Yuberjen Martínez, el hombre que le pide perdón a Dios luego de pegarle a su oponente

El antioqueño quiere estudiar ingeniería civil para cumplir más sueños.

Yuberjen Martínez tiene 25 años recién cumplidos. Es el tercero de seis hermanos, dos mujeres y cuatro hombres. Nació en una de las zonas de Colombia más afectadas por la violencia, Turbo (Antioquia), lo criaron en Chigorodó y vivió en Arboletes. Creció en una familia cristiana: su padre es pastor de una iglesia en la región y siempre les inculcó estos valores a sus hijos.

Su nombre no es común. Así lo quería su padre, Juan Evergo Martínez Rodríguez. Fue una idea que se le quedó en la cabeza desde que vivía en Apartadó, justo al frente de la casa de Juan Martínez Cuadrado, a quién buscaban unos sicarios para acabar con su vida. Sin embargo, una persona logró aclarar que asesinarían al hombre equivocado y desde ese susto decidió que sus hijos tendrían nombres diferentes para que nunca murieran por error: el primer varón fue registrado como Yuberjen Evergo Erney Martínez, un nombre que ya le ha traído alegrías a este país.

A su corta edad, Yuberjen ya ha trabajado en las bananeras, en un taller de bicicletas, vendiendo mangos y artesanías. La razón: su padre, que fue constructor, sufrió una lesión levantando un bloque y su cintura ya no es la misma. Y él, por ser el mayor de los hombres, decidió asumir la responsabilidad del hogar y ayudar con lo que pudiera para que sus padres y sus hermanos tuvieran bienestar.

“Desde que me mudé a Chigorodó comencé a trabajar en el taller Ciclo Máximo, de uno de sus compañeros: Javier. Me preguntó si yo sabía de mecánica, le dije que sí, pero la verdad es que yo no sabía nada. Empecé a hablar con él y se dio cuenta de que no sabía y me enseñó, hasta que pude hacer los trabajos solos”.

De su infancia recuerda las tardes después del colegio, jugando trompo, saltando lazo o molestando a su mamá. A los 12 años se dedicó al fútbol y con su gran sonrisa dice que era bueno como lateral. Tres años más tarde, en Arboletes descubrió el boxeo y con este al entrenador Antonio Mendoza. Para él era pura diversión. Entrenaba dos horas en las tardes, cuando salía del colegio. Hacía trabajo físico, golpeaba el saco, perfeccionaba su técnica y por supuesto aprendía a atacar y contraatacar. Pero con los días empezó a sentir algo diferente: se enamoró del deporte.

Es el único de la familia que se dedica al boxeo. Pero no siempre fue así: sus hermanos Darlinson, de 17 años, y Didier, de 23, lo practicaron con él. Sin embargo, no se apasionaron como él. Didier y Yuberjen entrenaban en la misma división, pero entre risas cuenta que siempre le ganaba a su hermano menor: “Era una pelea seria, con golpes buenos, pero con más respeto y cariño”. Y agrega: “Mi hermano siempre le contaba a mi mamá que yo le pegaba. Ella me regañaba, me decía que por qué le daba tan duro, pero la verdad es que a veces se me iba a la mano”.

El que golpea y reza empata

Al hablar de sus inicios en el deporte, la cara de Yuberjen cambia. Sus blancos dientes se esconden y prefiere mirar a otro lado, guarda silencio, toma impulso y señala: “Al principio fue muy duro. Mis padres son cristianos y no me permitían practicar este deporte. Me decían que era muy duro, que no era fácil para ellos ver que golpearan a su hijo”.

Fueron muchas peleas las que tuvo que dar en el cuadrilátero y en su casa para que su familia entendiera su pasión. Su padre el pastor siempre le habla de la palabra del Señor, le sugiere respetuosamente cómo hacer las cosas y lo aconseja para que pueda estar en paz con Dios y sus compañeros. Es más, luego de terminar cada pelea le pide perdón a Dios por haber golpeado a su oponente.

Este año ha sido de gloria para la familia Martínez. Viajó a Argentina y allí obtuvo su clasificación para Río 2016, un evento que está intacto en su mente. Recuerda los días en el comedor y la posibilidad de conocer a tantos deportistas de distintas nacionalidades. El viernes 12 de agosto aseguró la medalla de plata, pero él quería más y el domingo 14, cuando el uzbeko de 23 años Hasanboy Dusmatov le arrebató el oro experimentó una mezcla de sentimientos encontrados. “Yo quería llegar más lejos y no poder obtener esa presea dorada fue muy duro”, cuenta.

Mientras tanto, en su casa y en todo el Urabá antioqueño la felicidad rondaba. “Al principio, en la casa no me dijeron nada, sólo lloraban. Y llegar a mi pueblo fue maravilloso. Nunca me imaginé ver tanta gente esperándome en el aeropuerto”, rememora.

Hizo historia. En ese momento, el país conoció su nombre y descubrió que su gran anhelo era una casa, la misma que le había prometido a su mamá. Hoy, cuatro meses después, la casa que le prometió el Gobierno Nacional está en progreso y a principios de febrero de 2017 espera hacer la inauguración. Por ahora, su mamá guarda la medalla de Río 2016 como su gran tesoro. Luego de que la casa esté lista, Yuberjen sueña con conocer a su máximo referente en este oficio: Manny Pacquiao, además de estar lo suficientemente preparado para los Olímpicos de Tokio 2020. Y darle otra pelea más a la vida: “Quiero estudiar ingeniería civil para hacer más casas”.

 

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