Sharapova: un imperio a la baja

Los patrocinadores abandonan a la rusa, tras dar positivo.

María Sharapova, la tenista más asediada por los medios. / EFE

María Sharapova confesó. La rusa, de 28 años, admitió que había dado positivo en un control efectuado en la última edición del Abierto de Australia, en enero. El anuncio generó una conmoción en el mundo del tenis, pero también una inquietud en el emporio comercial que envuelve a la tenista más mediática de la última década.

El golpe para Sharapova fue de magnitud doble. En lo deportivo, el nombre de otra figura de primer nivel volvía a mancharse, y en lo económico, la siberiana se expone a la pérdida de sus socios publicitarios. El primero de ellos, Nike, la multinacional estadounidense que le suministra material desde los 11 años. Entonces firmó su primer contrato con la marca de Oregón, que después de conocer el positivo de la atleta reaccionó de forma fulminante, deshaciendo el vínculo con la rusa.

“Estamos entristecidos y sorprendidos. Hemos decidido suspender nuestra relación con María mientras la investigación continúe. Seguiremos controlando la situación”, comunicó la firma. Hace seis años, en 2010, Nike y Sharapova acordaron una renovación que reportaría 70 millones de dólares a la rusa, uno de los grandes símbolos de la multinacional. En Times Square, Picadilly Circus o las avenidas de París; allí donde haya soportes publicitarios, a menudo se podía ver a Sharapova luciendo su ropa.

Pero Nike, que hace tres semanas también dejó de patrocinar al boxeador filipino Manny Pacquiao por sus comentarios homófobos –“son peores que los animales”, dijo–, no es la única. Masha tiene también acuerdos con Head, especializada en prendas de tenis y raquetas, pero también con otras marcas que poco tienen que ver con el deporte. Por ejemplo, con Cole Haan (zapatos y accesorios femeninos), Evian (agua mineral francesa), American Express (banca), Avon y Supoergoop (cosmética) o Porsche, la firma de carros alemanes que siguió ayer la senda abierta por Nike. A mediodía, la compañía, que además se había comprometido a sustentar un torneo propio de la tenista, celebrado en diciembre en la Universidad de UCLA (Los Ángeles), comunicó: “Lamentamos las noticias sobre María. Hasta que no sepamos más detalles y seamos capaces de analizar la situación, suspendemos las actividades”.

Poco antes, Tag Heuer, fabricante de relojes de lujo, se había desmarcado de la deportista de oro, con la que inició una relación hace 12 años y con la que había sellado un nuevo contrato el 31 de diciembre. Pero, “en vista de la situación”, precisó la firma suiza en otra nota, “hemos suspendido las negociaciones y no renovaremos el contrato”.

Se va desmoronando así el imperio comercial de Sharapova, todo un filón mercadotécnico. Apoyada en un físico imponente, en su 1,88 y su melena rubia, la jugadora nacida en Niagan y afincada en Estados Unidos desde que tenía siete años cerró el curso pasado (por undécimo año consecutivo) como la deportista que más ingresó en todo el planeta, pese a que hoy día ocupa el séptimo peldaño del ranquin mundial y que esté a años luz, competitivamente, de Serena Williams, a la que solo ha sido capaz de derrotar dos veces (las dos en 2004) en 21 encuentros con la número uno.

La rusa percibe 29,7 millones de dólares anuales. Sin embargo, su inyección económica principal no procede del tenis (6,7 millones de dólares), sino de los patrocinadores (23 millones de dólares), que ahora, poco a poco, la van abandonando. En 2012 creó la empresa Sugarpova, dedicada a la venta de golosinas en tiendas exclusivas y hoteles de todo el mundo. El desembolso inicial fue de medio millón de dólares (450.000 euros) y actualmente está valorada en 20 millones de dólares.

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