"Respeto a las personas que no quieren tener un hijo", Mónica Diago

Las tareas domésticas y la crianza se reparten por partes iguales entre mujeres y hombres. Ser mamá en tiempos feministas.

Foto: Daniel Álvarez

“No soy una evangelizadora de la maternidad, es respetable que haya mujeres que no quieran tener esta responsabilidad. Cuando una amiga me dice ‘yo no voy a ser mamá’, procuro evitar una respuesta disuasoria, pues ser no es para todas.

“Me he encontrado con discursos apocalípticos que señalan que traer un hijo va en contra de la salud del planeta. Creo, más
bien, que podemos educar hijos que trabajen por solucionar tanto daño que hemos hecho. Estoy convencida de que uno puede
transmitir los valores que quiere y considera apropiados. Mi hijo se ha adaptado bien a nuestras rutinas. Está cultivando su alma de guerrero. Solo tiene ocho meses y ya me lo he llevado sola de viaje, me ha acompañado a trabajar, es como si entendiera lo que yo necesito de él.

“Juan Sebastián, su papá, asume su responsabilidad al 100%. En casa nos repartimos en partes iguales las labores. Cuando
estoy con el niño, él se encarga de los oficios domésticos o viceversa. Claro, esta división de roles no fue una acción natural e inmediata. Tuvimos que hacer pactos, dialogar, asimilar el cambio de vida con sus altos y bajos. Un bebé no solo requiere atención y cuidados,hay que estar ahí para cuando nos necesite, darle amor y, en lo posible, buen ejemplo.

“Alguna vez alguien me preguntó si llegué a tener miedo de estar con una pareja que se convirtiera en un papá ausente. Recuerdo que le respondí que no había sentido ese miedo. Antes había visto a Juan con sus mascotas, me parecía muy bonito el trato que les daba. Cuando estás a cargo de otro ser, empiezas a comprender la dimensión de la responsabilidad. Nunca había visto que un hombre tuviera una relación tan estrecha con un perro y un gato, por eso antes de tener a Daniel, ya
sabía que no sería un padre ausente. 

"En la labor de criar un hijo he tenido que dejar a un lado muchas cosas que antes hacían parte de mi cotidianidad,  especialmente las relacionadas con el entretenimiento. Pero por el tipo de mamá que quiero ser, no me ha costado hacer sacrificios. Ahora, por ejemplo, soy más productiva porque necesito que me rinda el tiempo en la oficina para poder estar con Daniel. Quiero jugarle, enseñarle cosas, cargarlo… siento un amor que me motiva y me llena por completo. Es una suerte de enamoramiento que deja como un recuerdo muy lejano mi vida sin él”.

 

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