Tibaduiza y el recuerdo de una epopeya

El boyacense es el mejor atleta colombiano en 60 años de Juegos Panamericanos. Domingo, los marchistas ganaron una plata y dos bronces en Guadalajara.

Cuando Domingo Tibaduiza Reyes tenía dos años, el atleta Jaime Aparicio ganaba en Buenos Aires (Argentina) la primera medalla de oro para Colombia en unos Juegos Panamericanos. Sucedió en febrero de 1951, año en que el vallecaucano se confirmó como el mejor en la especialidad de los 400 metros vallas en esta parte del hemisferio.

Debieron transcurrir 24 años para que nuestro país reconquistara el Everest del podio panamericano. El protagonista de la hazaña: el joven Tibaduiza, quien se colgó el metal dorado al imponerse en los 5.000 metros planos durante los Panamericanos de México 75.

Nacido en Sogamoso el 22 de noviembre de 1949, este boyacense recuerda que Aparicio “fue una de las referencias del atletismo para muchos de nosotros. Lo conocí a finales de los setenta, pero después nunca tuve la oportunidad de hablar con el arquitecto”.

Tiba, su nombre artístico en las pistas, ganó con registro de 14:02.00. Por un exalación superó al mexicano-estadounidense Theodore Castaneda (14:03.20). También dejó atrás a un gigante de la época, el mexicano Rodolfo Gómez (14:05.25). Es decir, derrotó a los anfitriones, que daban por descontada la victoria.

El boyacense redondeó la máxima gesta de su vida deportiva con un tercer lugar en los 10.000 metros (29:25.45); el ‘manito’ Gómez había llegado segundo (29:21.22). Ambos fueron derrotados por Luis Hernández (México), con registro de (29:18.28).

La proeza le significó al sogamoseño ser el primer colombiano en conquistar dos medallas individuales en una misma edición de los Juegos Panamericanos. Para participar en México, Tibaduiza canceló el semestre en la Universidad de Nevada (EE.UU.), donde en 1976 se graduó como licenciado en Ciencias Aplicadas al Deporte. En ese entonces, el campeón se quejó de que en Colombia no se le había prestado el apoyo necesario para su preparación.

‘Así gané la medalla’

Cuatro años antes de su histórica victoria, Tiba participó sin éxito en los Juegos Panamericanos de Cali 71. Allí, Steve Prefontaine (Estados Unidos) se impuso en los 5.000 metros, pero no pudo defender su título al morir en mayo de 1975 en un accidente automovilístico. Tenía apenas 24 años.

Entonces, con el peso de un fracaso a cuestas y a punto de cumplir 22 años, Tiba juró vengar su derrota en las justas siguientes. “Me hice una promesa: si tenía la oportunidad de regresar a los Juegos Panamericanos, lo haría para ganar”, recuerda ahora este cenceño excorredor de 62 años.

“Todo lo planeé para hacer realidad lo que para mí era una fijación. Tomé un semestre para preparar mi entrenamiento en la tierrita querida. Corrí día y noche y estaba cerca de mis objetivos: había sido campeón universitario en Estados Unidos en 10.000 metros y segundo en los 5.000, y logré ser el mejor fondista colombiano al ganar en el Suramericano de Río de Janeiro, venciéndolos a todos, sin atenuantes”.

El camino del triunfo estaba milimétricamente preparado. “Ahora venía lo que había fabricado, visualizado, soñado: ser campeón panamericano. Era mi momento de brillar y nada ni nadie me iba a quitar ese derecho ganado a punta de trabajo, ganas y mucha convicción”, evoca Tiba.

“Un mes antes de la inauguración de los Juegos Panamericanos de México 75, sufrí una lesión común en los fondistas: condromalacia, una inflamación del tendón de la rodilla que pasa por la patela. Sufrí mucho al pensar que cuatro años de entrenamiento podrían dar al traste con mi ambición. Mi objetivo estaba en peligro y pasaron tres semanas de absoluta incertidumbre: resignar la participación o jugármela y esperar que un milagro ocurriera y me alentara”.

Y el milagro se dio. “Como último recurso visité a un viejo amigo que me había curado de otras lesiones. Don Manuel Bermúdez (q.e.p.d.) me vio la rodilla, la manipuló por espacio de veinte minutos y me dijo: ‘Váyase a correr mijo que ya no sentirá más dolor’. Algo incrédulo regresé a casa y salí a correr y, en efecto, no sentía dolor. Faltaban 10 días para mi primera carrera, los 10.000 metros, y trece días para mi evento preferido, los 5.000. Pero lo más importante: volvía a tener esperanzas”.

Ya en Ciudad de México, Tiba corrió los 10.000 con algunas precauciones. “No pude cerrar la prueba como normalmente lo hacía estando bien, pero aun así logré el tercer lugar, escoltando a los mexicanos Luis Hernández y Rodolfo Gómez, quienes jugaban de locales y contaban con el respaldo de 30.000 personas y del presidente de México en la audiencia”.

Previo al reto máximo de los 5.000 metros, relata Tiba, en la rueda de prensa se habló de cómo dos días después se repetiría el reparto del oro y la plata entre los mexicanos y de cómo Rodolfo Gómez le iba a dar una medalla de oro a su esposa como regalo de bodas. Pero también Ted Castaneda, un estadounidense con orígenes mexicanos, quería ganar en el país de sus padres, a quienes prometió una victoria para honrar sus raíces. “Yo, como buen boyacense, dije poco, pero les prometí que esa sería una nueva batalla y que haría lo imposible por frustrar los planes de México”.

La ansiedad se apoderaba del colombiano en la antesala de la prueba. “Fueron días eternos de espera, entre los 10.000 y los 5.000. Cuando por fin llegó el día, yo ya había corrido y ganado el evento por lo menos 5.000 veces en mi mente. Con todo en mi contra y nada qué perder, me mentalicé para hacer la carrera de mi vida. Dejé que otros tomaran la iniciativa, los locales se ubicaron en la punta, observé muy detenidamente los movimientos de cada uno de los rivales, y faltando 600 metros me lancé tal cual lo habían hecho los lanceros de Rondón en la batalla del Pantano de Vargas. Era cuestión de ganar o morir y por capacidad mantuve la explosión y les gané por varias cabezas. Fue segundo el finalizador de carreras Ted Castaneda y tercero Rodolfo Gómez. La recién casada tendría que conformarse con el bronce”.

Ya en el podio, Tiba lloró como cuando niño. “Mis ídolos no ganaban y yo quería morirme. Ese fue el día que me marcó y que recuerdo como si hubiese sido ayer”. Al campeón panamericano sólo le faltó una medalla olímpica para redondear su faena.

En las justas hemisféricas, Tibaduiza supera a Ximena Restrepo, quien en La Habana 91 ganó oro en los 200 metros planos y plata en los 400.

Pero los atletas colombianos siguen siendo protagonistas, y ayer nuestros marchistas ganaron una plata (James Rendón) y dos bronces (Luis F. López e Íngrid Hernández), todas ellas en los 20 kilómetros, y reeditaron la brillante época de los hermanos Héctor y Querubín Moreno.

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