Las lesiones son ahora más habituales

¿El tenis de hoy perjudica a los jugadores?

El retiro de Rafael Nadal, en el partido de cuartos de final del Abierto de Australia frente a Marin Cilic, abre de nuevo el debate sobre lo apretado que es el calendario y la exigencia física que representa.

Nadal antes de retirarse en su partido por los cuartos de final del Abierto de Australia.AFP

Una mueca de dolor, más intensa cuando el fisioterapeuta le tocó la rodilla derecha. Rafael Nadal intentó mantenerse serio, sobrio, pero la tortura no lo dejó. Aún no se sabe qué lo hizo padecer más: el no de su cuerpo o el no que le dijo al juez del partido antes de darle la mano a Marin Cilic cuando apenas comenzaba el primer set. “No podía moverme y la pierna se quedaba bloqueada”, dijo en la rueda de prensa el español tras el octavo abandono en mitad de un partido en su carrera. De nuevo el interrogante: ¿El circuito ATP será muy rígido con los jugadores? Y esta pregunta no nace sólo por lo que le ocurrió al número uno del mundo, sino por lo que ha pasado en los últimos años con los máximos referentes de este deporte.

Empecemos por Roger Federer, el suizo ajeno a las lesiones durante gran parte de su carrera, el hombre que siempre defendió la preparación física y mental para atajar la vulnerabilidad del cuerpo. En 2016, con 18 años de viajes, torneos, partidos y más partidos, tuvo que poner un alto a su calendario por molestias en la rodilla izquierda, la cual se había operado a inicios de temporada y que lo dejó sin jugar desde la semifinal de Wimbledon que perdió con Milos Raonic.

Otro que también tuvo que hacer una pausa fue Novak Djokovic. El serbio, por allá en julio de 2017, comunicó que se tomaría el resto del año para recuperarse de las molestias en su codo derecho. “Cuanto más juego, peor me va. Nunca en mi vida había sentido tanto dolor”, dijo Nole luego de perder en cuartos de final del tercer Grand Slam del año. Fue la primera vez que el ex número uno del mundo se perdió uno de los cuatro eventos grandes desde que debutó en el Abierto de Australia, en 2005.

Por último está Andy Murray y su lesión de cadera, mucho más seria que las que han tenido sus tres colegas. El británico y su imposibilidad de correr, su frustración por sentir un pinchazo en la cintura al caminar, su decisión de no jugar más en la última parte de 2017. Después de haber sido el número uno del mundo un año atrás, al siguiente cerró diciembre como el 16, luego de perderse la gira asiática, parte de la europea y el Torneo de Maestros. Tal fue el problema, que el escocés tuvo que pasar por el quirófano.

¿Es casualidad que los cuatro hombres que han dominado este deporte en los últimos 15 años hayan sufrido lesiones graves? ¿Que los partidos extensos, verdaderas batallas en las que la mente se encarga de torturar el cuerpo, sean los responsables de una cadena de molestias que cada vez son más comunes en los tenistas? “Es imposible mantener un nivel alto con un calendario que no da respiro. Viajas, juegas, vuelves y viajas y sigues jugando. No hay descanso entre torneos y eso perjudica al deporte en sí”, dijo Nadal por allá en 2008, cuando criticó a la ATP y a la ITF por no llegar a un consenso en cuanto a la planeación de cada temporada. Las palabras del español volvieron a aparecer en 2012, esta vez respaldadas por Djokovic y Murray y criticadas por Federer. “Se quejan mucho”, dijo el suizo luego de que Nadal volviera a atacar a los máximos entes del otrora deporte blanco, acusándolos de no tener en cuenta la parte física de los que en sí dan el espectáculo a lo largo del año.

Lo cierto es que resistir, correr, cada vez más rápido, los acelerones, los frenazos, la agresividad del juego, entre otras cosas, desgastan las articulaciones. Por ejemplo, la rodilla es una de las más afectadas. El síndrome de dolor patelofemoral, la tendinitis rotuliana, la bursitis, además de los desgarros en ligamentos de cartílagos, son las dolencias más comunes para quienes practican este deporte, pues siempre hay que estar con las rodillas flexionadas, soportando la carga del peso del cuerpo cuando corre, en superficies cambiantes, unas más inclementes que otras, y durante largos lapsos de tiempo (un partido en un Gran Slam puede durar entre dos horas y media y cuatro).

Para hacerse una idea de lo apretado que es el calendario, pongamos el ejemplo del Master 1.000 de Indian Wells y el de Miami, los primeros de cada año y que se juegan uno tras otro. Si Federer, Nadal, Murray o Djokovic llegan a la final en el primero, que normalmente es un domingo, al siguiente martes, por tardar el miércoles, deben estar debutando en la segunda ronda del otro. Es decir, terminar luego de muchas horas de trabajo, tomar un vuelo desde California hasta la Florida y empezar a entrenar para el primer encuentro.

Y eso que estamos hablando de las superestrellas, las que procuran proteger las organizaciones de los diferentes eventos. Si se trata de un tenista que juega el circuito de challengers y futuros, la cosa es peor. Partidos cada día, hasta dos por jornada, y eventos seguidos sin una pausa. En conclusión: el tenis está acabando con los tenistas, el formato del juego está aumentando las lesiones (no hay que dejar de lado lo sucedido con Juan Martín del Potro y sus frágiles muñecas y lo de Stanislas Wawrinka y su rodilla izquierda), el clima hostil de la competencia así lo certifica. Puede que para muchos, como Federer antes de lesionarse, sea cuestión de saber elegir los torneos y de prepararse bien, o, para otros, como Nadal y compañía, sea la explotación pura, el no pensar en el bienestar del atleta.

Por ahora las lesiones aumentan, así como la duración de los partidos, porque son más apretados, más parejos, más exigentes. Fatigarse no es permitido y cuando ya se lucha contra lo inevitable, el cuerpo es el que se encarga de decir no más. Y la prueba está ahí, con los mejores lesionándose cada vez más seguido.

@DeportesEE