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hace 3 horas

Nadal, ocho veces rey

El mallorquín, tras vencer en la final a Nicolás Almagro, logró el título 54 de su carrera y el cuarto de la temporada.

Rafael Nadal, como es su costumbre, muerde la copa que lo acredita como campeón del torneo de Barcelona.  / AFP
Rafael Nadal, como es su costumbre, muerde la copa que lo acredita como campeón del torneo de Barcelona. / AFP

Rafael Nadal vuelve a ser el jugador irresistible que domina la temporada de tierra batida desde su irrupción en 2005. La lesión en la rodilla izquierda que le mantuvo fuera del circuito durante siete meses está olvidada. Desde que el pasado febrero regresó a la competición, ha alcanzado la final en los seis torneos que ha disputado y se ha impuesto en cuatro de ellos. Su progresión es brutal. Y en Barcelona ofreció su mejor versión. Nadal recuperó la confianza, es el de siempre. En la final de Barcelona, ayer, lo demostró, superando a Nico Almagro por 6-4, 6-2, para sumar su octava corona en su club.

Almagro se quedó corto. El murciano salió dispuesto a darlo todo en la pista y lanzó un ataque furibundo, sin tregua desde el primer juego. Fue tal su dominio en los tres primeros juegos, que Nadal sólo consiguió anotarse tres puntos hasta el 3-0. Pero entonces la lluvia apareció con fuerza en la central del RCT Barcelona y Nico pidió que se suspendiera el juego. No estuvo de acuerdo Nadal. Y el juez árbitro le dio la razón. El partido prosiguió, pero algo había cambiado porque Almagro, agresivo y preciso hasta entonces, vio como el balear le arrebataba los tres primeros puntos del cuarto juego y le rompía el saque por primera vez.

De ahí al final de la manga, Almagro ganó sólo otro juego. ¿Jugó mal? No. Siguió ajustando sus golpes, continuó repartiendo el juego a uno y otro lado con sus potentes drive y revés de fondo, abrió ángulos increíbles. Pero las condiciones habían cambiado, la pista era más lenta y pesada, sus tiros hacían menos daño y enfrente tenía ya a otro tenista. El Nadal de los primeros juegos había desaparecido para dejar paso a su versión más agresiva, más combativa. El heptacampeón de Roland Garros tenía ganas de seguir mandando en el Open Banc Sabadell, quería agregar su nombre en el palmarés por octava vez, en los nueve años que ha disputado el torneo. Y Almagro no encontró la forma de pararle.

Es cierto que el murciano bajó un poco su porcentaje de aciertos, pero siguió compitiendo a un altísimo nivel en la segunda manga. No el suficiente. Frente a un Nadal entonado, motivado y en confianza, Almagro necesitaba rendir al 100% y ofrecer, además, un plus de motivación. Sin todo eso, la distancia entre el número cinco del mundo y el 12 es todavía muy grande. Tal vez no en golpes, porque Almagro es de los pocos jugadores capaces de desbordar a Nadal y de dominar los puntos. Sea cual sea su rival, el murciano marca el ritmo y lleva la iniciativa. Así, con esta solvencia y con esta confianza, fue como se clasificó para la final dejando en su camino a Granollers, Mónaco y Kohlschreiber, sin ceder ni una sola manga.

Pero Nadal le exigió algo más. Le obligó a pensar que necesitaba otro golpe ganador, que con los habituales no le bastaba, que él seguía ahí en situaciones en las que otros ya se habían rendido. Y ese cambio mental pesó en exceso en la cabeza de Almagro. A sus 27 años, el murciano está bragado en grandes batallas. Posee 21 títulos, tiene nivel de top-ten (fue 9º en 2011) y se ve capaz de ganar a los mejores. Pero por ahora no lo consigue. Lleva 10 derrotas contra Nadal, cinco derrotas ante Federer, ha perdido 13 veces contra David Ferrer y sólo cuenta con una victoria sobre Murray (en Roland Garros 2008) en cuatro enfrentamientos. Por eso aún no ha ganado ningún Masters 1000 y no ha llegado más lejos de los cuartos de final en el Grand Slam. Por eso perdió la final del Open Banc Sabadell. Almagro aún no ha dado el gran salto, le falta consistencia. Pero tiene calidad para lograrlo algún día. Nadal está instalado en la cumbre.

El País, Barcelona

 

 

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