¿De qué se trata el sexo kosher?

Descubrí que mi doctrina guarda los mejores secretos de la sexualidad desde hace 5.779 años. Esta sabiduría ancestral se encuentra escrita en la Torá, el libro más sagrado del judaísmo, en donde se describe detalladamente cómo una pareja debe consumar su amor.

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Dejemos algo claro: la idea de mezclar sexo con religión nunca ha sonado muy atractiva. Vengo de un hogar judío: abuelos sobrevivientes del holocausto, padres que iban todos los viernes a la sinagoga y primeros novios circuncisos. 

Mientras la moral católica castiga la lujuria, descubrí que mi doctrina guarda los mejores secretos de la sexualidad desde hace 5.779 años. Esta sabiduría ancestral se encuentra escrita en la Torá, el libro más sagrado del judaísmo, en donde se describe detalladamente cómo una pareja debe consumar su amor. Para los sabios este pequeño acto puede cambiar al mundo y ofrece una nueva posibilidad de apreciar la vida.

El rabino Manis Friedman, consejero matrimonial, publicó un texto avalado por Bob Dylan llamado The Joy of Intimacy: A Soulful Guide to Love, Sexuality & Marriage, en donde explica el excitante mundo del sexo desde esta óptica. Después de leerlo concluí algo: los judíos somos más liberales que muchas otras culturas monoteístas del siglo XXI.

Mi búsqueda no se detuvo. Llegué al documental La llave perdida, de Ricardo Adler, en donde matrimonios ortodoxos confiesan cómo sin esfuerzo alcanzan el clímax. Esa noche no pude dormir, saqué el cuaderno y empecé a extraer los tips cabalísticos más importantes, que dejo aquí por si una mente inquieta como la mía los quiere poner en práctica:

La escena del crimen: 

Mantener la privacidad. Proteger el cuarto del resto de las energías de la casa es fundamental para iniciar cualquier relación íntima. Los expertos recomiendan sacar cualquier elemento que pueda desviar la atención de la pareja. 

Con o sin medias:

Durante la relación sexual no está permitido usar ropa. La acción principal está enfocada en dar y recibir y no puede haber nada que se interponga. 

Con la luz apagada no se ve: 

El judaísmo entiende la magia de la oscuridad como un paso hacia la imaginación. Esto significa que uno no debe sentirse distraído por lo que ve. Incluso puede haber luz en el cuarto mientras la fuente de excitación no provenga únicamente del físico de la pareja. Los rabinos describen el tacto como un medio para descubrir al otro. Hay que dirigir los pensamientos y sentimientos exclusivamente a la persona con la que estamos  y tener claro que se habla primero de alcanzar la felicidad para después obtener el placer.

Calentamiento y toqueteo: 

En los momentos previos se permite todo lo que la pareja desee probar, siempre y cuando eso no se conviertan en lo más importante del acto sexual. El camino no es la meta.

Adentro o afuera:

En cuanto a la eyaculación hay una cosa que no puedes hacer: perder el esperma. El hombre debe hacerlo adentro, dirigiendo el semen al útero, incluso si no hay chance de quedar en embarazo. 

Existe en los estudios cabalísticos un principio fundamental que se bifurca en los conceptos: giver (hombre) y receiver (mujer). Si dos personas están dando, sólo están intercambiando cosas. Si las dos están recibiendo, tampoco pasa nada. En cambio, cuando alguien que “da” se une a alguien que “recibe”, pueden convertirse en un solo ser. 

El judaísmo explica que el acto de recibir significa “abarcar a alguien más en tu existencia”, así que la mujer está lejos de percibirse como el sexo débil. De hecho, su papel es más complejo y poderoso que el del hombre. La intimidad se logra cuando juntos, cada uno como giver y receiver, llegan al éxtasis. 

Protegidos o desprevenidos 

Hoy las autoridades religiosas interpretan que los métodos anticonceptivos son útiles y válidos al momento de la acción. Pero no cualquier tipo de métodos. De los orales, mecánicos y químicos el judaísmo permite utilizar aquellos que no intervengan físicamente en el acto. Bonus: una sociedad que niega al útero es una sociedad que no respeta a la mujer.

***

El punto es que esa noche, además de no dormir y de anotar los tips, lo probé. Habíamos visto con mi pareja durante dos horas un documental sobre sexo. Permití que él acabara dentro de mí e hice mi máximo esfuerzo por concentrarme, por pensar que los dos éramos uno. Estaba lista para llegar a mi punto más alto, únicamente recibiendo… lo que vivimos no fue exactamente una experiencia religiosa, así que prefiero expresarme con pocos detalles y remitirme a la conclusión: yo soy giver y mi pareja es receiver, pero esa ya es otra historia.
 

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2018-11-17T20:44:00-05:00

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Redacción Cromos

Cromos

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