Yannick Noah, el cantante que ganó Roland Garros

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El extenista francés, que festejó en París en 1983, siempre tuvo un vínculo muy cercano con el reggae. Desde su victoria sobre Mats Wilander, ningún jugador local ha vuelto a triunfar en el segundo Grand Slam de la temporada.

Cuando Arthur Ash conoció a Yannick Noah, en 1970, el estadounidense no solo vio a un posible sucesor en el circuito, sino a alguien que mantuviera la incursión de jugadores de color en un deporte diseñado y concebido, desde sus comienzos, para blancos. Noah tenía 10 años y manejaba tan bien la raqueta de tenis que el consejo de Ash a sus padres fue claro: “tiene que regresar a Francia si quiere ser profesional y vivir de esto”.

Ash vio por primera vez a Yannick en una exhibición en Camerún, donde estaba radicada la familia Noah (el papá era futbolista). A pesar de ser delgado, quizá un poco enclenque, el estadounidense se sintió identificado y, sobre todo, sorprendido por la manera de correr y por el tiempo en el que podía hacerlo sin tomar descanso. Lo más curioso es que el niño, en ese entonces, no quería ser tenista sino cantante de reggae.

“Siempre andaba saltando y bailando en la casa. Y prendía la radio y duraba horas cantando”, diría su madre Marie- Claire luego de que ganara Roland Garros en 1983 tras superar en la final al sueco Mats Wilander, campeón del año anterior. Así de incoherente era todo por esos años: Yannick era muy bueno para el tenis, pero soñaba con la música y los tambores, y al ritmo de sus propias palmas entonaba canciones de Bob Marley. Lo interesante es que no lo hacía mal, pero no tan bien como con la raqueta.

Pero más allá de los físico y lo técnico, Yannick era un showman, un carismático que lograba que la tribuna estuviera a su favor. Y sencillo, amable y siempre dispuesto a hablar con los fanáticos. Una nueva cara para un deporte que parecía tan lejano de los mismos franceses, que de inmediato se identificaron con él y, lo más importante, depositaron sus esperanzas de ver a uno de los suyos ganando de nuevo Roland Garros (el último jugador local en lograrlo había sido Marcel Bernard en 1946).

Noah comenzó su 1983 llegando a los cuartos de final del ATP de Memphis, después alcanzó la semifinales en el torneo de La Quinta, en California, y seguido cayó en los cuartos de final de Bruselas con Mats Wilander. En Montecarlo tampoco pasaría del grupo de los ocho mejores tras caer con el español Manuel Orantes, mientras que el Lisboa arribaría a la final para sucumbir otra vez con Wilander (en Portugal venció en la segunda ronda al colombiano Jairo Velasco).

La primera alegría de la temporada fue en Madrid, donde se quedó con el título tras superar en la final al sueco Henrik Sundstrom y luego vendría otro festejo en Hamburgo al levantar el trofeo tras derrotar al español José Higueras. El tiempo para Roland Garros era cada vez menor y los franceses se ilusionan con Noah, con el ritmo que traía, y porque estaba jugando mejor que en años atrás. Esos resultados le permitieron ser el sexto preclasificado en la capital francesa y, de cierta forma, evitar a los máximos favoritos.

En primer ronda superó al sueco Anders Järryd, en segunda al paraguayo Víctor Pecci y en tercera al estadounidense Patrick Dupré. Ya en la cuarta fase venció al australiano John Alexander y en cuartos de final, quizá su encuentro más complicado, dejó atrás al checo Ivan Lendl. Ese éxito sobre la siembra tres del torneo lo motivó y de ahí en adelante se hizo invencible. Superó a su compatriota Christopher Roger-Vasselin y en la final a Wilander por 6-2, 7-5 y 7-6 (3).  

Con su derecha profunda, que picaba y saltaba muy alto, taladró el revés de Wilander y cuando le jugaron de la misma manera aprovechó su slice, que se enterraba en el polvo de ladrillo, para subir a la red donde era complicado pasarlo. Con esa estrategia fue encerrando al sueco hasta meterlo en su enrollo y quedarse con la victoria más importante de su carrera.

“Esto no es solo mío, es de todos los que están acá y de los franceses”, dijo Yannick apenas recibió el trofeo, cuando se convirtió en el hombre más famoso de su país, cuando todas las portadas de revistas, periódicos y almanaques tuvieron su imagen, su sonrisa. 

Noah se retiró a los 36 años y luego de una carrera en la que también quedó el registro de una semifinal en el Abierto de Australia (1990) y 13 títulos entre sencillos y dobles. Poco antes, por el clamor de las gentes, estuvo en el equipo francés de Copa Davis y levantó la ensaladera en 1991 luego de una sequía de 59 años. “Noah, el hombre que rompe las mala rachas”, tituló el diario L’Equipe.

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