Bogotá, cuna del poder sonoro colombiano

Un poco más cerca de las estrellas se han cocinado algunos de los más importantes colectivos nacionales. El Grupo Niche, Guayacán Orquesta y Aterciopelados, así como propuestas como Sidestepper, Ondatrópica y La BOA encontraron en la capital sus ecos iniciales y los primeros aplausos.

Catalina García es líder de Monsieur Periné, agrupación que mezcla el 'swing' y el jazz al estilo gitano en el disco 'Encanto Tropical'.Fotos: Daniel Álvarez.

A muchos kilómetros de distancia del perímetro urbano de la capital se empezaron a esbozar algunos de los sonidos característicos de Colombia, pero fue en Bogotá en donde se concretaron. La ciudad, que antes se mostraba en el cine y las novelas costumbristas como un monstruo devorador de ilusiones, desempeña en la música un rol principal y ha sido la escenografía perfecta para gestar una porción importante de manifestaciones sonoras que determinan el poderío de esta nación dentro de la industria artística de América Latina.

El frío no fue inspiración para la cumbia, el fandango, el porro o el vallenato. Tampoco parece ser vital dentro de la estructura de pasillos, bambucos y torbellinos. Y mucho menos su cotidianidad se ve reflejada en alabaos, currulaos y bundes, pero su relevancia está determinada por ser el piso sólido sobre el que comenzaron a desarrollarse ciertas iniciativas musicales que han marcado la pauta desde finales de la década de los 70 hasta nuestros días. 

Por los puertos del Caribe arribó una porción de los instrumentos que se emplean en las músicas colombianas. El río Magdalena fue el afluente principal, gracias al que se irrigaron sus alcances hasta el interior. Y Bogotá cobijó a los artistas y los colmó de vigor para que se lanzaran, de una vez, a la conquista de un estilo que tal vez les estaba rondando la cabeza varios años atrás.

La lejanía, por lo general, es inspiradora. Entre la nostalgia, el recuerdo y las esperanzas de volver se han forjado en propuestas musicales de todo tipo. La clave salsera se institucionalizó en la capital, como primer ámbito, con El Grupo Niche y con Guayacán Orquesta, un periplo que ha continuado con éxito La 33. En el rock, lo conseguido por La Derecha, 1.280 Almas, Aterciopelados y Las Pirañas, entre otros colectivos, se ha escrito en letras de molde y sus propuestas han escalado rápidamente, sin importar los obstáculos en el camino. 

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La voz de la samaria Liliana Saumet, de Bomba Estéreo, inmortalizó los hits: El alma y el cuerpo, To my love y Fuego.   

El panorama los complementan iniciativas como Sidestepper, Mojarra Eléctrica, Ondatrópica, Bomba Estéreo, Monsieur Periné, Mitú, Colombia All Stars, La Bogotá Afrobeat (La BOA) y Meridian Brothers, que dieron sus primeras puntadas en la ciudad de todos y de nadie, y que hoy, en muchos de sus casos, han tenido alcances más altos que los cerros que caracterizan a la urbe encapotada. 

El listado es extenso y en este relato, como es lógico, simplemente se hace el recuento de algunas de las historias. Como en toda selección, prima la arbitrariedad y se trata tan solo de un pequeño reconocimiento en papel a la labor escenográfica de una ciudad a la que, en materia de arte, por lo general, se le mira por encima del hombro.

El Grupo Niche se conformó en Bogotá, en 1979. Su fundador fue el chocoano Jairo Varela Martínez, en complicidad con su coterráneo Alexis Lozano. Los artistas crearon el colectivo, pero viajaron a Buenaventura para buscar inspiración en el Pacífico; y fue en 1983 cuando optaron por instalarse definitivamente en Cali.

Al igual que El Grupo Niche, Guayacán Orquesta comenzó a manifestarse  en 1983, luego de que el bajista y director Alexis Lozano, pieza fundamental en la corte de Varela, decidiera independizarse. Aquí se plantearon las intencionalidades de la agrupación, mientras que en el Valle del Cauca se consolidaron.  

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Claroscura es el último álbum de Aterciopelados, banda creada por Andrea Echeverri y Héctor Buitrago, en 1992. Foto: Pirry / Archivo Shock

Dos décadas después apareció La 33  en el espectro. Esta agrupación se inició en el 2001 como un sueño de amigos que querían hacer música. Al comienzo de este milenio se reunían para ensayar en una casa ubicada en el barrio Teusaquillo, precisamente en la calle 33. Los participantes, liderados por los hermanos Mejía, no tenían inclinaciones hacia el estilo latino, sus influencias había que explorarlas en géneros como el rock y el jazz.

Otra de las propuestas en las que se evidencia el marco concreto bogotano es Sidestepper.  El inglés Richard Blair llegó a Colombia en 1992, cuando desarrollaba una labor al lado de Totó La Momposina. En sus planes no estaba radicarse en Colombia. Pasados unos meses, decidió quedarse como productor de Carlos Vives, Aterciopelados y Estados Alterados. Por su contacto con estos artistas y gracias a su experiencia con sonidos urbanos, se creó la banda, un proyecto que planteaba la fusión de los ritmos de la salsa con el drum y el bass.

De las entrañas del British Council proviene Ondatrópica, que se puede resumir como un encargo que se le hace a Mario Galeano para que Colombia tuviera una representación en el River of Music. En Bogotá se dieron cita algunos de sus integrantes: Fruko, Aníbal Velásquez, Michi Sarmiento, Alfredito Linares, Pedro Ramayá Beltrán, Markitos Mikolta, Wilson Viveros, Rafael Benitez, Fredy Colorado, Pedro Ojeda, Nidia Góngora, Eblis Álvarez, Esteban Copete y José Miguel Vega, que importaron hasta la capital la esencia de sus sonidos. 

Por el lado del rock, Bogotá tampoco ha desentonado. De su ombligo urbano nacieron Aterciopelados, La Derecha, Pirañas y 1.280 Almas, para mencionar solo algunas de las iniciativas. Andrea Echeverri y Héctor Buitrago estuvieron en Delia y los Aminoácidos, entre 1988 y 1990. Dos años más tarde le dan vida al proyecto que los convirtió en personajes de culto en el ámbito iberoamericano. Otra unión célebre en la música la protagonizan Francisco Nieto, Josué Duarte, Juan Carlos Rivas, Carlos Olarte y Mario Duarte, cerebros de La Derecha, banda que, en 1993, graba en cuatro paredes muy cachacas las canciones Alice y Contra la pared. 

El inicio de 1.280 Almas se conjugó en el Colegio Inem de Kennedy, en donde sus integrantes escribían sobre temas políticos en el periódico de la institución. Luego de un tiempo se aburrieron de la solemnidad, hecho que los impulsó a hacer música. Su primer trabajo fue Háblame de horror, que salió en formato casete en 1993. Quince años después (2008), surgen Las Pirañas Amazónicas, grupo ahora conocido simplemente como Las Pirañas. La idea genuina era rendirle tributo a Aerosmith, pero la agrupación evolucionó hasta encontrar su propio estilo musical con el trabajo discográfico Surprise.

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1.280 Almas editó, en 1993, Háblame de horror, una obra clásica del rock nacional con temas como Soledad criminal y Los perros. 

Mojarra Eléctrica (2001), Bomba Estéreo (2006), Monsieur Periné (2007) y Mitú (2010) también hacen parte del abanico de posibilidades artísticas capaces de alimentar una concentración urbana como Bogotá. Desde las manifestaciones del Caribe, apropiadas con solvencia por Li Saumet y Simón Mejía, en Bomba Estéreo, pasando por los aires al mejor estilo gipsy de la corte de Catalina García, de Monsieur Periné, hasta los vientos melódicos de Jacobo Vélez, en la Mojarra Eléctrica y su proyecto actual de la Mamba Negra, corroboran el carácter versátil de esa dama con formas voluptusosas fundada en 1538.

Bogotá también fue la sede estratégica de una ilusión que nunca se vio reflejada en un formato de CD o de vinilo. Se llamó Colombia All Stars, un proyecto netamente urbano que reunió a algunos de los más destacados músicos de la salsa colombiana, a finales de los 70. Los cantantes Jimmy Salcedo, Joe Madrid, Willy Salcedo, Joe Arroyo, Juan Piña, Piper Pimienta Díez, Wilson Saoco, Jairo Licazale y el respaldo de Julio Ernesto Estrada (Fruko) integraron esta nómina de lujo, cuyas expectativas fueron mayores a la realidad.  

En contraste a la Colombia All Stars está La Bogotá Orquesta Afrobeat (La BOA), que desde el 2013 sigue trabajando en la onda musical. Aunque sus interpretaciones están inspiradas en el Caribe  y sus ancestros habría que explorarlos en Nigeria, Estados Unidos y Cuba, esta agrupación lleva impregnada a la ciudad incluso en el nombre. 

Algo similar sucede con Eblis Álvarez, quien fundó a los Meridian Brothers (1998). Se trató de una iniciativa como solista y su música se basó en el rock latino mezclado con instrumentos alternativos y medios electrónicos. En ese mismo año se incorporó la banda Ensamble Polifónico Vallenato, y es así como se introducen ritmos de la música colombiana de los años sesenta y setenta.

El listado de proyectos artísticos arropados bajo la inmensa sombrilla es casi tan amplio y generoso como la capital misma, que ha visto cómo desfilan aires, géneros, instrumentos, solistas y agrupaciones por sus calles, mientras ella sigue siendo objeto de amores y odios. En términos musicales, Bogotá tiene su propia clave y hace música con altura, a más de 2.600 metros sobre el nivel del mar. 

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Karen Rojas Gaitán y Juan Carlos Piedrahíta B.

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