En Tokio, contra el viento en la cancha y una marea de gastos

Los tenistas en silla de ruedas de Colombia, que debieran ser respaldados por el Gobierno por sus méritos, no dejan de sufrir para representar al país.

Johana Martínez (izq.) y María Angélica Bernal, las mejores tenistas en silla de ruedas de Colombia, fotografiadas en Tokio.  /Gonzalo Robledo.
Johana Martínez (izq.) y María Angélica Bernal, las mejores tenistas en silla de ruedas de Colombia, fotografiadas en Tokio. /Gonzalo Robledo.

Los mejores jugadores de tenis en silla de ruedas del mundo llegaron a Tokio a finales de mayo para la Copa Mundial de Tenis BNP Paribas 2016. El escenario era el Ariake Coliseum, un estadio con capacidad para 10 mil espectadores y que será la sede del tenis durante los Juegos Olímpicos de Tokio 2020.

Allí estaba la estrella holandesa Marjolein Buis, número 5 del mundo en dobles, quien junto a su paisana Diede de Groot, la número 10, se dio el gusto de vencer al equipo de un país que en sucesivas ocasiones ha demostrado que tiene madera para labrar jugadores de talla internacional: Colombia.

Holanda tiene los mejores entrenadores para tenis en silla de ruedas, cuenta con un ejemplar sistema de formación y en lo que va de siglo tiene la hegemonía en ese deporte. Por eso pocos se extrañaron de que en Tokio las holandesas consiguieran su título mundial número 29 en dobles femeninos.

Las colombianas Johana Martínez y María Angélica Bernal llevaban ocho meses sin poder entrenar juntas y el fuerte viento que golpea las canchas abiertas de Ariake en mayo fue un factor inesperado para ellas. Pero la derrota por 3-0 frente a las holandesas no hizo mella en ánimo de esta pareja de jugadoras conocidas por su perseverancia en lides de alto nivel, como los Juegos Paralímpicos de Londres 2012 o los Parapanamericanos de Guadalajara 2011.

Johana, la 83 en la clasificación mundial de dobles, ha sido la número uno de Suramérica en tenis en silla de ruedas. María Angélica ocupa el lugar 58 en dobles y el año pasado consiguió estar entre las 30 mejores del mundo en sencillos.

A sus 35 años Johana acaba de librarse de un fibroma, un tumor que le prolongaba de forma anormal sus períodos menstruales en medio de una exigente agenda que incluyó Londres 2012 y los Panamericanos en Toronto 2015. Desistió de prepararse para competir en los Paralímpicos de Río de Janeiro y se tomó una pausa para someterse a la cirugía. Por eso sabía que a Tokio no llegaría en plena forma. “Pero lo importante es competir y estar presente”, asegura.

El equipo masculino de Eliécer Oquendo y Diego Cortés había calificado y tenía previsto venir a Tokio, pero no se presentó por problemas de gestión en su viaje. Según un portavoz de la ITF, Colombia deberá pagar una multa y en una próxima asamblea de ese organismo se decidirá si los jugadores colombianos serán sancionados con una suspensión de participar en partidos.

La principal particularidad en las reglas del tenis en silla de ruedas es la posibilidad de que la pelota rebote dos veces. Por lo demás, es un deporte en el que al igual que en el tenis convencional los jugadores viven pendientes día a día, y torneo tras torneo, de su clasificación.

Subir el ranquin, o “ranquearse”, se consigue a base de partidos y mantener el nivel exige la rigurosa preparación física de todo deporte. Luego viene una marea incesante de gastos en billetes de avión, noches de hotel y comidas en ciudades desconocidas. Y, por supuesto, las cuotas de inscripción en los torneos.

Johana y María Angélica afirman que para mejorar su ranquin -y para no hacer quedar mal a Colombia en Japón- se pagaron su propio viaje. A juzgar por el largo anecdotario de las deportistas, no es la primera vez que esto sucede y puede que tampoco sea la última. Cuentan, por ejemplo, que hace años cuando anunciaron que querían ir a una clasificación por América las autoridades colombianas de su deporte les dijeron: “No les vamos a pagar porque van a ir a perder”. Decidieron ir por su cuenta, viajaron y ganaron.

En vez de felicitaciones recibieron una respuesta que refleja el drama que vive un deporte que sólo en contados países cuenta con programas sólidos de financiación: “¿Ganaron? ¿En qué problema nos vamos a meter? ¡Las vamos a tener que mandar al mundial!”

Por eso a Tokio llegaron solas. Sin el acompañamiento de preparador físico, fisioterapeuta o auxiliares de los equipos corrientes. Pero, sobre todo, sin un entrenador para valorar el juego del contrincante y trazarles un plan.

La carga económica para salir a jugar es para ellas, sus familias y las personas de su entorno, un obstáculo más en un camino de vida tachonado de retos. Johana sufrió en el momento de nacer una parálisis cerebral motriz, cuyas secuelas le afectan el lado izquierdo de su cuerpo. Aunque no le impiden caminar, le dejaron una cojera que ralentiza sus carreras. María Angélica nació sin su pierna derecha, un caso llamado focomelia, remediado con una prótesis que se acopla a su cadera y que siente ya como parte de su cuerpo.

Están acostumbradas a ver su deporte envuelto en el estigma de ser una simple práctica de rehabilitación. Pero para ellas su tenis es un deporte de alto rendimiento y la silla es un implemento más, como la raqueta o la visera cuando hace mucho sol.

Johana se graduó en administración deportiva en la Universidad Distrital y nunca se hubiera sentado en una silla de ruedas si no fuera por un memorable encuentro ocurrido cuando tenía 23 años e investigaba deportes para discapacitados. Un jugador, que en su momento calificó de “loco”, le propuso jugar al tenis sentada y le ofreció una silla de ruedas que tenía de repuesto. Decidió intentarlo y aunque su primera impresión fue la de un deporte imposible para ella, poco después ganaba un torneo nacional en sencillos y dobles, y se dedicaba de lleno a perfeccionarse. Hoy recuerda con cariño al jugador que creyó loco, Fabio Padilla, el que ayudó a consolidar el tenis de silla de ruedas en Colombia, el primer campeón naciopnal e internacional, quehoy reside en Brasil. Cuando Johana habla de proyectos futuros y de planes para mejorar la situación del tenis sobre silla de ruedas en Colombia surge el nombre de Fabio y su poder de motivación.

Para María Angélica la propuesta de sentarse en una silla de ruedas significaba un retroceso enorme. Acostumbrada a patinar o a jugar voleibol en la selección de su colegio, fue muy duro aceptar que la silla de ruedas le permitiría jugar con excelencia el deporte que más le gustaba. También le costó asumir que su prótesis le agregaba 4 kilos innecesarios cuando salía a jugar sentada. Hoy es habitual ver su pierna artificial, calzada con tenis fucsia, su color de combate, aparcada al lado de la cancha.

En Tokio las colombianas jugaron contra Francia, Holanda, Brasil y el Reino Unido y consiguieron la décima posición entre 12. En dobles Johana y María Angélica consiguieron ganar 6-1 y 6-3 a la dupla brasileña de Natalia Mayara y Mairycoll Duval.

También pudieron celebrar las victorias de María Angélica en sencillos contra Charlotte Famin, de Francia (1-6, 7-5 y 6-0), y contra la brasileña Natalia Mayara (4-6, 6-3 y 6-4). La jugadora francesa, de 43 años, es la 18 en la clasificación mundial, mientras que la brasileña, de 22 años, ocupa la posición número 20.

Después de Tokio Johana quiere seguir entrenando en Holanda con Aad Zwaan, el responsable de las victorias holandesas, considerado por los especialistas uno de los mejores entrenadores del mundo. Además, espera aprender de los holandeses su gran gestión del deporte en silla de ruedas para librarlo de la precariedad que frena el surgimiento de más y mejores jugadores.

“Si tienes un hijo con discapacidad es el consentido”, anota Johana para explicar cómo en otros países apoyar el deporte en silla de ruedas es una prioridad para cada gremio deportivo.

“Nosotros deberíamos ser los consentidos del tenis”, añade y cita a Chile y el Reino Unido como otros dos modelos de gestión que se podrían emular.

Para María Angélica estos viajes en los que se tiene que desenvolver en inglés y conocer deportistas jóvenes de decenas de nacionalidades, le aportan invaluables experiencias para los estudios de relaciones internacionales que cursa en la Universidad Militar en Bogotá.

Ambas jugadoras son conscientes de que cuando salen a una cancha internacional y saludan con una sonrisa capaz de iluminar el estadio son la mejor propaganda de un país que ama los deportes. Los funcionarios de la ITF lo saben y lo demuestran con el trato cariñoso que les brindan. Aunque, eso sí, les recuerdan que aún no han pagado la inscripción.

Japón apuesta por el judo colombiano en Río

En la fiesta de despedida de 16 atletas olímpicos que participarán en Río de Janeiro patrocinados por la empresa japonesa de ropa infantil Miki House, destacaba la única extranjera, una deportista afrocolombiana de apariencia sosegada, que, cuando le pidieron tomar el micrófono y saludar, dijo en perfecto japonés: “Miki House, arigatou” (Muchas gracias, Miki House). De ahí en adelante siguió en español con la ayuda de un intérprete y, sin el menor asomo de duda, afirmó que su plan para las competiciones de judo en Río era conseguir la medalla de oro. La promesa de conseguir oro en los olímpicos de Brasil resonaba como un estribillo en las respuestas de todos los deportistas presentes, pero en las declaraciones de la extranjera, la judoka colombiana Yuri Alvear Orejuela, sonaba a proyección matemática. La consecuencia lógica de una etapa de entrenamiento continuo y concienzudo con un entrenador japonés, Noriyuki Hayakawa, en Cali, y la posibilidad de venir a Japón a foguearse con las mejores en el país donde nació este deporte, a finales del siglo XIX.

Campeona mundial en Róterdam 2009, bronce en Londres 2012 y la número siete en los Olímpicos de Pekín 2008, son datos que indican que Miki House sabe por quién está apostando. La prensa local la rodeó y las preguntas llovían. ¿Cuál es la diferencia de entrenar en Colombia y en Japón ? ¿Por qué está tan segura de ganar en Río? ¿Qué le ofrece Miki House?

Yuri, sin parpadear y con una serenidad más propia de una mujer 10 años mayor que sus recién cumplidos 30 años, desgranaba despacio las respuestas.
Entrenar en Japón le da mejores contrincantes y sobre todo continuidad, pues, por muchas razones, explicó, los atletas colombianos no pueden entrenar todos los días. Para ganar en Río se ha preparado un plan exclusivo para cada contrincante. Con ayuda de Youtube mira a sus opositores y estudia sus puntos fuertes y sus debilidades. Si todo sale bien, no hay duda de que habrá medalla de oro. Miki House le da la oportunidad de entrenar en Japón cuando ella quiere, paga las estadías y aporta los implementos.

La vinculación con Miki House surgió a través del entorno japonés de la deportista, que, consciente de su talento y de las dificultades financieras del deporte en Colombia, decidió presentar la petición a la empresa que patrocina deportistas olímpicos desde Barcelona-92.

El presidente de Miki House, Koichi Kimura, no lo dudó y decidió incluirla en su grupo de protegidos, sin importar la nacionalidad. Sabe que cualquier victoria de Yuri será primero que todo para Colombia, para el Valle del Cauca y para Jamundí, pero no duda ni un solo momento en animarla. Oro para Colombia forjado en Japón.

 

* Periodista y documentalista colombiano radicado en Japón.