Una cita con la historia

Muy seguramente Bradley Wiggins se convertirá mañana en el primer ciclista británico en ganar la carrera por etapas más importante del mundo. Campeón olímpico de pista, ahora también es el mejor en la ruta.

Los campeones nacen, pero también se hacen. Y el ciclista británico Bradley Wiggins es una muestra perfecta de ello.

Desde muy pequeño se destacó en las pruebas de pista. Al fin y al cabo el majestuoso velódromo de Manchester quedaba prácticamente en el patio trasero de su casa. Allí aprendió todos los secretos de la bicicleta, la mayoría de ellos herencia de su padre, quien también fue pedalista.

Bajo techo llegaron los primeros éxitos y comenzaron a forjarse sus sueños, como el de ser campeón olímpico, mayor logro para cualquier pistero. Para eso entrenaba al menos cinco horas diarias, hasta que decidió que el ciclismo era su vida y comenzó a dedicarle todo su tiempo.

“El talento es la materia prima para lograr el éxito, pero el trabajo, es lo más importante. Si no se hace bien, no se gana”, advierte el corredor nacido en Gante, Bélgica, pero criado en Inglaterra, país del que se hizo ciudadano, al igual que toda su familia.

Brad, como lo llaman sus allegados, fue tres veces campeón mundial de la persecución individual, dos veces de la persecución por equipos y una más de la prueba americana. Como si fuera poco, también alcanzó la gloria olímpica. En Atenas 2004 se colgó el oro en la persecución individual. En Pekín 2008 repitió, pero le agregó otra presea dorada en la modalidad por equipos.

Incluso antes de todos esos éxitos Wiggins quiso incursionar en las pruebas de ruta, pero sus entrenadores y familiares le aconsejaron explotar primero su habilidad y potencia en las pistas, por lo que desde 2001 alternó las dos especialidades. Su primera figuración en las carreteras fue en el Tour de L’Avenir 2003, cuando ganó una etapa. Estuvo en los equipos LindaMc Cartney, Francaise de Jeux, Credit Agricole, Cofidis, High Road y Garmin, con el que logró el cuarto lugar en el Tour de Francia de 2009.

Fue entonces cuando se creó el equipo Sky, sin duda el mejor del mundo en la actualidad, una verdadera máquina, pues sus dueños consideran que el ciclismo es cuestión de tecnología y entrenamiento metódico.

Con esta escuadra, Bradley ha ganado dos Dauphiné Liberé, la París Niza y el Tour de Romandía. Además fue tercero en la Vuelta a España 2011. Y en este Tour, que terminará mañana, ha demostrado su clase y poderío, tal como lo hicieran en su momento Armstrong y el equipos US Postal.

Wiggins es un extraordinario contrarrelojero, caracterizado además por su elegancia sobre la bicicleta: brazos casi en ángulo de 90 grados, espalda totalmente recta, estabilidad y rotación perfecta. Sólo mueve las piernas para pedalear en promedio 100 veces por minuto.

Pero también aprendió a subir. Lo hizo de tanto recorrer los Alpes franceses, en donde se concentra en todas las pretemporadas. “La clave de todo reside en horas y más horas de entrenamiento”, dice sin modestia.

Además, posee una impactante fortaleza mental, producto de su preparación, la experiencia y los 32 años que tiene. Estudia metro a metro cada etapa y prepara juiciosamente todas las competencias. Sabe cuándo atacar y dónde ser cuidadoso.

“No ganar el Tour sería una frustración. Después de haber luchado tanto, lo mínimo era estar en el lugar en el que estoy”, reconoce mientras alardea con un pañuelo autografiado que le mandó el español Miguel Induraín, su ídolo, con quien constantemente lo comparan.

Si no ocurre nada extradeportivo, Bradley Wiggins se convertirá mañana en el primer británico que gana el Tour, la carrera por etapas más importante del mundo. Y si los pronósticos se dan, no será el único, porque su coequipero y escolta en la clasificación general, Chris Froome, será muy pronto tan bueno o mejor que él.