Desembolsos de préstamos para consumo sumaron $30 billones
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Demanda y créditos crecen: ¿debemos preocuparnos?

El consumo de los hogares fue sin duda uno de los motores del crecimiento económico de 2019. Sin embargo, estos factores se han ido expandiendo al tiempo que lo ha hecho el nivel de deuda de los colombianos.

Será importante observar si las condiciones macroeconómicas del país garantizarán los pagos de las deudas en el tiempo. / Getty Images.

En principio, una buena noticia para la macroeconomía colombiana en 2019 fue el repunte de la demanda interna, que para septiembre de 2019 alcanzó un crecimiento del 4,8 % anual, según el Banco de la República. Este dato es positivo si se compara, por ejemplo, con las cifras de septiembre de 2016, cuando el crecimiento de la demanda fue prácticamente nulo. (Lee también: ¿Cómo será el consumo en 2020 en Colombia?)

Si se tiene en cuenta que la expansión actual del PIB es del 3,3 %, se puede ver que, claramente, la demanda hoy está por encima de la variación del producto real de la economía y que el consumo de los hogares ha cumplido un papel fuerte en esta reactivación.

Es en este punto en donde aparece una primera inquietud: el consumo está aumentando, pero la sorpresa de 2019 fue que la cifra de desempleo también lo está haciendo. Según datos del DANE, la tasa de desempleo en Colombia para el trimestre móvil de agosto a octubre de 2018 se encontraba en 9,2 %, mientras que para 2019 en el mismo período alcanzó un 10,3 %.

En las ecuaciones básicas de la macroeconomía estándar, el ingreso disponible de los hogares desempeña un papel fundamental en el consumo. Y, en principio, ese ingreso está altamente correlacionado con el nivel del empleo. Entonces, emerge una pregunta obvia: ¿de dónde están saliendo los flujos para gasto de consumo de los hogares colombianos si los datos de la oficina estadística del país muestran que hay menos trabajo?

Una primera variable, en la que han insistido algunos analistas, tiene que ver con las remesas: de la mano del proceso de devaluación del peso colombiano en los últimos cuatro años, muchos nacionales residentes en el exterior han aprovechado para enviar sus ahorros en moneda extranjera al país. Este proceso creció en 2019, cuando la TRM del dólar alcanzó niveles superiores a los $3.500; se calcula que las remesas superan los $22 billones.

El caso de las remesas puede merecer un análisis mucho más profundo, pues siempre se plantean las inquietudes respecto a los flujos provenientes del narcotráfico. Sin embargo, ante la ausencia de datos detallados de la actividad sería entrar en un terreno pantanoso.

Una segunda variable que influyó en el aumento de la demanda en 2019 tiene que ver con el aumento del crédito de consumo, que para julio de 2018 tenía una variación anual del 8 %, pero para julio de 2019 ya estaba por encima del 12 %.

Y es que el comportamiento de los desembolsos de crédito de consumo y tarjeta alcanzaron niveles acumulados de cerca de $30 billones (junio, 2019), una cifra nada despreciable si se tiene en cuenta que para junio de 2017 esta cifra rondaba los $22 billones. Esta dinámica de mayor crédito en cierta medida se puede explicar por la caída de la tasa de interés en el último año, puesto que hacia 2016, ante los elevados niveles de precios, el Banco de la República llevó la tasa de referencia a niveles muy altos, que terminaron afectando el crecimiento, el crédito y la demanda.

Hoy el escenario de relajamiento de la tasa el crédito de consumo explica una buena parte del total del endeudamiento de los hogares colombianos, pues a 2019, y según datos del Banrep, de $100 de deuda de un hogar colombiano, alrededor de $66 son créditos de consumo y el resto está en cartera hipotecaria.

Teniendo estos datos en mente, las alegrías que ha traído el repunte de la demanda interna no pueden ser leídas como signos de una recuperación completa de la economía colombiana, pues el desempleo crece, la cuenta corriente está en un alto nivel de déficit y el crecimiento en sectores intensivos en mano de obra, como la industria y la construcción, es pobre. A esto se le suma que el índice de confianza del consumidor de Fedesarrollo sigue en terreno negativo y en octubre de 2019 se ubicó en -9,8 %.

Surgen entonces más cuestionamientos que requieren mayores niveles de investigación, pero la pregunta clave es si el patrón de crecimiento de la economía es sostenible.

Hay que poner atención al exceso de optimismo, pues el problema no es solo que el crédito apalanque la demanda, sino, más bien, si las condiciones macroeconómicas del país garantizarán los pagos de las deudas en el tiempo.

En definitiva, se trata de analizar si, como sucede en enero, no se trata de una alegría temporal que da paso a una gran resaca.

* Profesor de la Escuela de Economía de la Universidad Nacional de Colombia.

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Diego Guevara* / @diegoguevaro

Economía

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