Por: Hernán Peláez Restrepo

Ya pasó

No es de ahora. Lo que nos pasó con la selección de Colombia en la Copa América, cuando creemos estar transitando por el camino correcto y con suficientes avales para ganar un título, ya había ocurrido. Desfallecemos cuando más se necesita.

Perdimos en primer lugar por el desconocimiento de Carlos Queiroz, quien no dio pie con bola para diseñar un esquema para neutralizar a Chile. Lo más triste es, y espero que no sea verdad, la poca ilustración que tenía sobre la selección chilena. Porque todos sabemos quién es y cómo juega Arturo Vidal, quien administró el juego como ninguno para el beneficio de la Roja. Todos sabemos quiénes son Medel, Isla, Alexis, Vargas, Aránguiz, y cómo aplican sus condiciones para jugar. Porque con ese grupo, desde los días de Sampaoli como técnico, Chile ganaba.

Nadie, empezando por los asistentes, quienes pudieron seguir los partidos precedentes en esta misma Copa y tal vez no lo hicieron, le dio cartilla a Queiroz sobre estilo, fortalezas y debilidades de Chile.

La eliminación en cuartos de final sepulta detalles que vale resaltar, así sea como consuelo. No perdimos ninguno de los cuatro partidos, en el tiempo reglamentario. David Ospina fue uno de los pocos que sostuvieron impecable rendimiento. La defensa fue sólida y Duván Zapata anotó goles decisivos.

Perdimos, en segundo lugar, porque Queiroz se apegó a un esquema en el que siempre fue necesario disponer de tres volantes. Allí, Wílmar Barrios alcanzó la mejor calificación. Matheus Uribe no tanto y Juan Guillermo Cuadrado resultó inoperante. Él es buen jugador, aunque parecía incómodo en ese lugar, parecido pero no igual al que ocupa en Juventus.

Perdimos porque un jugador pase gol, James, iba y venía a lugares en los que no resultó provechoso para el equipo. Perdimos porque la pareja de delanteros, en el peor de los casos, debió ser la de Duván y si se quiere Falcao, más en gesto de respeto por su trayectoria y aporte a la historia de la selección.

Lo más grave, me pareció, fue ver a Queiroz con gestos paternalistas y respetables hacia James, cuando se requería de una actitud enérgica y motivadora para el equipo.

Me parece que Queiroz desconoció el valor y la entereza de jugadores ya grandes y ganadores, como Isla, Beausejour y compañeros. Se nota que nadie lo alertó, ni le advirtió, y de paso en los 15 minutos de intermedio no diseñó nada novedoso.

El VAR se portó divinamente con nosotros y quedamos fuera en una Copa América en la que el objetivo era al menos llegar a la final. Ya oiremos en el futuro inmediato qué aprendimos y fomentaremos una nueva ilusión. Las lunas de miel tienen límites. Ahora sí viene lo de verdad, con la eliminatoria a la vuelta de la esquina.

 

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