A buscar el capital

La crisis ha paralizado el financiamiento en todo el mundo, pero en América Latina aún se encuentra algo de liquidez.

César Durán, gerente de Tesorería de Factoring Corporativo, recuerda con nerviosismo la semana en que el mercado se quedó sin dinero. Los emisores de deuda venían operando relativamente bien en México, resistiendo en buena forma el torbellino financiero internacional. Pero todo cambió súbitamente cuando el gigante minorista Comerci admitió que no podía pagar sus deudas, generando de inmediato una aguda crisis de confianza, y por ende de liquidez. "Muchos salieron a buscar rollovers totalmente aterrados, pero no había forma de conseguir financiamiento", dice el ejecutivo de la firma de factoraje, que se dedica a comprar a descuento las facturas por cobrar de otras compañías. "Si no se hacía algo rápido, todo se hubiera venido abajo. Los emisores con financiamiento a corto plazo hubiéramos tenido que salir a pagar. Y al no tener cómo conseguir dinero, hubiéramos entrado en default, una detrás de la otra, y así nos hubiésemos caídos todos en una cadenita".

Para suerte del empresariado azteca, las autoridades y las propias empresas actuaron con rapidez. Las primeras implementaron un programa de garantías que resucitó parcialmente las colocaciones de deuda, y las segundas tomaron medidas para capitalizarse ellas mismas. Estas acciones son emblemáticas de la manera en que algunos países de la región están encontrando sus propias respuestas a la crisis, respuestas que aunque limitadas no están presentes en otras partes del mundo.

Y las respuestas han sido distintas. En algunos países, como México, la ayuda del gobierno ha permitido mantener con vida los mercados de emisiones de deuda de corto o mediano plazo, por lo menos para financiar las operaciones de día a día. En otros mercados, el cierre de las fuentes internacionales de financiamiento ha resultado en una explosión en las emisiones de bonos corporativos o deuda a mediano plazo, una solución que, lamentablemente, sólo está disponible para las empresas más grandes y con un historial reconocido por el mercado. Para las pymes no alcanza.?Es sumamente oportuno que la región esté encontrando sus propios medios, ya que para todo propósito práctico de las empresas la taquilla extranjera está cerrada. Según datos del Instituto de Finanzas Internacionales (IIF), los flujos de capitales privados hacia las economías emergentes tienen previsto descender este año a US$ 165.000 millones, lo que representa una escalofriante caída de 82% frente a los US$ 929.000 millones con que cerró en 2007.

Para América Latina el flujo caería en un 75% en el mismo período, obteniendo sólo US$ 43.100 millones desde los US$ 183.600 millones que obtuvo en 2007 y los US$ 89.000 millones de 2008. "Esto es una repercusión directa de la crisis financiera", dice Frederick Jaspersen, director del Departamento para América Latina del IIF. "Los prestamistas no están prestando y esto está impactando no sólo en financiamiento, sino también en el volumen de inversiones extranjeras directas, porque las compañías trasnacionales se están viendo obligadas a recortar el gasto, trasladándose de esa manera desde su epicentro en Estados Unidos a los países emergentes."

En otras palabras, el dinero no está fluyendo. "La mejor manera de describir esto es que estamos atravesando por una aversión mundial al riesgo, y es una aversión que se dirige hacia los mercados de capitales de América Latina, hacia los mercados crediticios, hacia la banca, en momentos en que el crédito se está contrayendo en todo el mundo", dice Jaspersen.

Una paralización prolongada de los sistemas financieros podría acentuar severamente el impacto de lo que desde ya se vislumbra será una temible crisis económica mundial. El financiamiento es uno de los pilares sobre los que descansa la economía mundial, ya que otorga importantes recursos que son usados en la construcción de infraestructura, capacitación, agilización del intercambio comercial o simplemente para hacer negocios. Su perfeccionamiento a lo largo de los años es visto como uno de los motores detrás del crecimiento sostenido de las naciones y su ausencia, como una de las principales razones de la pobreza y el subdesarrollo.

La aversión mundial al riesgo que mencionaba Jaspersen ha reducido a un mínimo las fuentes de financiamiento disponibles para las empresas latinoamericanas, reduciendo el apetito de los inversiones por los papeles de las compañías. En México, por ejemplo, la volatilidad de la crisis literalmente le quitó el piso al mercado local de certificados bursátiles, uno de los instrumentos de deuda más populares en ese país, luego que Comercial Mexicana (Comerci) anunciara a inicios de octubre que las fuertes pérdidas que había sufrido a raíz de las malas apuestas que había realizado con derivados cambiarios no le permitiría cumplir con sus obligaciones.

El default ahuyentó de un solo golpe a los inversionistas, poniendo en riesgo la supervivencia de cientos de compañías que preveían cubrir sus necesidades de financiamiento a corto, mediano y largo plazo a través de las emisiones de certificados en la bolsa mexicana. Fue ahí donde las autoridades mexicanas entraron en acción, preparando un programa de emergencia para asumir parte del riesgo del mercado al garantizar a través de la estatal Nacional Financiera hasta un 50% de las emisiones en caso de un incumplimiento. El plan de emergencia tuvo éxito en resucitar al mercado, pero éste no funciona actualmente en su totalidad. Los inversionistas sólo tienen apetito para emisiones de muy corto plazo, de uno o dos meses como máximo, y exigen el pago de una alta prima de riesgo, equivalente a 400 puntos base sobre la tasa de referencia. Para papeles de más larga duración, los emisores no encuentran compradores.

En Brasil, la crisis de confianza ha dejado una profunda huella en las operaciones de los mercados de capitales, reduciendo significativamente el apetito de los inversionistas por las emisiones de deuda. Eso dicho, el mercado cuenta con una demanda más sólida que la que tiene México, y brinda suficiente respaldo para las emisiones de mediano plazo. "Todavía hay espacio para el financiamiento en Brasil, pero con volúmenes más bajos, términos más duros y tasas más altas", dice Atila Noaldo, director de mercado de capitales de Banif Securities. "El mercado accionario está muy quieto. El mercado de deuda sigue trabajando con algunas restricciones, pero sigue adelante".

Los términos de las emisiones han permanecido más o menos dentro de los parámetros de hace un año, y los spreads han repuntado ligeramente, pero la volatilidad de los mercados se está viendo reflejada en un recorte de los plazos. Aún es posible colocar en el mercado emisiones con vencimiento de cinco años, pero la preferencia es por papeles de más corta duración, de entre tres y cuatro años para instrumentos de renta fija.

Bancos que no prestan

Aun así, las emisiones son consideradas como una buena opción de financiamiento en América Latina en momentos en que los bancos nacionales se han vuelto mucho más selectivos a la hora de aprobar sus créditos, endureciendo sus términos considerablemente y exigiendo más requisitos para otorgar los créditos. Ejecutivos de la industria dicen que los bancos por lo general están concentrándose en atender las necesidades de sus mejores clientes, cerrándole el acceso al financiamiento al resto de los solicitantes. La situación es incluso peor si la empresa intenta conseguir financiamiento de un banco extranjero, y ni se hable de la posibilidad de lanzar una emisión en el exterior.

"El mercado de bonos (de Europa y Estados Unidos) está prácticamente paralizado", dice Roldan Trujillo, director general de CIFI USA, institución financiera dedicada a fondear proyectos pequeños y medianos de infraestructura en América Latina. "En algunos mercados locales sí, a muy corto plazo, generalmente, pero internacionalmente el mercado de bonos está prácticamente cerrado para la mayoría de los proyectos".

Trujillo explica que esto pone en peligro la cantidad de financiamiento disponible para obras de infraestructura. Y en cuanto a la posibilidad de que éstas obtengan fondos de organismos multilaterales como el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional, el ejecutivo dice que la disponibilidad de estos fondos es muy limitada. "Todos están acudiendo a las multilaterales para su financiamiento. Las multilaterales tienen como principal prioridad el financiamiento de los sectores públicos, quienes también están siendo afectados por la crisis y que son sus accionistas. Es un dilema para ellos, una elección muy dura entre tratar de acomodar buenos proyectos de desarrollo y atender los requerimientos de los gobiernos. Todo esto es una situación muy difícil y el tiempo que dure va a definir el tiempo que permanezca estancado el desarrollo en la región".

Pero varios de los países de la región, principalmente aquellos que han adoptado políticas fiscales prudentes, podrían ver una crisis más corta que la que vería el primer mundo. "Independientemente de la duración de la corrección en EE.UU., a varios países de América Latina les tomaría menos tiempo para estabilizarse", dice Thomas McDonald, director Jefe de Estrategias del fondo de capital de riesgo Equity International. Entre estos está Brasil, país cuyos prospectos a largo plazo son más atractivos, para el ejecutivo, que países como China, India y Rusia. "Lo que está pasando en EE.UU. es una corrección al sobreendeudamiento, y los países latinoamericanos no están sobreendeudados, así que responderían con mayor rapidez a las tendencias positivas".

Esto es importante porque un buen número de fondos de capital de riesgo especializados en América Latina tienen algo de liquidez a su disposición que eventualmente podría ser canalizada en el financiamiento de proyectos empresariales en la región. Estos recursos, que podrían sumar entre los US$ 1.000 millones y los US$ 3.000 millones, consistiría en las inversiones que fondos soberanos y fondos de pensiones habrían colocado en los fondos de capital de riesgo y que no fueron gastados durante los períodos de auge.

No obstante, los fondos no sienten ningún apuro en gastar ese dinero. "Los gerentes no van a invertir si no ven las condiciones correctas", dice Cate Ambrose, presidenta del Latin American Venture Capital Association. "Aun cuando hay compañías que necesitan el capital, y entre éstas hay algunas que son potenciales candidatos para invertir en ellas, hay serios problemas en este momento concernientes a las valoraciones de las compañías, además de las incertidumbres de los mercados, que son factores que están frenando este tipo de iniciativas".

Dinero bajo el colchón

Para suerte de algunos países latinoamericanos, la crisis los agarra con los bolsillos repletos de dinero, a diferencia de otras regiones emergentes como África y Europa del Este, donde las restricciones en el suministro de créditos de las multilaterales, el virtual congelamiento de los mercados de bonos, la caída de la inversión extranjera directa e incluso la aterrada fuga de los capitales golondrina están teniendo repercusiones mucho más graves.

"Históricamente América Latina ha estado mal colocada para hacerles frente a shocks externos de los mercados de capitales", dice un informe publicado recientemente por el IIF sobre los flujos de capitales hacia las economías emergentes. Pero en esta ocasión, algunos países de la región "parecen estar bien posicionados para enfrentar las dificultades mundiales, debido en gran medida a su prudencia durante el auge de crédito posterior a 2002". Uno de los logros que diferencian a América Latina de otras regiones es su bajo nivel de endeudamiento en moneda extranjera.

Son pocos los países latinoamericanos que cuentan con una posición financiera más holgada que Chile. El financiamiento en el país recibió un fuerte sacudón en el último trimestre del año pasado con la aversión al riesgo generalizado propiciado por los problemas de la banca estadounidense y el colapso de gigantes financieros como AIG y Lehman Brothers. "Pasamos un tiempo casi sin ningún tipo de colocaciones", dice Sebastián Cereceda, gerente de finanzas corporativas del banco de inversión chileno LarrainVial. "Pero luego comenzamos a ver un explosivo despertar del mercado y se produjo un número ilimitado de colocaciones al punto de que en enero registramos un récord histórico de US$ 1.300 millones".

El nuevo despertar de las emisiones chilenas provino como una solución para las compañías ante las dificultades en obtener créditos. "Las compañías se han encontrado con bancos tremendamente limitados, tremendamente restringidos en la capacidad de otorgar dinero, y han recurrido a los mecanismos alternativos, y que no son solamente a nivel de bonos corporativos, sino también a nivel de efecto de comercio (papeles comerciales)".

Además de México, Brasil y Chile, otros países donde los empresarios están consiguiendo financiamiento incluyen a Perú y Colombia, pero un escenario muy diferente se está presentando en países con mercados menos desarrollados, especialmente aquellos que carecen de una activa participación de los fondos de pensiones, que en el caso chileno, por ejemplo, está entre los principales compradores de la deuda corporativa.

Entre éstos figura Argentina, país cuyo gobierno decidió recientemente nacionalizar los fondos de pensiones locales, acción que le restó profundidad al mercado. "El volumen de operaciones diarias ha bajado dramáticamente, porque no existe la presencia que antes tenían a diario los fondos de pensiones privados", dice Pablo Vergara, socio de la firma de abogados Zang, Bergel y Viñes, que asesora a varias de las mayores emisoras de papeles en Argentina. El gobierno ha declarado que pretende volcar esos fondos hacia el mercado, pero hasta ahora eso no ha ocurrido.

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