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María Sharapova o la consecuencia de ser testaruda

La tenista rusa de 32 años anunció su retiro el día de hoy. En sus más de 10 años de carrera logró 36 títulos WTA, de los cuales cinco fueron de Grand Slams.

María Sharapova ganó con solo 17 años su primer Grand Slam. Fue en Wimbledon (2004) que venció a Serena Williams, una de sus máximas rivales en el tenis. EFE

Esos primeros juguetes, objetos e imágenes que vemos, palpamos y disfrutamos en la infancia o la adolescencia tienen el poder o la alta probabilidad de ser determinantes para las pasiones y los oficios que vamos a desarrollar a lo largo de la vida. Maradona no tenía más de cinco años cuando empezó a patear un balón de fútbol; García Márquez supo que las historias y la escritura serían su camino por los relatos de sus abuelos en la infancia y por la literatura de Kafka a la que llegó cuando tenía 17 años.

María Sharapova recibió su primer raqueta cuando tenía cuatro años. Practicaba el servicio con su papá. Cuando no había nadie al otro lado él le señalaba que eso era un “ace”. Ella se preguntaba cómo lo sabía. Su papá fue inteligente para enseñarle la precisión del saque, para que se acostumbrara a ver el punto de victoria sin importar quién estaba del otro lado de la malla. Ella taró un tiempo en entenderlo, pero una de sus virtudes en el tenis sabe que se la debe a quien la acompañó en el amanecer de su pasión.

“El cambio más importante en mi vida se produjo cuando me mudé con siete años, siendo una niña, a vivir a Estados Unidos. La principal razón para mejorar a nivel deportivo, ya que las condiciones en Rusia no eran muy buenas”, afirmó María Sharapova en una entrevista.

Se fue a Bradenton, Florida, en compañía de su papá y mentor. En el deporte tenía un espejo: Anna Kournikova, otra tenista rusa que había logrado ser campeona de dobles en Wimbledon con 16 años. De ahí se afirmó otro elemento importante que se esconde siempre detrás de los grandes referentes en la cultura y el deporte: los ídolos y los que hicieron legado y carrera. Si volvemos a los ejemplos mencionados al principio, Maradona pudo verse en el espejo de Alfredo Di Stéfano, o García Márquez en los espejos de Ernest Hemingway o William Faulkner.

Martina Navratilova, tenista checoslovaca, ganadora de 18 Grand Slams, fue quien descubrió a Sharapova en un torneo de exhibición en Moscú. Con una de las leyendas del tenis femenino fue que la pequeña rusa terminó de apasionarse por el tenis.

 "En cierta manera el tenis es un deporte muy individualista. En la pista estás sola. Tienes un equipo que trabaja solo para ti. Luego ahí en la pista hago mi trabajo. Ahí estoy totalmente concentrada, siempre lo he estado. Nunca me he distraído. Fuera de las pistas tengo una vida completamente distinta; ahí soy otra persona”, contó Sharapova en una entrevista en la que dejó entrever que la grandeza no siempre corresponde a un ego anclado al individualismo, sino a una convicción por alcanzar las añoranzas creadas y reinventadas.

En el tenis y otros deportes individuales cada jugador o jugadora depende de su esfuerzo, de sus ideas, de sus tiempos. Eso mismo lo reconoció la tenista rusa al aceptar que llegó a la cúspide del tenis por “haber seguido mis propias reglas, consejos, tiempos, lo he hecho todo basándome en mi intuición y en lo que creo”. “Todo tiene su tiempo y cada cosa a su tiempo bajo el sol”, dice el proverbio que se trae a colación para señalar la sapiencia que tuvo Sharapova en sus más de 10 años de carrera deportiva para no dejarse llevar por la presión, por la debacle que ella misma anunció el 7 de marzo de 2016 cuando informó que había dado positivo en un test de dopaje. Nunca se sintió culpable y al final todo indicó que la sustancia que tenía en su cuerpo no fue ingerida de mala fe.

“Ganar mi primer Grand Slam a los 17 años también forma parte de los grandes cambios en mi vida”, contó Sharapova. En aquel entonces le ganó a Serena Williams, otra de las leyendas del tenis. Con la estadounidense se enfrentó cuatro veces en finales de Grand Slams, solo ganó la de aquel 2004.

Además de ese Wimbledon, Sharapova ganó un Abierto de Australia, dos Roland Garros y un Abierto de Estados Unidos. En total fueron 36 títulos los que logró cosechar la rusa en toda su carrera como tenista. Todos ellos como resultado de su obstinación, de ese lado testarudo que reconoció alguna vez y que le ha servido a grandes personajes de la historia para convencerse de sus virtudes, del destino de su obra y de la capacidad que hay que reconocer para pasar por encima de los problemas sin que eso signifique destruir a los otros. 

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Andrés Osorio Guillott

Tenis

María Sharapova o la consecuencia de ser testaruda

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