¿Se puede aprender a amar?

Nadie está diseñado física y psicológicamente para aprender a querer maltratadores, violadores o abusadores.

Ilustración: Éder Leandro Rodríguez.

Ángela Vicario en Crónica de una muerte anunciada, confiesa que le preocupa casarse con un tipo que no quiere. “También el amor se aprende”, le responde su mamá. Con la contundencia de sus palabras, la señora le explica  que  el matrimonio es una transacción para las mujeres, que una “niña” de familia pobre no puede oponerse a la unión salvadora con un hombre adinerado. Deben resignarse, permanecer, estar disponible o aprender a querer.

Por fortuna, ya no vivimos en los tiempos de Ángela Vicario. Los matrimonios duran menos porque las mujeres hemos ido aprendiendo, después de luchas sangrientas y desgastantes, que no estamos obligadas a soportar cualquier tipo de violencia en nombre de la tradición o la familia. Nadie puede aprender a querer maltratadores, violadores o abusadores, ni siquiera hombres aburridores o malos polvos. A todos hay que dejarlos.

Pero es difícil. Las enseñanzas históricas pesan. La idea de la resistencia, la de soportar para querer, nos sigue involucrando en relaciones tóxicas que descomponen y duelen. "El amor se aprende”es una expresión manida que, lamentablemente, tiene el poder de reciclarse: hoy suena a rehabilitar gamines. 

Ese proceso de rehabilitación es desgastante y hostil para quien acompaña. Tiene un riesgo alto de fracaso. Aún así, se espera que el hombre aprenda todo eso que hace bien: tocar, escuchar, respetar espacios. Hasta que alcancen  juntos el amor soñado.

La verdad es que al amor es mejor llegar aprendidos. Sin duda, hay cosas que se pueden construir en el camino, pero las bases deberían venir en el paquete de conocimiento previo. Debería gustarnos lo que vemos en presente y no las promesas del futuro. No se trata de encontrar al ser humano perfecto, pero tampoco nos podemos equivocar tolerando la violencia, no nos podemos equivocar con la falta de respeto, no nos podemos equivocar con los celos posesivos. 

Se trata, más bien, de no jugar al aguante: que esa idea del “aprendizaje” no se convierta en sinónimo de aceptar lo que no nos gusta, porque si el amor no es para aliviar la vida y pasarla rico, mejor enterrarlo.

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Mariangela Urbina Castilla

Cromos

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