“El simple hecho de estar en Wimbledon es una gran noticia”

El ganador de ocho títulos de Roland Garros, afronta desde mañana el tercer Grand Slam del año, justo el torneo en el que se lesionó en 2012.

El tenista español Rafael Nadal, reciente campeón del Roland Garros por octava vez, se enfrenta desde mañana al desafío de Wimbledon, tercer Grand Slam de la temporada, al que llega con la mayor ilusión del mundo y con todas las posibilidades de ganar “si adapto la agresividad con la que jugué en París”.

“Llego sin haberme entrenado en hierba y es una superficie que tienes que entender, aprender de nuevo a saber cómo jugar los puntos y enfocar de manera correcta determinadas situaciones”, dijo Nadal, quien podría enfrentarse al suizo Roger Federer en cuartos de final.

Antes de jugar en Londres en primera ronda contra el belga Steve Darcis, Nadal analizó así su última hazaña en el Roland Garros.

¿Qué se siente cuando un contrario lo lleva al límite, como Novak Djokovic en semifinales de París?

Lo único que siento es que hay que aguantar un poco más. Esa es mi única sensación. “Resiste un poco más, que no sabes hasta dónde va a resistir el otro. Estoy muy mal, pero a lo mejor el otro también está al límite. Intenta forzarlo un poco más para ver si terminas ganando”. Ese esfuerzo extra siempre merece la pena, ganes o pierdas. Es un tema de satisfacción personal al volver al vestuario. No tiene precio. Son sensaciones muy complicadas de explicar.

Se niega a perder...

No es negarme a perder, es negarme a tirar la toalla. Eso es lo que me hace feliz cuando termina todo: saber que he hecho todo lo que he podido.

La mayoría, lógicamente, prefiere sufrir lo menos posible. ¿Dónde nace la diferencia?

De la ilusión por lo que haces, de la pasión por lo que haces. De todo lo que te ha costado llegar hasta ahí, que hace que no quieras rendirte porque sabes lo que te ha costado llegar. Es un sufrimiento físico, es un sufrimiento mental. Verdad... Pero al fin y al cabo estás jugando en una central de Roland Garros, tu sueño desde pequeño, estás viviendo un partido que sabes que es especial, que sabes que pase lo que pase será uno de los partidos del año por lo que significa. ¿Es un sufrimiento? Sí, pero también es un regalo y una alegría poder estar ahí en ese momento.

Antes, para sentirse competitivo necesitaba entrenarse y jugar mucho. Conquistar Roland Garros con sólo ocho torneos en un año demuestra que ya no. ¿Ese resultado reivindica su calidad técnica por encima de su mentalidad y su fuerza física?

Es una evolución lógica de la carrera. Cuando uno se hace mayor, tiene las cosas más automatizadas, el juego más hecho, no necesita tanta preparación. Sinceramente, lo del tema mental y físico es fantástico tenerlo a nivel de valores, claro, y de cara a vender esa idea también es muy positivo. Creo que mental y físicamente es verdad que he sido un jugador esforzado, que siempre he intentado superarme. Aparte de la lucha y la entrega, ese valor, como la ilusión por mejorar, es un valor mental muy importante... pero no se puede conseguir lo que he conseguido sin todo lo demás, sin tener un gran drive, un gran revés o un gran control de pelota. A veces nos olvidamos de resaltar esas cosas porque se resalta lo demás.

No se puede ganar sin raqueta, ¿no?

La fuerza mental y la fuerza física te ayudan en un momento dado del partido, pero para ganar el cómputo global de los partidos lo ganas con el tenis y no con la mente. Partidos con la mente los puedes ganar como el otro día en semis contra Djokovic, pero para ganarlo con la mente tienes que llegar a la situación límite, y a esa situación límite tienes que llegar tenísticamente. El tenis es lo que me hace llegar hasta donde he llegado y la fuerza mental es lo que me ha hecho conseguir ese extra de cosas que no habría conseguido sin ella.

¿Que no se aprecie su técnica es por un problema de estética, por no tener un revés a una mano como el de Federer?

Si les pregunta a mis rivales le dirán que tenísticamente tengo muchas cosas especiales. Quizás siempre se ha resaltado más la fuerza mental porque he jugado muchos partidos largos, en los que he remontado, muy igualados hasta el final. Este tipo de partidos son los más recordados, es lógico, y mi estilo de juego, de lucha, ha favorecido que este tipo de partidos haya ido de la mano con mi carrera. Un Federer, por su forma de jugar, más a tres tiros, no ha tenido esos partidos tan largos en su carrera. Técnicamente, no hay ninguna duda de que es mejor que yo, pero yo también soy mejor que la gran mayoría. Si no, no habría podido estar aquí.

“El deporte sin metas es una estupidez”, ha dicho usted.

Son cosas que siempre he pensado y vivido. Hay que ser realistas: jugar al tenis sin un objetivo... vale. Le doy con una raqueta y paso por encima de la red una pelota. ¿Qué significado tiene? Muy poco. En sí es estúpido. Los deportes en general son estúpidos si uno no los lleva al máximo. Lo máximo es jugar con un objetivo, con una pasión. La gente se equivoca muchas veces. Dice: “Lo que le encanta es ganar”. A mí lo que me encanta es el esfuerzo, la concentración de intentar hacerlo lo mejor posible. Me gusta ganar, pero lo que me llena es tener la sensación de hacerlo lo mejor que puedo. Si no, no le veo el sentido al tema.

¿Cómo le sienta que sus propios compañeros en el vestuario lo vean como un ídolo? En Madrid habló con Horacio Zeballos, le deseó suerte y él reaccionó alborozado: “¡Me bendijo el papa!”.

No me lo imagino. Sinceramente, me siento cercano a cualquier jugador, especialmente a los que hablan español, porque la relación es más sencilla. No creo que ellos me vean como tal. No lo sé. Yo me siento una persona cercana y creo que me ven así.

Ahora vuelve a Wimbledon, de donde salió lesionado en 2012...

El año pasado fui a Wimbledon sin estar bien, estando lesionado, jugué infiltrado. Intenté hacer el esfuerzo por todo lo que significa ese torneo para mí. No pudo ser. Todo lo que quise intentar ahí era demasiado límite. No me afectó negativamente en todo lo que iba a pasar después. Este año, el simple hecho de estar en Wimbledon es una gran noticia. Es un torneo precioso, que me encanta. Aunque no llegue bien preparado, el simple hecho de estar ahí me llena.

Le limpia la cabeza.

Me llena, me gusta la sensación de pisar la hierba, de jugar en aquellas pistas, que es una sensación diferente. Para mí, sea cual sea el resultado, siempre vale la pena. ¿Llego peor preparado que otras veces? Sí, pero siempre todo se resume en lo mismo: llegar sano, bien físicamente, porque mentalmente creo que voy a llegar bien. Luego, si consigo tener la suerte de pasar algunos partidos, quizás entonces el hecho de no haber jugado un torneo antes se convierta en algo positivo por todo lo que significa de frescura mental. Ahí todos los partidos son muy difíciles, es el torneo con más incertidumbre del año. La confianza de haber ganado en Londres me da ese extra que te puede permitir jugar bien ahí.

El Nadal de 2008, que sólo le permitió cuatro juegos a Federer en la final de París, ¿es mejor que el de 2013?

¿Tenísticamente hablando? Puede ser. Hay momentos y momentos. El de 2008 tenía cosas que no tiene el de 2013 y el de 2013 tiene cosas que no tenía el de 2008. Si hablamos de puro Roland Garros, quizás sea el mejor que he jugado en mi carrera. Lo que hay que analizar es la globalidad. En 2008 estaba en un lugar en el que hoy, por resultados, probablemente sigo estando. Son cosas que están en el pasado. Voy mirando hacia adelante.

¿Cuál es el mejor consejo que le dieron durante su lesión?

Cuando he estado parado he tenido la suerte de tener la familia alrededor, que es muy importante. También a mi equipo, que me ha ayudado a seguir trabajando con la ilusión y la mentalidad necesarias para no perder la forma. He tenido amigos y patrocinadores que han seguido confiando en mí. Eso ha sido una fuente de confianza muy importante.

Ha pedido que se haga público el número exacto de controles que se le hace a cada tenista. ¿Le ha molestado que durante su baja hubiera quien pudiera entender que estaba desaparecido?

No me gusta cuando sale un jugador y dice: “Me controlan demasiado poco”. Fácil quedar bien. O decir, me controlan demasiado. Me controlan esto. Tantas veces. Que se haga público. Así no creas la duda, ni esa sensación de que uno queda bien porque dice que lo controlan demasiado poco y otro queda muy mal por decir que lo controlan demasiado. Lo lógico sería que todo fuera público, y así no hay ninguna pregunta. No he estado desaparecido en ningún caso. Todo el mundo que me ha querido encontrar ha sabido dónde encontrarme: en mi casa y trabajando.

 

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