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Una ‘Villarráfaga’ y listo

El zurdazo del defensa bogotano Ricardo Villarraga, que selló el triunfo 2-0  de Santa Fe  sobre América, fue tal vez la única diferencia entre los rojos el domingo en El Campín.

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Fabián M. Rozo Castiblanco
07 de febrero de 2010 - 09:37 p. m.
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El aplauso con el que la hinchada americana despidió a sus jugadores anoche fue apenas un premio de consolación, porque si bien el equipo de Cali no merecía el mayor del triunfo, al menos, por la vergüenza que mostró en Bogotá pudo haberse llevado un seco, léase empate.

Y lo tuvo en el último minuto del juego frente a Santa Fe, pero pudo más la ubicación del zaguero local Germán Centurión que la fortaleza en el remate de Edwin Aguilar, para que el paraguayo la sacara debajo del arco con sus extremidades. Entonces, mientras la mayoría de jugadores visitantes se tomaban la cabeza a dos manos, en la contra el local tuvo en la sapiencia de Ómar Pérez y la decisión de Ricardo Villarraga la fórmula exacta para liquidar el juego, que parecía destinado a la igualdad o al menos a una definición de infarto.

El 10 argentino, que había adelantado a los locales desde el punto blanco, por una mano de Bélmer Aguilar en el área, tan clara como su cabellera, vio pasar por su costado al lateral izquierdo y se la cedió en el momento exacto para que el bogotano enviara un obús que atravesó a Viera y apenas pudo detener la red.

Partido sentenciado y castigo de paso a la ineficacia visitante, porque ni Sergio Galván ni Carlos Preciado aportaron profundidad y los cambios en ataque resultaron peores, pues al ya reseñado Aguilar, se sumó la horrible noche que no cesó para Édinson Toloza, quien hizo recordar su paso por Santa Fe tras lucir rápido, pero aún más impreciso. Una versión desmejorada, en pocas palabras.

De ahí que el atacante chocoano fuera el único que la parcial escarlata, una vez más presente en masa en El Campín, reprobó en medio de silbidos, los cuales contrastaron con la primera ovación que recibía Villarraga al costado sur, lo cual le emocionó hasta tentar al llanto, pero las luces de las cámaras terminaron aplacando al capitalino, que reconoció sentirse “muy contento por haber marcado mi primer gol profesional y también por la jugada como tal, ya que la inicié y la pude concluir gracias al mejor volante creativo en Colombia, que es Ómar”.

De igual forma espera que su bautizo en el arco rival le “ayude a consolidar dentro del once, porque jugar en Santa Fe exige muchas cosas y creo que apenas estamos entrando en ritmo después de la pretemporada, pero los partidos nos lo van a ir dando”.

En ello coincidió su compañero de zaga Centurión, quien le da más presencia al fondo cardenal y sobre todo liderazgo, por lo que al paraguayo le tranquiliza saber que “cada vez me voy afianzando más con Carlos (Valdés), nos estamos acoplando muy bien, pero está claro que falta mejorar todavía mucho”.

Autocrítica necesaria la del guaraní, porque Santa Fe si bien evidencia menos desconcentraciones atrás con su presencia, en contención sigue otorgando ventajas con una línea de tres en la que Salazar luce desprotegido, la generación en la mitad no es la suficiente y los delanteros, los de antes y los que llegaron, nada que la meten.

Tal vez por eso el “Y dónde están, que no se ven…” con que los eufóricos hinchas albirrojos despidieron a sus pares del América, tuviese algo de mensaje subliminal hacia su propio equipo, porque la línea que más se reforzó fue la ofensiva y hasta ahora no produce, mientras los atacantes que emigraron (Yovanny Arrechea y Daniel Néculman) ya festejan en la Liga Postobón.

Por Fabián M. Rozo Castiblanco

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