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Tiger Woods lleva tres meses por fuera de las competencias por una rotura del ligamento cruzado de la rodilla izquierda y su lesión sigue despertando sentimientos de todo tipo. El primero, de admiración. ¿Cómo soportó competir cinco días seguidos, 91 hoyos, en el pasado Abierto de Estados Unidos cuando estaba prácticamente cojo hasta ganar en el desempate a Rocco Mediate? Su gesta sólo se explica por una fortaleza física y mental inigualables y por su deseo de levantar su decimocuarto título grande para ir acercándose al récord de Jack Nicklaus que suma 18 títulos.
El segundo sentimiento es de alivio para sus rivales. Unos meses sin la tiranía del que es el número uno del mundo en las últimas 500 semanas abrió la posibilidad al resto de los golfistas del circuito. La tercera consecuencia, más reflexiva, dibuja el pesimismo para un deporte que pierde a su mayor fuente de ingresos.
Woods, de 32 años, suele jugar 18 de los 47 torneos que se disputan al año en el circuito norteamericano. Su presencia asegura el doble de audiencia que la registrada en una competición sin él. Las cadenas estadounidenses NBC y CBS calcularon pérdidas entre un 10% y un 20% de audiencia por su baja. Por ejemplo, el desempate de Tiger con Mediate por el US Open, congregó ante los televisores a más de 16 millones de espectadores, el mejor registro de la NBC en los últimos 30 años. Los patrocinadores, mientras tanto, ya han asumido pérdidas millonarias pese a que las cadenas de televisión deberán emitir por contrato algunos anuncios de manera gratuita si los torneos no alcanzan un número concreto de espectadores.
Claro que la para obligada no le ha representado ninguna pérdida de dinero a Tiger. Al contrario, mientras hace tres años se disputaba el cetro del atleta mejor pagado del mundo con el piloto alemán Michael Schumacher, hoy está solo en lo más alto del podio del listado de la revista Forbes, con 115 millones de dólares. Y en el listado de celebridades más ricas de todo el mundo, es el número dos, detrás de la famosa periodista Oprah Winfrey, quien amasa una fortuna de 275 mil millones.
Sus lesiones
Los médicos que operaron a Woods aseguraron que su recuperación se alargará entre un mínimo de seis meses y un máximo de 12. Fue la tercera vez que Woods, el deportista más rico del mundo, el golfista que gana más de 50 millones de euros al año, pasó por el quirófano para ser intervenido de la rodilla. La primera fue en 1994, debido a un tumor benigno, y la segunda en 2002, para extraerle líquido sinovial. Pese a la lesión, Woods jugó renqueante el Masters de Augusta y pasó por el quirófano a la semana siguiente. Dos meses después, quizá presionado por su ausencia, volvió a competir en Estados Unidos. Hasta que no pudo más y dijo basta. A la rotura de ligamentos se ha unido una doble factura de la tibia por estrés.
Vía telefónica
Mientras que sus compañeros de equipo disputan, este fin de semana en el campo de Valhalla, en Kentucky, la Copa Ryder, Tiger descansa en su casa de Florida, junto con su esposa Elin Nordegren (espera su segundo bebé) y su hija Sam Alexis, de un año y dos meses.
Pero como para Woods es una misión casi que imposible olvidarse del golf, decidió aconsejar a sus compañeros vía telefónica. “Si puedo ofrecer mis servicios, estaré feliz por ayudar. Es lo único que puedo hacer por ellos desde la distancia. No seré capaz de golpear bien hasta inicios del próximo año, mi rodilla izquierda se está fortaleciendo y los doctores están contentos con mis progresos. El capitán estadounidense Paul Azinger tiene mi número de celular. Él y los demás jugadores del equipo me pueden llamar cuando quieran”, les dijo.
Tiger Woods definitivamente es un fenómeno mundial que no deja de ser noticia, así lleve más de 90 días alejado de los campos de golf.