María Angélica Bernal: sueños sobre ruedas y sin límites

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Esta bogotana de 25 años nació sin la pierna derecha, pero siempre ha estado ligada al deporte. Desde los once años juega tenis en silla de ruedas, actividad en la que es la décima del escalafón mundial y clasificó a los Juegos Paralímpicos, aplazados por el COVID-19.

María Angélica Bernal nació sin la pierna derecha... y sin barreras que no pudiera superar, límites en sus aspiraciones ni temor al éxito. Sí, con la protección de su madre, Nelly Villalobos, y su padre, Miguel Ángel Bernal, quien le inculcó el amor por el deporte. El papá de María Angélica jugó fútbol y tenis, y dos de sus tíos eran entrenadores del deporte blanco. Por eso, a pesar de que practicó patinaje, voleibol, baloncesto y hasta pateó balones, se inclinó por la raqueta.

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Cuando tenía once años, un viento del destino sopló en el rumbo que desde entonces ha sido la vida de la talentosa mujer: el tenis en silla de ruedas. “Un entrenador holandés de esta actividad llegó al país y a través del lugar donde me hacían las prótesis me contactaron para conocerlo, en una serie de prácticas en la sede de El Campín de la Liga de Tenis de Bogotá”, le contó Bernal a El Espectador. Aquel europeo le dijo que tenía buena técnica y que podía jugar de manera profesional, si se sentaba en una silla de ruedas.

“Parada, como había hecho otros deportes, jugaba tenis. Mis papás al principio rechazaron la idea, porque la sociedad ve la silla de ruedas como una limitación. Afortunadamente, en ese tiempo la sede de El Campín era dirigida por mi tía Martha Bernal, que también es entrenadora de tenis. Ella me ayudó, me dijo que sí o sí me tenía que sentar y que me dirigiría los primeros meses”, relató María Angélica, a quien le gustó el hecho de poder ser más rápida en la cancha.

Y con la fuerza que tienen los seres especiales que además del talento le inyectan disciplina a la actividad que aman, Bernal mejoró sus golpes con la raqueta, sus movimientos en los diferentes terrenos y comenzó a ganar, a ganar mucho, a ganar tanto que logró estar el año pasado en los Juegos Parapanamericanos de Lima. Fue a Perú con Tokio en sus pensamientos, con los Juegos Paralímpicos como objetivo.

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Una de las formas que tenía María Angélica de clasificarse a las justas japonesas era ganar la medalla de oro en la modalidad de sencillos. Superó a las rivales que jugaron frente a ella y se colgó el metal más preciado en su pecho y lloró de emoción cuando escuchó el himno colombiano. La meta, lograda. Ahora debía preparase para el que hasta ahora sería uno de los mayores retos de su carrera: Tokio 2020.

Se fue a Estados Unidos a una gira de torneos. En uno de ellos fue subcampeona en sencillos y en dobles, especialidad en la que compitió junto a la alemana Katharina Kruger. Cuando estaba disputando otro, el miedo llegó a ella y a sus rivales, como a miles de millones de personas en el mundo, por la propagación del nuevo coronavirus, la enfermedad que ha ocasionado miles de muertes y ya superó el millón de contagios.

A la luchadora de 25 años le tocó cancelar un viaje a Europa, donde estaría bajo las órdenes del argentino Fernando San Martín, uno de los entrenadores. Tampoco pudo estar en la cancha en Colombia con José Salamanca y Édgar Pinzón, quienes la acompañan desde que decidió practicar el deporte blanco en la silla de ruedas. Como a todos los deportistas que se visualizaban en Tokio, el COVID-19 le modificó sus planes.

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“Ha sido difícil porque venimos trabajando con una meta durante los cuatro años del ciclo olímpico, pero también pienso que es la mejor opción. La cancelación de los Juegos fue la mejor decisión que pudieron tomar, ya que el tema de la pandemia es algo muy complicado por lo que estamos atravesando a nivel mundial. Nos debemos cuidar y ser responsables”, manifestó consciente Bernal, que pasa la cuarentena nacional obligatoria en casa de sus padres, en el barrio Metrópolis, de su natal Bogotá.

Mientras cumple con el aislamiento decretado por el Gobierno, María Angélica realiza trabajo físico en casa con la ayuda de su papá y disfruta de la comida colombiana, a la que tanto cariño le ha tomado en los momentos que ha estado en el extranjero. Se deleita con un ajiaco, una bandeja paisa o un sancocho, mientras escucha tropipop, su género musical favorito, y repasa conocimientos sobre la carrera que está a punto de terminar: Relaciones Internacionales y Estudios Políticos, en la Universidad Militar. Es una persona íntegra, que sobre ruedas es la número 10 del mundo en la clasificación de la Federación Internacional de Tenis (ITF, por sus siglas en inglés). Luego de la tormenta que vive el planeta, irá por la primera posición.

@SebasArenas10 (sarenas@elespectador.com)

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