos y el británico que volvió a ganar un grande después de 76 años. Con apenas 31 años anunció su retiro debido a las lesiones.

Andy Murray el día que ganó su segundo Wimbledon, en 2016./ AFP

El 13 de marzo de 1996 cambió para siempre la historia del pueblo escocés de Dunblane. Un loco perturbado, Thomas Watt Hamilton, entró al gimnasio de la escuela primaria y disparó contra los niños y profesores que estaban ahí. Asesinó a 17 personas y luego se pegó un tiro en la cabeza. En ese lugar se encontraban Andy Murray y su hermano Jamie. Justo iban caminando hacia el gimnasio, pero al oír los disparos salieron corriendo hacia la oficina del director académico para esconderse debajo del escritorio.

Ese episodio marcó la vida de Andy Murray, quien encontró en el tenis el refugio para reponerse a esa situación. En ese mismo pueblo, escenario de la matanza, nació el 15 de mayo de 1987. Creció en una familia de deportistas: su abuelo materno jugó al fútbol profesional como defensor en los equipos Hibernian, Pebbles Rovers, Stirling Albion y Cowdenbeath. Su hermano, Jamie, también es tenista y por eso desde niño fue el preferido por Judy Murray, su madre y entrenadora. “Andy era malísimo cuando empezó. Pensé que era un ‘sin talento’ y creía que Jamie era mucho mejor”, confesó la mujer que luego lloró cuando Andy consiguió la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Londres 2012, el título del US Open en ese mismo año y los de Wimbledon en 2013 y 2016.

(Le puede interesar: El llanto de Andy Murray al anunciar su retirada del tenis).

Solo un hombre ha sido capaz de desbancar a Roger Federer, Novak Djokovic y Rafael Nadal del número uno. Solo un hombre rompió la sequía de 76 años sin un título de Grand Slam para los británicos. Solo un tenista ha ganado dos oros olímpicos en sencillos. Solo un hombre: Andy Murray, el sucesor de Fred Perry, el hijo de una madre entregada que jamás pensó verlo llegar tan lejos.

El niño de la casa se transformó a pasos acelerados en un hombre y ya con una raqueta en la mano se sentía fuerte. Cada golpe lo daba con las ganas de revertir todo el sufrimiento de aquel día en el que vio morir a algunos de sus compañeros de clase. También con la motivación de ser el símbolo del renacimiento del tenis británico, que no sonaba desde los éxitos de Fred Perry en los años 30.

La madre de Andy lo mandó, con 15 años, a Barcelona para que aprendiera a jugar en polvo de ladrillo, superficie impracticable en el Reino Unido. A las órdenes de Emilio Sánchez Vicario se pulió. El contraatacador que no da una bola por perdida, el luchador nato, el revés paralelo que ha causado estragos y el puño en alto que levantaría en 45 ocasiones, tantas como títulos consiguió en su carrera.

Considerado un perdedor en sus inicios, cayó en sus cuatro primeras finales de Grand Slam, desde 2008 hasta 2012, quedándose a una del récord de Fred Stolle, quien entregó cinco. Pero la racha se rompió en el US Open de 2012, meses después de vencer a Roger Federer en el All England Club en los Juegos Olímpicos de Londres, donde también se hizo con la plata en la modalidad de dobles mixtos.

(Lea también: Andy Murray se retirará del tenis en 2019).

Murray ya sabía lo que era perder una final de Wimbledon y necesitó un año más. En 2013, Djokovic mandó un revés a la red y Murray, encogido por la emoción y el sufrimiento, dejó caer la raqueta al suelo, se quitó la gorra y con los brazos en alto aplaudió. Una imagen para la historia, un fundido abrazo con el serbio, las lágrimas de su madre en la grada, la impasibilidad de su técnico Ivan Lendl y él llorando sobre la hierba de la Catedral, su Catedral.

Otras tres derrotas en finales precedieron a su mejor año en la élite. Un 2016 en el que sumó nueve títulos, entre ellos su segundo Wimbledon y la Copa de Maestros, además del oro olímpico en Río de Janeiro. El último día del calendario ATP, firmó el número uno del mundo. También había logrado en 2015 la ensaladera de la Copa Davis con Gran Bretaña. Tocó el techo y cayó de la manera más injusta para un deportista. Abarrotado por las lesiones.

Tras ser eliminado en cuartos de final en Wimbledon 2017, Murray, que venía completando una campaña irregular, se vio envuelto en una espiral de lesiones. Trató de evitar la cirugía en su malograda cadera, pero no volvió a empuñar una raqueta en todo el año.

Al quirófano llegó a principios de 2018 y no regresó a las canchas hasta el torneo de Queens, en junio, con derrota. Siete victorias en todo el año lo llevaron a parar en agosto. Un retorno que nunca volvió a ser el esperado y que lo ha apartado de Djokovic, Nadal y Federer.

Se cansó de sufrir. Anunció que intentará alargar su carrera hasta el torneo de Wimbledon de este año para despedirse en casa; sin embargo, dejó abierta la posibilidad de que su adiós sea una vez termine este Abierto de Australia, en el que enfrentará en primera ronda a Roberto Bautista, número 22 del mundo. Se va el único.