¿Barcos menos contaminantes? Se puede, pero el comercio global asumirá el costo

Una medida para reducir el impacto ambiental de la industria naviera podría significar una desaceleración, literal y figurada, para el comercio mundial.

Bloomberg

La nueva regulación sobre combustibles para la industria naviera bien podría ayudar a reducir las emisiones y la contaminación de este sector, pero, a la vez, encarecerá el negocio. Esto, de paso, podría significar una desaceleración para el comercio mundial, según analistas.

En abril de este año, una amplia mayoría de países (173) respaldó las medidas propuestas por la Organización Marítima Internacional (OMI, adscrita a la ONU) de reducir en 50 % las emisiones del sector para 2050, en comparación con lo registrado en 2008. Sólo hubo oposición de Estados Unidos, Rusia y Arabia Saudita. 

Este es un acuerdo clave por dos razones, principalmente. La primera es que la industria naviera y marítima estuvo por fuera del Acuerdo de París de 2015 (el documento que guía cómo se combate globalmente las emisiones de gases de efecto invernadero). Y, la segunda, porque este sector es uno de los más contaminantes en el mundo: si fuera un país, sería el sexto contribuyente en emisiones.

Por lo general, los buques contenedores utilizan una versión de diesel pesado, un combustible que no sólo resulta muy contaminante, sino barato.

Uno de los mayores cambios en el acuerdo impulsado por la OMI tiene que ver con la disminución de azufre en este combustible, una norma que debe entrar en efecto en 2020. Esta reducción ayudaría a frenar asuntos como la lluvia ácida, que tiene duros efectos sobre todo tipo de especies marítimas y en tierra.

En otras ocasiones, previas al consenso logrado este año, la OMI también ha impulsado la adopción de estándares energéticos más estrictos para los buques, al menos en papel. A pesar de que hay una norma de 2012 al respecto, la mayoría de barcos construidos entre 2013 y 2017 supera los límites planteados en la iniciativa.

De acuerdo con cálculos de Goldman Sachs, entre otras firmas de análisis financiero, la reducción de azufre en los combustibles tendría un impacto de entre US$40.000 y US$60.000 millones para las empresas de transporte marítimo.

Una de las consecuencias directas de estas imposiciones es que los barcos simplemente podrían desacelerar para conservar combustible, según dijo Brian Gallagher, de Euronav NV, en declaraciones a Bloomberg: la reducción de la velocidad, o navegación lenta, "formará parte del arsenal de opciones que nosotros, como armadores, tendremos a nuestra disposición. Va a depender mucho de cuáles sean los costos y cuál sea el entorno cuando lleguemos a 2020”.

Lo dicho por Gallagher puede ser una dura advertencia, si se tiene en cuenta que Euronav NV es una de las principales compañías de transporte marítimo de petróleo. A esto habría que sumarle que, según estimados de la misma OMI, 90 % del comercio mundial se mueve por los mares, lo que implica que una desaceleración en las operaciones de la industria podría significar mayores tiempos y, desde ahí, una cascada de demoras logísticas.

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En suma, lo que podría subir prontamente es el costo de los fletes marítimos y esto impactaría el comercio mundial negativamente, más aún en tiempos de guerra comercial entre las principales economías del mundo gracias a las acciones del presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

“Habrá propietarios de barcos que ordenarán a sus capitanes bajar la velocidad, y si todos lo hacen, el suministro global disminuirá mucho”, le dijo John Kartsonas a Bloomberg; Kartsonas es un analista en la firma Breakwave Advisors, que administra capitales de la industria naviera.

 

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