Leyenda del tenis

Simplemente Roger Federer

El suizo de 36 años se proclamó campeón del Abierto de Australia, al vencer 6-2, 6-7, 6-3, 3-6 y 6-1 al croata Marin Cilic. Llegó a 20 títulos de Grand Slam. Nadie como él.

Roger Federer se emocionó hasta las lágrimas al conseguir el título del Abierto de Australia 2018. / EFE

Considerado el mejor jugador de todos los tiempos, Roger Federer, quien alcanzó 20 títulos de Grand Slam al ganar el Abierto de Australia 2018, es un fenómeno de longevidad, capaz de ofrecer su mejor versión camino de los 37 años. Se veía más cerca su retiro que la posibilidad de verlo nuevamente en lo más alto del tenis mundial; sin embargo, como él no hay nadie y siempre sorprende. La perfección no existe, pero Federer hace creer que sí.

Con este triunfo 6-2, 6-7, 6-3, 3-6 y 6-1 sobre el croata Marin Cilic, Federer, quien cumplirá 37 años el 8 de agosto, continúa desafiando el tiempo. Es el segundo vencedor de Grand Slam de más edad, tras el australiano Ken Rosewall (37 años en 1974).

La distancia que separa su primer título grande del último es de 14 años y medio. En 2003 ganó Wimbledon y ahora Australia. En su larga lista de récords también manda en número de participación en grandes, con 72. Una máquina que ha superado lesiones y momentos duros personales que no han podido rendirlo.

¿Cuál es la receta para tocar la excelencia camino de los 40 años? El primer ingrediente es la pasión que siente por el juego. Mientras otras leyendas lo dejaron antes, como el sueco Björn Borg, que se retiró con 26 años a principios de los 80, mermado por las exigencias del circuito, Federer parece disfrutar como un juvenil. El tiempo pasa, pero él parece cada vez con más fuerzas para seguir, con motivaciones diferentes que le permiten querer ser el mejor.

Para mantener la ambición, Federer confiesa que las claves son “no jugar demasiado y tener un gran equipo a mi alrededor. Mi mujer en particular, sin su apoyo, no jugaría hace mucho tiempo. Ella me ayuda mucho y hace un gran trabajo con los niños. Esta vida no podría ser sin ella”, confiesa.

Vive en un equilibrio familiar que creó hace mucho tiempo con su esposa Mirka, a la que conoció en los Juegos de Sidney 2000. Es padre de dos parejas de gemelos y la estabilidad parece que le facilita mantenerse en la élite.

Además, el suizo ha demostrado tener un físico excepcionalmente resistente. Sin prácticamente lesiones durante su carrera, sufrió su primera operación en 2016, en una rodilla, a los 34 años. Además de eso, algunos problemas de espalda. Una gran diferencia con su histórico rival Rafael Nadal, cuya también excepcional carrera ha estado marcada por los problemas físicos de diferente gravedad. Hasta Roland Garros 2016, Federer había disputado 65 torneos del Grand Slam de forma consecutiva, sin perderse ninguno.

Normalmente se dice que su estilo ofensivo le permite economizar esfuerzos, pero su manera de atacar la bola a toda velocidad y sus precisos golpes demandan también mucha energía a sus músculos y articulaciones. Es cierto que siempre rehúye las batallas desde el fondo de la pista. El año pasado fue más allá y directamente renunció a toda la gira de tierra batida.

Economizar energía es su receta. Se mezclan también cualidades naturales, suerte, profesionalismo y en las últimas temporadas una impecable gestión de sus apariciones. Para curar su rodilla Federer no compitió entre julio de 2016 y enero de 2017. El resultado superó cualquier previsión. No ganaba un grande desde 2012 y fue capaz de encadenar Australia y Wimbledon en 2017. El año pasado sólo jugó 12 torneos, con un resultado de ocho títulos, 59 partidos ganados y cinco perdidos.

Con tales resultados, se ve lejano su retiro. Es más, podría estar pensando en nuevos retos, como la medalla de oro de individuales, que se le resiste, y a la que podría aspirar en los Juegos de Tokio 2020.

“He ganado tres trofeos del Grand Slam en 12 meses, no lo hubiera creído. Hace falta que siga teniendo hambre y que cuide mi planificación. La edad no es un problema en sí misma. Tengo momentos excitantes por vivir”, finalizó la leyenda. Simplemente Roger Federer.