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Unas por otras

Santa Fe tuvo que remontar el domingo ante Once Caldas en El Campín y su triunfo le permitió volver a los ocho clasificados del Clausura. Millos, que cayó en Pereira, salió del selecto grupo.

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Fabián M. Rozo Castiblanco
01 de noviembre de 2009 - 09:19 p. m.
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Dos jornadas atrás, Millonarios remontaba un 3-1 en el Atanasio Girardot para terminar imponiéndose 3-4 sobre Envigado. Semejante esfuerzo sería premiado de inmediato porque el empate de Santa Fe en El Campín con el Cúcuta devolvía a los albiazules a la zona de clasificación y de paso marginaba de la misma a sus eternos rivales.

Después los del ‘Chiqui’ defenderían con creces la permanencia entre los ocho, goleando al líder Medellín y ni siquiera el triunfo a domicilio de los cardenales sobre Nacional en Medellín llegó a ponerla en riesgo. Igual quedaba claro que al depender de sí mismos para seguir en el grupo de semifinalistas, estaba prohibida ventaja alguna, pero el domingo la dieron.

La caída de los embajadores en Pereira no sólo acercó al vencedor a las semifinales del Clausura, sino que le dejaba la puerta abierta a Santa Fe para que volviera a entrar y casi que los dirigidos por Germán González no encuentran la llave frente al Once Caldas en Bogotá, porque de nuevo tuvieron que redoblar esfuerzos ante la ventaja inicial ofrecida al rival.

Tal cual aconteciera contra Tolima o Cúcuta en el Nemesio, Santa Fe permitía que lo golpearan, primero gracias a un flagelo propio —léase error—, para reaccionar después. No había alcanzado ni con vinotintos ni con rojinegros y apenas un punto en cada juego había quedado de consuelo y el domingo parecía serlo de nuevo, porque el 0-1 que había decretado Sebastián Hernández al cierre de la inicial, era igualado a los 27 segundos del complemento por Julio Gutiérrez, quien luego se iría expulsado por responder a la agresión de un contrario.

Con un hombre menos, que parecían dos porque el goleador chileno —completó siete festejos— quedaba preso de su ira en el vestuario, la resignación tenía los mismos colores: rojo y blanco, pero si el domingo anterior se había superado a Nacional con fútbol, esta vez para conseguir el mismo 2-1 sobre el campeón colombiano se apeló a los arrestos.

Por eso, con la última dosis de voz que su garganta le dio, ‘Basílico’ rescató del angustioso e igualmente valioso triunfo “la fortaleza colectiva que mostró el equipo cuando más se necesitaba. Los muchachos fueron solidarios, remontaron con 10 jugadores y creo que ese esfuerzo hay que aplaudirlo y sobre él, trabajar para seguir mejorando”.

Esa misma invitación la hizo Yulián Anchico, quien de zurdazo —siendo derecho— dejó los tres puntos en la capital: “Otra vez un error propio por poco nos cuesta, pero demostramos de qué estamos hechos y ahora debemos aferrarnos a la clasificación y por eso a Pasto vamos por los tres puntos que nos la garantice”.

El volante cucuteño encontró por derecha el apoyo y la sociedad de Sergio Otálvaro, lateral de ese costado que de nuevo resultó vital para abrir el campo y a fe que de su pierna derecha nació el transitorio empate frente a “un rival complicado que no en vano es el campeón, así que esta victoria nos deja bien y en la pelea para las dos finales que nos restan”.

Esta vez alcanzó para remontar, como sucediera frente al Chicó por allá en la segunda fecha o contra Medellín en la quinta, pero además el triunfo trajo un bono adicional que fue el retorno a los ocho, grupo al que aspira a volver Millonarios, que deberá mostrar mucho más de lo exhibido el domingo en la capital risaraldense para alcanzarlo.

Equidad en casa y América en el Pascual son los jueces que les restan a los albiazules, mientras el calendario de Santa Fe le indica que primero debe visitar el estadio La Libertad de Pasto a puerta cerrada, para luego recibir al ya eliminado Cali en El Campín. Ambos todavía sueñan con la semifinal y si es con fútbol, mejor, pero en estos 180 minutos restantes se vale todo, hasta ese vigor que pega la camiseta a la piel a través del sudor. Garra, que llaman.

Por Fabián M. Rozo Castiblanco

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