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Una captura anunciada

El libro Narcolavadora, publicado en mayo de 2007 por el ex revisor fiscal del Medellín Juan Bautista Ávalos bajo el seudónimo de Jean Selger, y un expediente de más de 80 folios que desde hace cuatro años está en poder de la Unidad de Lavado de Activos de la Fiscalía General, dieron la solidez probatoria para que la entidad adelantara una investigación que derivó en la orden de captura de 16 directivos del DIM.

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Jorge Hernán Peláez
15 de diciembre de 2008 - 11:00 p. m.
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De los 16 directivos aún no han sido capturados tres, entres quienes se encuentra Rodrigo Tamayo Gallego, quien figuró como accionista mayoritario del equipo entre 1988-1992 y 1998-2007.

Los capturados el 10 de diciembre y que aparecen en la publicación son: Luis Fernando Jiménez, Eduardo Duque, Yadith Gómez, Libardo Serna, Mario Montoya, Soraya del Pino (contadora), Marisol Hernández, Luis Fernando Muñoz, Carlos Arturo Valencia, acusado de vínculos con Fabio Ochoa, Roberto Cárdenas (cuñado de Rodrigo Tamayo), Claudia Patricia Toro (tesorera y sobrina de Rodrigo Tamayo), Francisco Velásquez, y el renombrado Mario de J. Valderrama.

En el capítulo doce de su libro, Ávalos señala que Valderrama fue miembro de la junta directiva de una de las empresas del clan de los Urdinola Grajales y estuvo encargado de gestionar los recursos para la campaña del presidente Álvaro Uribe 2002-2006 para luego ser nombrado asesor presidencial para la Seguridad Social y el Empleo. El autor cuenta en detalle cómo Rodrigo Tamayo fue quien realmente le entregó a Valderrama los recursos provenientes del narcotráfico para dicha campaña, y luego se enfureció cuando, por una razón desconocida, Mario de J. Valderrama no logró concretar una reunión entre Tamayo y Uribe en el hotel donde se celebraba la victoria del entonces candidato en Bogotá.

La información la obtuvo Ávalos desde que ingresó al área administrativa de la corporación, gestión que fue impulsada por los accionistas minoritarios, quienes año tras año veían cómo las cifras nunca cuadraban con la realidad. En el recuento se explica cómo es que la mafia lava evadiendo la ley, por qué las entidades de control no pueden actuar debido a la reglamentación de la FIFA y, finalmente, cómo la estructura de una entidad de fútbol sin ánimo de lucro que maneja ingresos en efectivo se convierte en la máscara perfecta de narcotraficantes.

El DIM juega mañana el primer partido de la final, mientras que la Fiscalía investiga otra hipótesis planteada por Ávalos: la venta del 82% de las acciones del equipo por parte de Tamayo a la sociedad Sueños del Balón es apenas una fachada más al servicio del narcotráfico para continuar ingresando dinero en la “narcolavadora”.

Por Jorge Hernán Peláez

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