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Desde enero, cuando un infarto cerebral los separó para siempre, todo le recuerda a él, a su esposo, entrenador y el papá de su bebé, Juan Camilo, de tres años. Yolanda Caballero lo rememora, sobre todo, cuando corre, pues Luis Fernando Rozo había sido marchista durante 20 años y fue quien la convenció en 2008 de que regresara al atletismo, cuando ejercía como ingeniera catastral.
Durante su preparación para correr la maratón en los Olímpicos de Londres 2012, Yolanda Caballero ha pensado en tirar la toalla en varias ocasiones, pero es precisamente Rozo quien se lo impide. “Su imagen me lo prohíbe. A veces, cuando desfallezco, pienso en lo que me diría como entrenador y como pareja y sigo adelante”. Y añade: “El recuerdo de su muerte puede ser un arma de doble filo cuando compita en los Olímpicos: una motivación increíble o una carga emocional grande. Espero que él esté conmigo el día de la competencia”.
Esta bogotana de 33 años se sigue comunicando con su marido. “Él me ha hablado mucho en sueños, me confiesa cosas que luego verifico que son verdad. Me envía mensajes y yo sé que es él. La muerte de un ser querido es dura, pero aún siento que está conmigo”, confiesa.
Yolanda se retiró de las pistas por unos años, para estudiar su carrera en la Universidad Distrital y realizar una especialización en sistemas de información geográfica. Trabajó en el IDU, en Ingeominas, el IDRD y como consultora de empresas privadas. Cuando transcurría el ciclo olímpico para Pekín 2008, Luis Fernando le propuso que volviera a correr con disciplina después de tener al bebé.
Al principio, no fue rigurosa al entrenar. Se inclinó por el atletismo gracias a la medalla de bronce de Ximena Restrepo en 1992, y desde entonces decidió correr por diversión. “Sólo me valía de mi talento. Les ganaba a niños y niñas de mi colegio, pero prefería pasar bueno que entrenarme. Lo tomé en serio cuando me dejé convencer por Luis Fernando. Sólo ahí”, recuerda.
Mientras cogía forma, empezó entrenándose en los cinco mil y diez mil metros. Su primera maratón llegó el año pasado en Boston, Estados Unidos. Pero antes de viajar sufrió una fractura de cadera en una práctica y por eso obtuvo un tiempo de 2 horas, 26 minutos y 17 segundos. De regreso a Colombia le diagnosticaron la rotura. “Corrí con ese dolor sin saber qué tenía y no me revisé porque ya no había tiempo. No podía perder la preparación. Igualmente lo soporté”.
Su dolor en Londres 2012 será de alma, aunque espera transformarlo en motivación. Así piensa mejorar su marca y dar una sorpresa. Viajará el próximo 24 de julio y se preparará hasta el 5 de agosto, día de la gran carrera, en la que será una de las esperanzas de Latinoamérica. Ya ha buscado en internet el recorrido (42 kilómetros y 195 metros) y dice que será un circuito apto para alcanzar la máxima velocidad. “En maratón puede ganar un desconocido, por eso es duro hacer predicciones. El secreto está en la preparación. Y creo que voy por buen camino”. Espera, eso sí, recibir ayuda providencial.