Candidatos a la Alcaldía de Bogotá: ¿Qué proponen para proteger el medio ambiente?

hace 1 hora
Por: Luis I. Sandoval M.

DLP: para que la Constitución no sea papel mojado…

El concurrido y entusiasta encuentro del lunes 17 de junio en el Centro Cultural García Márquez, la carta dirigida a Luis Almagro con ocasión de la Asamblea de la OEA en Medellín que trata de la implementación deficitaria del Acuerdo de Paz (otros pronunciamientos suscritos por centenares de ciudadanos y ciudadanas se hicieron antes), la recolección de firmas en apoyo a las circunscripciones especiales, las acciones en el país y en el exterior por la vida de los líderes sociales y excombatientes guerrilleros, la incesante e incidente actividad en defensa del Acuerdo de Paz por parte de un gran bloque multipartidario en Cámara y Senado, las expresiones literarias, culturales y artísticas referidas al conflicto y la paz, el debate y estímulo permanente a través del chat de DLP, la multiplicidad de iniciativas que surgen a diario, todo ello indica que en el país se está gestando una nueva y esperanzadora expresión del movimiento social de paz.

“¡Los movimientos sociales no entran como la vedette en el escenario!”, dijo alguna vez Alain Tourain en Chile, pero esta vez sí que lo está haciendo de manera notoria y sorprendente esta nueva ola de acción ciudadana colectiva por la paz en Colombia. Una elemental capacidad de asombro no puede dejar de registrar el florecimiento espléndido de una inédita, inmensa, decidida confluencia social, política y cultural por una paz que signifique cambios reales en la vida cotidiana y cambios importantes en regiones azotadas largamente por la violencia política y en estructuras anacrónicas del mundo rural y urbano del país. En medio de un complejo y contradictorio proceso, está ocurriendo lo que tantas veces se ha afirmado como teoría y convertido algunas veces en realidad por los hechos: ¡los armados pactan la paz, la sociedad la construye!

Lo que arrancó como principio de solución frente al problema de las objeciones presidenciales a la JEP está asumiendo con el correr de los días, a través de la acción, el intercambio y la reflexión, el sentido de un potente movimiento por la paz como proyecto de país. Cada día se dimensiona mejor el reto de la paz y la respuesta amplia, integral, holística, que debe darse a él.

Humberto de la Calle no se cansa de explicar que la paz, en el fondo, consiste en la realización cabal y concreta del Estado social de derecho, ello por cuanto los críticos implacables y opositores de la paz política lo que buscan es, precisamente, afectar, mediante reformas regresivas, la existencia misma de ese Estado social de derecho que es el alma de la Constitución de 1991.

El pacto social y político contenido en la Carta al que han ingresado, haciendo importantes aportes, los antiguos insurgentes de las Farc-Ep y al que se espera ingresen sin más dilación quienes aún no lo han hecho, constituye un verdadero acuerdo sobre lo fundamental, camino inobjetable de paz, como reiteradamente se ha planteado en esta columna y en otros calificados espacios. El pacto fundante constitucional es necesario ratificarlo, compartirlo, apuntalarlo, con miras a hacerlo realidad. Urgente es que la Constitución no siga siendo papel mojado en este primordial asunto.

La paz es un proyecto de vida y de país, interiorizado en la conciencia colectiva y realizado en la práctica ciudadana cotidiana. La paz, el bien público supremo de una sociedad, es resultado de relaciones sociales que se expresan y desenvuelven en instituciones sólidamente democráticas. La paz es la expresión máxima de un país reconciliado que vive intensamente el tránsito de relaciones depredadoras a relaciones estéticas mediante la epifanía de la cultura de la vida, el buen vivir y la convivencia en la pluralidad y la diferencia.

De la Constitución del 91 se ha dicho que la “nueva república no tiene sujeto” (Castellanos, 1992). Catastrófico sería que ahora se dijera lo mismo de la paz. Verdad de Perogrullo es que no hay proyecto sin sujeto, ni sujeto sin proyecto. Paz de verdad supone democracia de verdad. Paz y democracia son indisociables. La una es la vía de la otra. En varios trabajos he afirmado y en la práctica de varias décadas me he guiado por la convicción de que si queremos la paz tenem os que revolucionar la política.

¿Tiene que ver DLP con este requerimiento histórico estructural del régimen de orden y violencia que ha signado la vida del país durante 200 años de vida independiente? ¿Si no es la nueva edición del movimiento de paz que representa DLP, quién asumirá la paz como un proyecto de país, como realización del pacto constitucional? ¿Habrá que soportar interminables años de “arcadia regresiva” (Caetano, 2019) para que después, un lejano y tardío después, venga por fin un régimen de libertades, garantías y sensibilidad social? El país no se merece semejante destino.

 

DLP muestra una enorme potencialidad. Su camino apenas comienza. Explicable y saludable que en el chat del movimiento se expresen muy diversas opiniones sobre su misión central y su quehacer prioritario. Abundan las propuestas de parlamentarios, líderes sociales, culturales y eclesiales, excomandantes guerrilleros, columnistas, acerca del quehacer presente y futuro del movimiento. Todas y todos, los defensores y constructores de paz, mujeres y hombres, en este afortunado espacio, hemos ido descubriendo y afirmando, desde comienzos de año, una vocación de permanencia y de compromiso con el cambio.

Cogidos de la mano iremos lejos. Quizá la confluencia llegue a ser coalescencia, esto es, calificada coalición. Construir la paz requiere ser gobierno, vale decir, pasar de empujar el carro de la paz a conducirlo, pasar de resistencia a ser opción.

Si se acepta que la paz no es un abalorio sino un proyecto de país, elemental es preguntarse con quiénes, cómo, en qué condiciones puede realizarse ese proyecto de país o Arcadia Democrática. Materia a la cual bien vale la pena buscarle oportunidad para una reflexión en profundidad (diálogo virtual, encuentro, simposio…), pero ello sin detrimento de avanzar en la movilización que revierta condiciones adversas a la paz como el incesante exterminio de líderes sociales.

Justo DLP acaba de convocar una gran acción colectiva en plazas y calles del país y del exterior para el 26 de julio próximo en demanda de garantías para la vida de líderes sociales y excombatientes guerrilleros. Contundente tiene que ser esta acción frente al estado de cosas inconstitucional generalizado que afronta el país al momento de un nuevo aniversario de la Carta. Movimiento que se dinamiza a través de la deliberación, la movilización, la cultura y el voto, es, sin duda ninguna, movimiento con futuro. ¡Para que la Constitución no sea papel mojado!

@luisisandoval, [email protected]

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