Por: Antonio Casale

Toma de decisiones

Millonarios está en la parte alta de la tabla, pero no termina de convencer a su gente. Medellín enamora un par de semanas y después se cae, América lo hizo así, el Cali también; Nacional arranca y frena, Júnior no ha carburado pero tiene con qué. Repetimos como loras que el fútbol colombiano es irregular, algunos dicen que el nivel es bajo y otros que es muy malo.

No creo que debamos irnos a los extremos. Es evidente que Brasil y Argentina nos volvieron a tomar ventaja y que este año a los clubes colombianos les fue muy mal en los torneos internacionales. Pero no es malo. El hecho de que no haya estrellas en los principales equipos, salvo Júnior, no necesariamente quiere decir que sea el peor fútbol del mundo.

Uno ve que hay técnicos que maximizan el recurso y traen ideas de afuera para aplicarlas acá. Es indudable que Osorio, Pinto, Alexis Mendoza, Guimaraes y el propio Comesaña aportan su experiencia y se ponen el overol de educadores para una generación cada vez más desentendida del juego y más enamorada del dinero y la fama que les puede representar hacer un buen semestre en Colombia y partir a otras tierras.

Las figuras de nuestro fútbol, sin duda, son los técnicos. Inculcan disciplina táctica, inteligencia de juego, terminan de fundamentar a los más jóvenes, sus equipos son propositivos y tratan de estar acordes con lo que se ve en el fútbol de élite: velocidad en el ataque y orden combinado con rapidez en el regreso. La verdad es que uno ve partidos agradables en Colombia.

La gran falla de los equipos colombianos no es falta de talento ni de conceptos tácticos. La gran falla del fútbol colombiano es la toma de decisiones de los jugadores. Situaciones puntuales de juego en donde se cometen errores imperdonables que cuestan partidos, clasificaciones y campeonatos. Es esa pelota que se cuela entre los dos centrales que no reverencian al delantero que viene de atrás y termina en gol y se repite tres veces en cuatro días, o esa pérdida de pelota cuando el equipo está saliendo, o la mala entrega del balón en ataque para quedar expuesto a un contragolpe.

La toma de decisiones en parte se trabaja. La teoría dice que las repeticiones bajo presión de situaciones de juego generan automatizaciones y estas reducen el margen de error. El problema es que no hay ninguna situación de juego bajo presión que se asemeje a la vida real, al domingo por la tarde en el estadio, con público y jugando por los puntos. Tito, un amigo de radio, es un gran piloto de avión en simuladores virtuales, pero nos confesó un día que al entrar a la cabina de un avión de verdad todo se hizo gris en su cabeza. Es como si nunca hubiera visto una.

Es evidente que hay que mejorar en muchos aspectos estructurales en nuestro fútbol. Pero si queremos comenzar por una pequeña gran oportunidad de mejora, bueno sería trabajar la parte mental de los futbolistas en edades juveniles, preponderando sobre todas las cosas la capacidad de tomar decisiones correctas bajo presión. Eso no es para todo el mundo, está claro, pero si además de los buenos entrenadores que hay en el país, las divisiones menores son capaces de entregar jugadores mejor formados en esta materia, habremos mejorado el desempeño de nuestro fútbol enormemente.

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2019-08-19T06:00:00-05:00

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