La rabia de Novak Djokovic

El tenista descargó la impotencia contra su raqueta tras cometer una serie de errores no forzados ante el español Roberto Bautista.

Novak Djokovic destroza su raqueta tras perder el primer set. Foto: AFP

El tenis es un juego de estado físico y perfección. Y en los últimos años quien ha dominado a placer este deporte a nivel mundial es el serbio Novak Djokovic, el tenista de Belgrado ha llevado el juego a otro nivel y pocos han podido imponerse sobre él. Pero hay días en los que no todo sale como se planea y este sábado fue uno de ellos para el número uno del mundo, quien quedó eliminado del Masters 1.000 de Shanghái tras perder contra Roberto Bautista.

La impotencia del serbio se notó a lo largo del encuentro, sus contantes recriminaciones contra su juego, las caras de molestia y los gritos de rabia guardados explotaron cuando perdió el primer set. Su raqueta fue la que pagó toda la amargura reprimida. Quedó hecha pedazos. El tenista la golpeó hasta el cansancio contra el suelo.

Pero no fue la única reacción de Djokovic. También se desquitó con su camiseta. Constantemente la estiró, la mordió hasta que tras perder un punto en el ‘deuce’ del quinto game del segundo set la rasgó. Tanta era la frustración que dañó su camiseta. También peleó repetidamente con el juez Carlos Bernardes sobre las pelotas en la línea y por una infracción de exceso de tiempo cuando se cambió la camisa rasgada. Continuó el intercambio verbal, incluso después del partido.

“Las cosas van en el sentido inverso al que desearía, pero ha sido una lección. Cada día es una lección, aprendemos más de estos días y de este tipo de partidos que de las victorias”, dijo Djokovic tras quedar eliminado. “Debo concentrarme de nuevo. Es un periodo de transición y puede que se deba al elevado número de partidos que he jugado en los últimos 20 meses. Me tenía que pasar un día u otro, sé que no puedo jugar a mi mejor nivel todo el tiempo”, añadió.

Djokovic ha hablado en varias ocasiones esta semana acerca de que trataría de calmarse en la cancha y se reencontrar su alegría interior por el juego, después de un par de años que lo dejaron agotado emocionalmente. Durante su partido de cuartos de final, incluso se puso a tararear para tratar de controlar su ira. El serbio tuvo muchos problemas para controlar sus errores por segundo partido consecutivo, con fallidos golpes de fondo y hasta dejadas de rutina. Acabó con 29 errores no forzados.

 

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