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“Un hijo sería mi medalla de oro”

A Moisés Fuentes, primer medallista paralímpico del país, el deporte le dio la ilusión de vivir. Un atentado a su hermano mayor en Santa Marta lo dejó en silla de ruedas.

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Fabián M. Rozo Castiblanco
12 de septiembre de 2008 - 11:06 p. m.
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Cuenta la historia bíblica que la única manera para que Moisés, recién nacido, sobreviviera al mandato de asesinar a todos los niños hebreos, fue ponerlo en una cesta de juncos sobre el río Nilo, en la zona donde se bañaba la hija del Faraón, quien al verlo desprotegido lo rescató y crió al lado suyo.

Es por eso que el nombre etimológicamente traduce ‘Salvado de las aguas’ y aunque Moisés Fuentes García no sabe en realidad la razón por la que sus padres lo bautizaron así, en cierta forma entiende que el destino tuvo algo que ver en la elección, sobre todo cuando su vida parecía sumergirse para siempre y al final salió a flote.

Una bala que le afectó la médula espinal cuando estrenaba su mayoría de edad le quitó muchas ilusiones, pero la natación se las devolvió a este hombre, oriundo de Valle de San José, Santander, que el viernes pasado en Pekín se convirtió en el primer medallista paralímpico de Colombia.

En el mismísimo Cubo de Agua, donde Michael Phelps se hizo leyenda hace apenas semanas, Fuentes se colgó una presea de bronce que para él vale más que las ocho doradas del estadounidense, porque “al tenerla en mi pecho sentí que le estaba devolviendo, así fuera en una mínima parte, algo al deporte, el cual fue el único que me dio el deseo de seguir viviendo y también esa energía y motivación para estudiar, formar una familia y querer continuar”.

De igual forma, el recuerdo de la situación que lo llevó a ser nadador resultó inevitable en el momento del júbilo y fue tal la emoción que reveló la verdadera causa que le condujo  a una silla de ruedas: “Durante mucho tiempo dije que había quedado parapléjico por un accidente en motocicleta, pero en realidad fue por un atentado contra mi hermano mayor”.

Rodrigo se dedicaba a la ganadería en la Costa Norte y para que Moisés, el menor, cambiara la decisión de irse a la Armada después de haber cumplido los 18 años, le propuso que trabajaran juntos. “No lo pensé dos veces y llegué el 5 de octubre del 92 a Santa Marta en busca de un mejor porvenir para los dos, pero a los ocho días nos hicieron un atentado porque él no quiso pasarles plata a grupos al margen de la ley”.

Dos impactos acabaron de manera instantánea con la vida de su hermano y a pesar de que él recibió el triple, siguió con vida, aunque uno de ellos le quitó la movilidad en sus piernas para siempre. Fue en ese instante que no pensó en algo distinto a “haber querido morir ahí”.

Pero una vez salió de la clínica para encarar la nueva y dura realidad, no estuvo solo… “Mis padres (Moisés y Elvira), como también mis hermanas (Cleotilde, Magdalena y Alcira) lo sacrificaron todo por mí y para que fuera superando vendieron la finca en zona rural de Betulia para comprar una casa en Bucaramanga, donde tendría más facilidades de movilidad y demás”.


Y en la capital santandereana encontró mucho más de lo que esperaba: “En el 93 empecé a jugar baloncesto y al poco tiempo la natación, pero finalmente me dediqué a nadar y no sé por qué, ya que este deporte no es nada divertido, más allá de la libertad que sientes dentro del agua, pero es muy exigente y gracias a él he podido representar al país y tener calidad de vida”.

La piscina fue sinónimo de desahogo, pero no el único, ya que en las aulas pudo terminar más sueños como “el bachillerato y después hice la carrera de contaduría en la Universidad Cooperativa de Colombia. Ahora voy en quinto semestre de tecnología deportiva, pero lo suspendí este año porque me tocó continuar la preparación en Bogotá y hasta el próximo podré continuar, ya que ahora debo preparar los paralímpicos nacionales en Cali”.

Tantos logros merecían ser compartidos no sólo con los suyos y fue así como el amor también lo retó, cuando conoció a Anabel Tarazona, una ingeniera financiera con la que se casó hace ocho años y espera dentro de poco “tener la bendición de un hijo, porque esa sería mi medalla de oro”.

No descansará hasta conseguirla y resultados le sobran para cumplirle la promesa a la mujer que un día le dedicó el séptimo lugar en Sidney, luego el quinto en Atenas y ahora el tercero en Pekín. Una evolución que podría convertirle en campeón paralímpico dentro de cuatro años en Londres .

Todavía falta mucho camino por recorrer y en el caso de Moisés demasiada agua por enfrentar, pero así como ella le devolvió el valor de vivir, también deberá impulsarlo hacia más podios, pero así no alcance a ellos, ya la vida lo coronó como ejemplo de muchos y la admiración de todos.

Con derecho a celebrar

Porque también una silla de ruedas se convirtió en compañera inseparable, Octavio Londoño, presidente del Comité Paralímpico Colombiano, sintió como propia la medalla de Moisés. Y no es para menos porque “pocos saben del trabajo silencioso de estos deportistas y ver a uno de ellos en el podio, donde sólo están los mejores, demuestra que el esfuerzo no fue en vano”.

Además le alegra que justamente haya sido Fuentes el bañado en bronce, al considerarlo “el prototipo del deportista consagrado que ahora tiene otra proyección y es candidato para ser cónsul del Comité Paralímpico Internacional”.

Londoño Giraldo entiende también que ahora la exigencia será mayor y sabe que para afrontarla, el respaldo de Coldeportes y la Fundación Pacific Rubielas será fundamental.

Por Fabián M. Rozo Castiblanco

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