Aprender de la experiencia

Luego de seis meses de aparición del coronavirus, se dispone de amplia información sobre el cumplimiento de las proyecciones y el efecto de las políticas adoptadas para detenerlo. Varios centros de estudio, con amplia experiencia mundial en la elaboración de teorías matemáticas y su aplicación, han planteado dudas sobre el manejo de la ecuación (curva) epidemiológica por parte de los expertos.

La primera duda surge con respecto al aplanamiento de la curva. El artificio pretendía bajar el grado máximo de contagios a cambio de elevar el ritmo de crecimiento (tasa de contagio). En Colombia se encuentra que en los últimos quince días tanto el grado como la tasa de crecimiento del virus aumentaron.

La hipótesis central es que estamos ante un virus en que cada contagiado infecta a tres personas y requiere que el 60 % de la población lo adquiera para que se genere la inmunidad que lo extinga. En las proyecciones del Instituto Nacional de Salud se estimaba que a estas alturas tendríamos cuatro millones de contaminados. Los hechos a lo largo y ancho del mundo muestran que el virus no tiene la capacidad de generar esos infectados. El modelo epidemiológico, que está representado por una relación matemática, que se presenta en múltiples áreas de la ciencia, revela fallas de interpretación y aplicación. Se consideraba que el sistema se llevaría por delante la capacidad de los hospitales y pondría al borde de la muerte a una alta proporción de la población. Por fortuna, la realidad va atrás de las proyecciones apocalípticas.

La evidencia muestra que no es posible llegar a la contaminación que genere la inmunidad y baje la curva. Como se ha visto en Colombia y en muchos países, no es necesario llegar a ese grado de contaminación. El grado máximo de contaminación se puede alcanzar mucho antes. Así, en oportunidades anteriores mostré cómo Colombia está cerca con una tasa de crecimiento de los contagiados, que incluye a los recuperados, cercana al 2 %. En un mes el país debe entrar en un estado de estabilización del virus en que cada día el número de contagiados es menor al de los días anteriores. El virus se mantiene, pero siempre más debilitado. De allí en adelante el país tendrá que aprender a vivir por un tiempo con un virus que crece por debajo de la economía y a un ritmo cada vez menor hasta desaparecer.

La inviabilidad de la cuarentena dejó al Gobierno sin medios de acción. Ante una confinación que pone la producción por debajo de la demanda y provoca en dos semanas la caída del 15 % de empleo, el presidente Duque procedió a desmontarlaafanosamente. Lo que se ganó cuando se aplicó la medida se perderá en los próximos días.

Se ha llegado a un punto en que el confinamiento no afecta mayormente la contaminación y resquebraja la economía. De hecho, se plantea acudir a otros procedimientos selectivos de salud pública, como la separación de los enfermos, para conciliar los dos frentes. La reactivación no es factible sin un marco de proyecciones comprensibles de la pandemia sustentadas en la revisión de la ecuación epidemiológica. Los agentes económicos no procederán a enganchar la mano de obra mientras no conozcan a ciencia cierta cuándo se alcanzará la contaminación máxima.

La información recolectada durante la epidemia y los nuevos avances científicos contribuyen a aclarar el panorama. No es cierto que la curva epidemiológica logre el máximo contagio cuando la tasa de contaminación es igual a cero. La estabilización del sistema se consigue cuando el aumento de los contagios es inferior al del día anterior. El país está cercano a la máxima contaminación y de su reducción por la pérdida de fuerza del virus, y es crucial que se hagan efectivos en el presente mes.

 

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