Santos y cafeteros centran acciones en un Acuerdo de Prosperidad Cafetera

"Hemos hablado de una contribución cafetera que podría ser del 5% del precio internacional, que tenga un tope máximo cuando éste llegue a un dólar con cincuenta centavos", dijo.

Para lograr esta meta, para esos cientos de miles de familias cafeteras, concertamos las prioridades de lo que será la política cafetera para el quinquenio 2010-2015, con los siguientes seis objetivos esenciales, anunci´´o el Presidente Santos en el marco de la celebración de los 50 años de Juan valdez.

Primero: Crear prosperidad democrática en el campo.

La caficultura, sin duda, es una actividad agrícola muy idónea para ayudarnos en las metas de reducir la pobreza, de generar empleo formal, y de consolidar alternativas para que las familias desplazadas retornen a sus parcelas.

¿Por qué lo es? Porque es una actividad de pequeños productores, con plantaciones en su mayoría menores a 5 hectáreas, y las ayudas se irrigan así a una gran cantidad de población de forma inmediata.

Porque se lleva a cabo en 588 municipios -¡más de la mitad de los municipios del país!- en 20 departamentos.

Y porque alrededor del café se ha construido un tejido social y una institucionalidad sólida que respalda a los cafeteros con mecanismos de apoyo y asistencia que aseguran el efecto multiplicador de cualquier ayuda del gobierno.

Por eso, a través del respaldo a los caficultores, estaremos avanzando exponencialmente en nuestra meta de crear prosperidad en el campo.

Nuestro segundo objetivo es el de consolidar la caficultura como una locomotora que jalone el crecimiento de todo el agro colombiano.

Éste es un momento propicio para apostar por un aumento de la producción cafetera nacional que genere mayores ingresos, calidad de vida y bienestar a más familias cafeteras.

Tenemos que seguir siendo el primer productor de café suave del mundo, y aprovechar la estrechez de la oferta frente a la creciente demanda, así como el reconocimiento del que goza nuestro grano, gracias a nuestra campaña de Juan Valdez.

Continuaremos incrementando la competitividad de nuestra caficultura, haciendo énfasis en el valor agregado y la diferenciación de nuestro producto, lo que se refleja en mayores precios y mayores ingresos.

La falta de flexibilidad del mercado frente a la demanda mundial de café es la que tiene, para nuestra fortuna, el precio del café tocando los 2.50 dólares la libra, cuando hace 10 años se pagaba a 90 centavos.

Para lograr este aumento en la producción y la competitividad, se seguirán diversas líneas de acción, como las siguientes:

- Apoyaremos la ampliación de los programas de renovación de la Federación, como el ‘Programa Permanencia, Sostenibilidad y Futuro' para la renovación de cultivos envejecidos y con baja productividad, y el "Programa de Competitividad" que fomenta el mantenimiento de los cafetales tecnificados en estado óptimo de producción.

Podemos llegar a intervenir, en los próximos cinco años, hasta 300 mil hectáreas de cafetales envejecidos, así como 70 mil hectáreas de cafetales tecnificados por año, con incentivos para la fertilización y con recursos del Incentivo a la Asistencia Técnica.

- Seguiremos adelante con la estrategia de valor agregado puesta en marcha por la Federación en 2002, de acuerdo con las tendencias mundiales, para mejorar la calidad de nuestro café y generar mayor valor agregado al caficultor.

Hoy por hoy, el 35 por ciento del café que exportamos tiene valor agregado, y esperamos aumentar cada vez más esta participación.

- Se buscará aumentar la cobertura del Contrato de Protección de Precio, que hoy abarca hasta el 50 por ciento de la cosecha cafetera, para que se asegure un precio mínimo por carga para todo el café que se produce en el país.

- Igualmente, nos pusimos la ambiciosa, pero posible, meta de aumentar el área sembrada de café en por lo menos 200 mil hectáreas para superar el millón de hectáreas cafeteras en nuestro territorio.

Esto se puede hacer incrementando el área cultivada de café en las fincas cafeteras, que hoy es de menos de una tercera parte en promedio, y utilizando el café en programas de desarrollo alternativo en zonas que estuvieron afectadas por presencia de grupos armados ilegales.

Hay un potencial de 330 mil hectáreas en los departamentos cafeteros y el piedemonte llanero para hacer del café uno de los productos de la consolidación de la paz y la seguridad en muchas veredas del país.

El tercer objetivo del Acuerdo es el de erradicar la pobreza dentro de la población cafetera.

Dentro de la meta de incrementar 200 mil hectáreas de área cultivada de café, fomentaremos el establecimiento de cultivos en fincas de al menos cinco hectáreas, de las cuales tres deben estar sembradas de café.

De esta forma las familias productoras podrían asegurarse un ingreso neto, deducidos los costos de mantenimiento del cultivo, que fuera en promedio de 2.6 salarios mínimos mensuales, garantizando una vida digna por fuera de la pobreza.

Con las 200 mil nuevas hectáreas cultivadas estaríamos hablando de por lo menos 80 mil empleos directos y 160 mil empleos indirectos nuevos.

También supondría el retorno de por lo menos 20 mil familias desplazadas para que cultiven 60 mil hectáreas nuevas de café.

Nuestro compromiso, el del Gobierno y el de la Federación y el Comité Nacional de Cafeteros, es con los campesinos más pobres, porque sólo reduciendo la pobreza y la inequidad nuestro país podrá despegar hacia un futuro de prosperidad.

Un cuarto objetivo es la formalización del empleo de los empresarios cafeteros.

Dijimos en la campaña que queríamos que en cada familia colombiana hubiera por lo menos una persona con empleo formal, es decir, con las prestaciones y beneficios de ley.

Vamos a facilitar mecanismos para que el caficultor formalice su situación laboral como trabajador de su propia finca, y entre así al sistema contributivo de seguridad social.

Son cerca de 300 mil productores los que podrán incorporarse a esta solución.

Como un quinto objetivo del Acuerdo nos fijamos la mejora de la competitividad de la caficultura colombiana.

Cuando hablamos de competitividad, hablamos de mejores vías; de educación y formación para el trabajo; de más investigación y desarrollo.

Dentro del proyecto Caminos de Prosperidad para el mantenimiento de la red vial terciaria, cuyo objetivo, en su primera fase, es cubrir 127 mil kilómetros de vías terciarias, se promoverá el empleo de los mismos cafeteros como ejecutores de las obras que les conciernen.

También trabajaremos en la adopción de la metodología ‘Escuela y Café' que prepare a las nuevas generaciones para tomar el relevo de sus padres en la labor caficultora, y en la creación de la Universidad del Café para la formación técnica de cafeteros.

Además, potenciaremos las alianzas de Cenicafé con universidades nacionales o extranjeras o con organismos multilaterales, y usaremos parte del 10 por ciento de las regalías que se destinarán a ciencia y tecnología para que se adelanten investigaciones en temas como biodiversidad, cambio climático y genoma del café.

Finalmente, el sexto objetivo del Acuerdo es el de fortalecer las finanzas del Fondo Nacional del Café.

Para ello revisaremos la contribución cafetera para que su valor sea establecido en función del precio internacional del café, de forma que sirva para cubrir las necesidades de los cafeteros.

Bajo el esquema general que hemos propuesto en el gobierno de ahorrar en las vacas gordas para prevenir situaciones de vacas flacas, hemos hablado de una contribución cafetera que podría ser del 5% del precio internacional, que tenga un tope máximo cuando éste llegue a un dólar con cincuenta centavos.

Por encima de este monto, los recursos adicionales recaudados se destinarían a la constitución de un fondo de estabilización para enfrentar los ciclos de precios bajos en el futuro.

Queridos amigos cafeteros:

Éste es, en breve, el Acuerdo por la Prosperidad Cafetera que mi gobierno se propone adelantar con ustedes para asegurar un sector cafetero próspero, con trabajo y sin pobreza.

Si el café, nuestro producto insignia, llevó a Colombia a la modernidad a comienzos del siglo XX, será también el café el que nos ayude a crear prosperidad social en el campo, comenzando por las mismas familias cafeteras.

Juan Valdez nos enseñó que es posible soñar en grande y llevar el buen nombre de Colombia a todo el mundo.

Juan Valdez nos enseñó a sentirnos orgullosos de nuestra patria, de nuestra tierra, de nuestros productos y nuestra cultura.

Juan Valdez nos enseñó -y cito sus palabras, doctor Luis Genaro- que ‘nada de lo que es posible nos queda grande a los colombianos'.

Hoy, en sus 50 años, quiero felicitar muy efusivamente a la Federación; a los publicistas que lo crearon y lo mantienen vigente; a Carlos Sánchez y a Carlos Castañeda, que lo han caracterizado con tanta altura, y a todos los cafeteros, por el aniversario de este símbolo entrañable de nuestro país.

Unidos, los cafeteros de Colombia y el Gobierno nacional, vamos a construir trabajo, trabajo y más trabajo.

Unidos vamos a construir prosperidad social para cientos de miles de familias de nuestro país rural.

Unidos vamos a hacer realidad un campo colombiano donde cada campesino, ¡cada campesino!, sea un próspero Juan Valdez.

 

 

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