Papá Federer

Camino de los 34 años y con 85 títulos en su expediente, el suizo prioriza seguir conociendo mundo y su paternidad por encima de todo.

Roger Federer después de ganar el torneo de Estambul Foto: AFP

Por el mero deseo de viajar, de abrir la mente y ampliar horizontes, Roger Federer considera que aún no es el momento oportuno para colgar la raqueta. Camino de los 34 años, el número dos del mundo encuentra en la movilidad permanente del circuito el mejor vehículo para seguir conociendo lugares y exprimiendo la vida, así que a la leyenda aún le quedan pasajes. El pasado domingo, en Estambul, el suizo elevó el 85º de su carrera después de batir en la final al uruguayo Pablo Cuevas por 6-3 y 7-6.

Era la primera vez que Federer pisaba la arena turca. Pero la elección, su elección, no tenía nada de casual. El torneo, menor –de categoría 250–, suponía algo más que otro marco para continuar con la puesta a punto del campeón de 17 grandes. Ganó, un hecho poco novedoso. Más lo fue verle entre la multitud de turistas que deambulaban por algunos de los rincones más emblemáticos de la capital otomana.

El suizo y su equipo visitaron el museo de Santa Sofía, compraron diversos souvenirs en los mercados aledaños y también navegaron por las aguas del Bósforo con un paseo en barco. “Me sentí como un turista. Todavía siento que soy muy joven y aún puedo descubrir muchas ciudades. Esa es una de las razones por las que todavía sigo en el circuito”, reconocía el suizo en unas declaraciones a la ATP.

Después de 17 años, el helvético disfruta más que nunca del ir y venir y de las pequeñas grandes cosas. Entre ellas, el poder pasar el mayor tiempo posible junto a sus niños, las gemelas Myla y Charlene, de cinco años, y los gemelos Leo y Lenny, cuyo nacimiento, el 6 de mayo del año pasado, hizo que descartase participar en Madrid para estar junto a su esposa Mirka durante el alumbramiento.

Al igual que el escocés Andy Murray –ganador el pasado fin de semana de su primer trofeo sobre tierra batida, en Múnich–, Federer desembarcó ayer por la mañana en Madrid. Acto seguido se dirigió a la Caja Mágica para entrenarse, formando el revuelo correspondiente, y por la tarde cumplió con un compromiso publicitario en el barrio de Salamanca. Hoy se enfrentará al australiano Nick Kyrgios, ese gigantón australiano que derribó en 2014 a Nadal en los octavos de Wimbledon; pero antes, una nueva muestra de afecto a sus retoños. A última hora del día, tomó un vuelo privado y se desplazó hasta su residencia oficial, en Suiza, para celebrar el cumpleaños de sus gemelos. Allí se había desplazado también el lunes, desde Estambul, en lugar de poner rumbo directamente a la capital española.

Queda clara, pues, la nueva escala de prioridades de Papá Federer: hijos, viajes, tenis. Y, por el trayecto, un reguero de victorias. En este último sentido, la vida de Roger sigue como siempre.

 

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