Nadal coge aire

Tras su maratón de segunda ronda (4h 12m), el español solo emplea 2h 2m en ganar 6-1, 6-0 y 7-5 al israelí Sela y llegar a octavos, donde le espera Kevin Anderson (15 del ranking).

Rafael Nadal celebra su victoria en segunda ronda del Abierto de Australia. Foto: AFP

Así se pasa del infierno al paraíso en unas horas. Después de sufrir 4h 12m para ganar en segunda ronda, Rafael Nadal llegó a los octavos de final del Abierto de Australia empleando tan solo dos horas y dos minutos en eliminar (6-1, 6-0 y 7-5) al israelí Dudi Sela, sin argumentos para medirse con el número tres del mundo. Nadal se presentó al partido con la duda de saber cómo respondería su cuerpo a los sudores y mareos anteriores, acunado, esta vez, por la temperatura (20 grados) y la organización, que programó su partido como el último de la jornada, con lo que tuvo más horas de descanso. Sela, que pudo haber competido pensando en que podía haber un resquicio en la armadura del favorito, que quizás estuviera mellado su escudo y roma su espada tras una batalla tan exigente, lo hizo sin el más mínimo convencimiento. En consecuencia, el mallorquín jugará por los cuartos de final contra Kevin Anderson, el número 15 del mundo, un sacador que ganó (6-4, 7-6 y 7-6) a Richard Gasquet (1-0 para el español en el cara a cara).

El campeón de 14 grandes ganó el sorteo y eligió restar, una decisión contracultural que en él ya es tradicional. La medida, que le quita la iniciativa en el marcador, le permite también entrar en juego y empezar a encontrar su ritmo sin arriesgarse a encajar un break tempranero. Nunca fue más válido ese razonamiento que ante Sela. El español, sin referencias tras tantos meses sin competir con continuidad y después de su tortura de segunda ronda, buscó seguridades. Medir distancias. Auscultar las piernas. Sentir la pelota. No pudo salirle mejor. Rompió de entrada. Aceleró hasta un 4-0 en solo 18 minutos. Se apuntó el set en 28. Fue lo más parecido a un entrenamiento en competición, cuando se vio liberadon por la proximidad de la derrota.

Cuando en las escuelas los profesores intenten enseñar a sus alumnos cómo sufría un tenista de revés a una mano contra el drive alto de Nadal, podrán recurrir al vídeo de este partido. Levantando apenas 1,75m del suelo, Sela se descompuso golpeando una y otra vez la pelota por encima de su hombro. Descontrolado. Incapaz de hacer algo con la pelota. Sin poder proponer nada. Desangrado de error en error, el israelí sirvió en bandeja de plata el partido. “¡Déjame al menos ganar una!”, bromeaba a gestos el número 106, superado por tierra, mar y aire.

El número tres mundial no desperdició la oportunidad. Melbourne ya le ha visto pasearse frente al abismo de la derrota y vivir para contarlo. Su victoria ante Sela fue un mensaje para el vestuario, donde con seguridad se escuchó alto y claro: si se planta en la segunda semana del torneo, Nadal aspirará a todo.